Nos equivocamos sobre el ayuno: una revisión masiva desmonta la idea de que afecta a la mente
Una de las mayores revisiones científicas realizadas hasta ahora concluye que el ayuno no perjudica la memoria ni la concentración en adultos sanos. El impacto, sin embargo, sí aparece en niños y adolescentes.

Nos equivocamos sobre el ayuno
Una creencia muy extendida asegura que saltarse comidas afecta directamente al rendimiento mental: peor concentración, más irritabilidad, menos claridad y una notable caída de la productividad. Sin embargo, una nueva revisión científica de gran escala sugiere que esta idea no se sostiene en adultos sanos.
La investigación, que analizó 71 estudios publicados desde 1958 hasta 2025, concluye que el ayuno intermitente y la alimentación restringida no deterioran la memoria, la atención ni la función ejecutiva en este grupo de población.
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Por qué el ayuno no afecta al cerebro como creíamos
El cuerpo humano cuenta con un mecanismo de respaldo energético que se activa cuando pasan varias horas sin ingerir alimentos. Tras agotar las reservas de glucosa, el organismo comienza a descomponer grasa y producir cuerpos cetónicos, una fuente alternativa de energía para el cerebro.
Este proceso (que en su día resultó clave para sobrevivir a épocas de escasez) parece mantener la función cognitiva estable incluso sin un aporte constante de comida. Los investigadores señalan que esta transición metabólica puede tardar entre 12 y 18 horas, y que el cerebro se adapta mejor de lo que se pensaba.
Cuándo sí puede afectar el ayuno
La revisión muestra excepciones importantes. Niños y adolescentes sí experimentan una caída en su rendimiento cuando se saltan comidas, especialmente por la mañana. Su cerebro aún está en desarrollo y es más sensible a la variación energética, por lo que el desayuno sigue siendo crucial en etapas escolares.
También se observó que el momento del día influye: el rendimiento puede reducirse ligeramente al final de la tarde, cuando coincide el ayuno prolongado con la bajada natural del ritmo circadiano.
Además, cuando se presentan estímulos relacionados con comida, el hambre distrae más fácilmente. El problema no es la concentración en general, sino la atención capturada por el deseo de comer.