El gen del pelo rojo podría explicar por qué algunas heridas no cicatrizan nunca, según un nuevo estudio
Esta vía inflamatoria alterada abre una posibilidad real de tratamientos en crema para úlceras crónicas

El gen del pelo rojo
El gen responsable del pelo rojo y la piel clara, conocido como MC1R, podría tener un papel decisivo en la falta de cicatrización de muchas heridas crónicas. Una investigación reciente demuestra que cuando esta vía se altera, la inflamación permanece activa durante meses, impidiendo que la piel avance hacia la fase de reparación. Al activar MC1R de forma controlada, los científicos consiguieron que heridas persistentes volvieran a cerrarse.
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Noel Rodilla
Una molécula clave que va más allá del color del pelo
MC1R es conocido por determinar el pigmento de la piel, pero está presente en muchos tipos de células: queratinocitos, fibroblastos, células inmunitarias y células de los vasos sanguíneos. Esta amplia distribución explica por qué influye tanto en la respuesta inflamatoria como en la regeneración.
El equipo analizó tres tipos de heridas crónicas en humanos (úlceras del pie diabético, venosas y por presión) y encontró un patrón común: MC1R y su molécula asociada POMC estaban desequilibradas. Esa alteración impedía que la inflamación se apagara, manteniendo las heridas abiertas durante meses y haciendo que el tejido nunca entrara en la fase de reparación.
Modelos experimentales que replican el problema
Para demostrar el impacto real de MC1R, los investigadores trabajaron con ratones que portaban una versión no funcional del gen. Estos animales desarrollaban heridas mucho más lentas de cerrar y mostraban una acumulación excesiva de células inflamatorias, además de abundantes “trampas extracelulares de neutrófilos”, unas redes pegajosas de ADN que perpetúan la inflamación.
El equipo también desarrolló un nuevo modelo de úlceras de curación lenta para imitar las heridas humanas. En ese contexto, podían probar posibles tratamientos y medir su efecto sobre el tejido, los vasos sanguíneos y los marcadores inflamatorios de forma más precisa.
Activar MC1R podría transformar el tratamiento
La parte más relevante del estudio llegó al aplicar un fármaco tópico que activaba específicamente MC1R. Las úlceras comenzaron a cerrar, generaron menos exudado y desarrollaron mayor densidad de vasos sanguíneos, lo que mejoraba la llegada de oxígeno y nutrientes al lecho de la herida.
Además, se redujo drásticamente la presencia de trampas de neutrófilos y bajó la entrada de células inflamatorias, permitiendo que la piel iniciara por fin los procesos de regeneración. Incluso en piel sana, activar MC1R mejoró el flujo sanguíneo, el drenaje linfático y redujo las cicatrices, lo que indica que esta vía tiene un papel fundamental más allá de las heridas crónicas.
Una vía terapéutica prometedora para millones de pacientes
Las úlceras crónicas afectan a millones de personas y son responsables de un enorme coste sanitario. Se relacionan con diabetes, mala circulación, obesidad y envejecimiento, y su tratamiento actual suele limitarse a controlar síntomas sin resolver la causa.
Identificar que el desequilibrio de MC1R bloquea la resolución de la inflamación abre una oportunidad real para desarrollar cremas o geles que los pacientes puedan aplicarse en casa. Aunque se necesita más investigación, este enfoque podría aliviar el dolor, reducir amputaciones y disminuir la carga asistencial de una de las dolencias más persistentes y frustrantes de la medicina moderna.