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Hacer terapia es clave, pero este hábito semanal reduce la depresión casi al mismo nivel, según la ciencia

Una revisión de 73 estudios con casi 5.000 adultos confirma que no hacerlo es perder una herramienta terapéutica real

El ejercicio en una etapa clave

El ejercicio en una etapa claveGetty Images

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La depresión afecta a más de 280 millones de personas en todo el mundo y sigue tratándose, en muchos casos, solo desde el despacho del psicólogo o con medicación. Sin embargo, la evidencia científica lleva años señalando que hay un hábito básico, accesible y barato que reduce los síntomas de forma comparable a la terapia psicológica en muchos pacientes.

No sustituye al tratamiento profesional, pero ignorarlo es renunciar a una mejora clara del estado de ánimo.

Evidencia sólida

Una revisión sistemática publicada por Cochrane ha analizado 73 ensayos clínicos aleatorizados con casi 5.000 adultos diagnosticados de depresión. El trabajo, liderado por investigadores de la Universidad de Lancashire, comparó el efecto de este hábito frente a no recibir tratamiento, frente a psicoterapia y frente a fármacos antidepresivos.

El resultado es claro: produce una reducción moderada de los síntomas depresivos, similar a la obtenida con terapia psicológica semanal. Frente a los antidepresivos, el efecto también es comparable, aunque con menor volumen de evidencia.

Qué funciona mejor

No todo vale igual. El análisis detecta que la intensidad leve o moderada es más eficaz que el ejercicio intenso, que puede generar abandono y fatiga. Los mejores resultados se observan en programas mixtos que combinan movimiento general y entrenamiento de fuerza, por encima del ejercicio aeróbico aislado.

No hay una disciplina única ganadora, pero sí un patrón claro: constancia, carga moderada y sostenibilidad en el tiempo.

Límites claros

Los propios autores advierten de algo importante: no funciona igual para todo el mundo. No hubo seguimiento a largo plazo, por lo que no se puede asegurar que el efecto se mantenga sin continuidad. Además, aunque los efectos secundarios son bajos, existen lesiones leves asociadas a la práctica física, frente a los efectos digestivos y de cansancio observados con la medicación.

La conclusión es directa: el ejercicio no sustituye a la terapia, pero no incorporarlo al tratamiento es una oportunidad perdida. Funciona para muchas personas, tiene un coste mínimo y mejora tanto la salud mental como la física.

Ignorarlo no es prudencia. Es desaprovechar una herramienta terapéutica que ya está demostrada.

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