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Retracciones en la palma de las manos: enfermedad de Dupuytren

Enfermedad de Dupuytren

Enfermedad de Dupuytren

La enfermedad de Dupuytren es un trastorno benigno que afecta a la palma de la mano y puede dificultar progresivamente la extensión de uno o varios dedos, interfiriendo de manera importante con actividades cotidianas como coger objetos, escribir, ponerse un guante o introducir la mano en un bolsillo. Su evolución suele ser lenta, indolora y, durante años, puede pasar prácticamente desapercibida.

Esta enfermedad recibe su nombre del cirujano francés Guillaume Dupuytren, quien describió detalladamente el trastorno en el siglo XIX. Hoy conocemos mejor sus causas, su evolución y las pocas alternativas de tratamiento disponibles.

La enfermedad afecta a una estructura denominada fascia palmar, una capa de tejido conectivo situada justo debajo de la piel de la palma de la mano. En condiciones normales, esta fascia proporciona soporte y estabilidad a la mano. Sin embargo, en las personas afectadas, se produce una alteración en el comportamiento de las células que forman este tejido. Estas células generan un exceso de colágeno, y forman primero pequeños nódulos en la palma de la mano, que evolucionan a cordones fibrosos. El dedo típicamente más afectado suele ser el cuarto, seguido por el quinto y el tercero, luego el pulgar, siendo el menos afectado el segundo dedo.

Con el paso del tiempo, esos cordones fibrosos se contraen lentamente y traccionan de los dedos hacia la palma de la mano. El resultado es una contractura permanente que limita la capacidad para estirar completamente los dedos.

Uno de los aspectos más llamativos de esta enfermedad es que normalmente no produce dolor. Muchas personas descubren el problema al notar un pequeño bulto duro en la palma o al comprobar que ya no pueden apoyar completamente la mano sobre una superficie plana. Este sencillo gesto constituye una prueba orientativa utilizada con frecuencia en la práctica clínica para valorar la presencia de una contractura significativa.

La causa exacta de la enfermedad de Dupuytren aún no se conoce por completo, aunque sabemos que existe una importante influencia genética. Es mucho más frecuente en personas de ascendencia del norte de Europa, motivo por el que en ocasiones se la ha denominado la enfermedad de los vikingos. No obstante, puede aparecer en cualquier grupo étnico.

Además del componente hereditario, se han identificado diversos factores asociados a un mayor riesgo. La edad es uno de los principales, ya que la enfermedad suele aparecer a partir de los 50 años. También es más frecuente en hombres que en mujeres y puede presentarse en ambas manos, aunque no siempre con la misma intensidad.

Diversos estudios han encontrado una asociación entre la enfermedad de Dupuytren y la diabetes, el consumo elevado de alcohol, el tabaquismo, el consumo de ciertos fármacos y algunas enfermedades neurológicas. Sin embargo, estas relaciones no implican necesariamente que sean la causa directa del trastorno. Durante años también se pensó que los trabajos manuales intensos eran responsables de su aparición, pero la evidencia científica actual indica que, aunque los traumatismos repetidos podrían influir en algunos casos, no constituyen el origen principal de la enfermedad. La enfermedad se relaciona además con la fibromatosis plantar (presentación similar en la planta de los pies) y la enfermedad de Peyronie, trastorno fibroproliferativo del pene. La coexistencia de varios procesos de este tipo, se conoce como diátesis fibromatosa.

El diagnóstico suele realizarse mediante la exploración física, evaluando la presencia de nódulos, cordones y el grado de flexión permanente de los dedos. Habitualmente no son necesarias pruebas de imagen como radiografías o resonancias magnéticas, ya que el problema afecta a los tejidos blandos y presenta características clínicas muy reconocibles.

La evolución es muy variable. Algunas personas presentan únicamente pequeños nódulos que permanecen estables durante años sin ocasionar limitaciones importantes. En otras, la contractura progresa lentamente hasta impedir actividades habituales. Actualmente no existe una forma fiable de predecir qué pacientes desarrollarán una evolución más rápida.

El tratamiento depende del grado de afectación y de las limitaciones funcionales. Cuando la enfermedad es leve y no dificulta las actividades diarias, suele recomendarse únicamente observación periódica. En esta fase, los ejercicios o las férulas no han demostrado de forma consistente que puedan detener la progresión de la enfermedad, aunque pueden ayudar a mantener la movilidad tras algunos tratamientos.

Cuando la contractura alcanza un grado significativo, las opciones terapéuticas consisten en la liberación percutánea mediante aguja, una técnica mínimamente invasiva en la que se seccionan los cordones fibrosos a través de pequeñas punciones, y en los casos más avanzados, la cirugía es el tratamiento de referencia. El procedimiento más habitual consiste en extirpar parcial o totalmente la fascia afectada para permitir que los dedos recuperen su extensión. Tras la intervención suele ser necesario realizar rehabilitación para optimizar la movilidad y reducir la rigidez.

Es importante señalar que ningún tratamiento elimina por completo la predisposición a desarrollar nuevamente la enfermedad y las recurrencias son relativamente frecuentes, especialmente en personas jóvenes, en quienes presentan afectación de ambas manos o en aquellos con una fuerte carga genética. Es por ello que la intervención quirúrgica debe reservarse para aquellos en los que exista una implicación negativa sobre la calidad de vida.

En los últimos años, la investigación ha avanzado notablemente en el conocimiento de los mecanismos biológicos responsables de la fibrosis característica de la enfermedad de Dupuytren. Determinadas moléculas implicadas en la cicatrización, la inflamación y la comunicación entre células favorecen la formación de tejido fibroso. Su conocimiento facilitará el desarrollo de tratamientos dirigidos a frenar la enfermedad antes de que aparezca una contractura irreversible.

En definitiva, la enfermedad de Dupuytren representa un ejemplo de cómo una alteración localizada del tejido conectivo puede afectar de manera significativa a la función de la mano. Aunque su progresión suele ser lenta y no compromete la salud general, un diagnóstico precoz y un seguimiento adecuado permiten identificar el momento más apropiado para intervenir con el objetivo de preservar la movilidad de la mano y mantener una buena calidad de vida.

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