La revolución de los cuentos en la UCI y dormir también es medicina

FONENDO

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En una época en la que parece que cualquier problema tiene que resolverse con una aplicación, un algoritmo o una pantalla táctil, resulta casi revolucionario que un hospital apueste por algo tan aparentemente sencillo como un cuento. Sí, un libro de papel, con páginas que se pasan con los dedos y palabras que alguien lee en voz alta. Casi arqueología tecnológica.

Sin embargo, el Hospital Universitari Dexeus de Barcelona acaba de demostrar que, en ocasiones, los avances más importantes no son los más sofisticados. La creación de la “Biblioteca dels Somnis” en su área de cuidados intensivos pediátricos y neonatales no es un simple rincón de lectura; es una declaración de principios sobre cómo debería entenderse la sanidad del siglo XXI.

Porque detrás de los respiradores, monitores y equipos de alta complejidad hay bebés prematuros, niños asustados y padres que sienten que han aterrizado en un planeta desconocido. Y es precisamente ahí donde un cuento puede hacer algo que ninguna máquina consigue: devolver un poco de normalidad.

La ciencia, además, parece empeñada en darle la razón a los libros. Diversos estudios han demostrado que escuchar la voz de los padres leyendo favorece el neurodesarrollo de los bebés prematuros. Otros trabajos señalan que las historias reducen la ansiedad, disminuyen el estrés e incluso ayudan a los niños ingresados a percibir menos dolor. Nada mal para una herramienta que no necesita batería ni actualización de software.

La doctora Laia Vega lo resume de forma acertada: se trata de devolver a las familias su papel como cuidadores principales. Algo que, paradójicamente, a veces resulta más difícil en un entorno repleto de tecnología.

Quizá la verdadera lección sea que humanizar la sanidad no siempre exige grandes inversiones ni complejas innovaciones. A veces basta con una silla junto a una incubadora, una madre o un padre leyendo en voz baja y una historia capaz de recordar que, incluso en una UCI, sigue habiendo espacio para los sueños.

Y si hay gestos profundamente humanos capaces de mejorar la salud de esos niños ingresados en una UCI neonatal, dormir, curiosamente, es otra herramienta terapéutica, solo que, en este caso, no basta con cerrar los ojos.

Vivimos convencidos de que el descanso consiste en tumbarse ocho horas y dejar que el cuerpo haga el resto. Nos compramos colchones inteligentes, relojes que analizan hasta el bostezo número diecisiete y aplicaciones que nos felicitan por haber alcanzado un "82 sobre 100" en calidad del sueño. Todo muy moderno. El problema es que, mientras el móvil nos da una medalla virtual, hay millones de personas que pasan la noche dejando de respirar sin tener la menor idea.

La apnea del sueño tiene algo de traicionera. Roncas, haces pausas respiratorias, te despiertas cansado, te quedas dormido viendo el telediario o en la reunión de las once... y acabas aceptando que "es la edad". En España, el ronquido ha alcanzado casi la categoría de patrimonio cultural doméstico. Si no hay alguien haciendo vibrar las paredes del dormitorio, parece que la noche no está completa.

Sin embargo, detrás de ese concierto nocturno puede esconderse un problema mucho más serio. La apnea obstructiva del sueño no solo multiplica el riesgo de hipertensión, infarto, ictus o accidentes de tráfico; ahora una investigación de la Universidad de Monash añade otra preocupación: quienes la padecen sin tratamiento presentan peor memoria y acumulan más factores de riesgo asociados a la demencia. Dicho de otra forma, dormir mal hoy puede pasar factura al cerebro dentro de veinte años.

Lo llamativo es que no hablamos de una enfermedad rara ni especialmente difícil de tratar. Todo lo contrario. Es frecuente, está claramente infradiagnosticada y, en la mayoría de los casos, dispone de tratamientos eficaces. El más conocido, la CPAP, esa mascarilla que muchos contemplan con el mismo entusiasmo que una cita con Ha-cienda, consigue mantener abierta la vía respiratoria durante la noche y cambia radicalmente la calidad del descanso. Quienes la utilizan suelen coincidir en una frase: "No sabía lo cansado que estaba hasta que empecé a dormir de verdad".

El Hospital Quirónsalud Huelva acaba de incorporar tecnología para facilitar el diag-nóstico domiciliario mediante estudios del sueño. Una buena noticia, porque uno de los mayores problemas sigue siendo convencer al paciente de que los ronquidos no son un rasgo de personalidad ni un derecho adquirido por cumplir años.

La medicina lleva tiempo recordándonos que prevenir resulta mucho más rentable que reparar. Igual que leer un cuento fortalece el vínculo entre unos padres y su hijo ingresado, dormir bien protege silenciosamente el corazón, el cerebro y hasta la memoria. El problema es que solemos valorar el sueño únicamente cuando nos falta.

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Quizá haya llegado el momento de concederle al descanso el prestigio que merece. Porque dormir no es perder el tiempo. Es una de las pocas actividades en las que, mientras parece que no hacemos absolutamente nada, el organismo está trabajando para que podamos seguir haciéndolo todo al día siguiente. Y eso, en los tiempos que corren, casi parece un milagro.