Operar el futuro y el mejor bisturí es el que no hace falta usar
FONENDO
Hubo un tiempo en que la cirugía consistía, básicamente, en abrir, extirpar y cerrar. Hoy el bisturí ya no trabaja solo. Lo acompañan la biología molecular, la genética y la medicina regenerativa, transformando el quirófano en el punto de encuentro entre la investigación y la práctica clínica.
Un buen ejemplo es CELLCOL2, el proyecto liderado por la cirujana Alejandra García Botella en el Hospital Clínico San Carlos. Su objetivo es utilizar células madre obtenidas de la propia sangre del paciente para estimular la regeneración del hígado y hacer operables casos de cáncer colorrectal con metástasis hepáticas que hoy tienen muy pocas opciones. No se trata únicamente de operar mejor, sino de conseguir que haya pacientes que puedan ser operados cuando antes era imposible.
Ahí reside la verdadera revolución de la cirugía del siglo XXI: ampliar los límites de lo que la medicina puede ofrecer. Porque detrás de cada avance hay años de investigación silenciosa que rara vez ocupa titulares, pero que acaba traduciéndose en más supervivencia y más esperanza.
Sin embargo, toda innovación quirúrgica tiene un aliado mucho más discreto y, probablemente, mucho más eficaz: la prevención. Porque el mayor éxito de un cirujano no siempre consiste en realizar una intervención impecable, sino en que el paciente nunca llegue a necesitarla.
En esa línea, el Hospital Universitario La Luz del grupo Quirónsalud, acaba de poner en marcha un programa de cribado para detectar precozmente el cáncer colorrectal en personas de entre 45 y 75 años. La propuesta no puede ser más sencilla: recoger un kit gratuito, realizar una prueba de sangre oculta en heces en casa y, solo si es necesario, completar el estudio con una colonoscopia.
Resulta curioso que aceptemos sin rechistar la ITV del coche y, sin embargo, muchos sigan considerando una prueba preventiva como una molestia innecesaria. El cáncer colorrectal apenas da señales cuando empieza, pero tiene una enorme ventaja: detectado a tiempo, puede curarse en un elevado porcentaje de los casos.
La medicina seguirá desarrollando terapias cada vez más sofisticadas para quienes las necesiten. Pero el mayor triunfo seguirá siendo que esos tratamientos nunca lleguen a hacer falta. Porque, por brillante que sea un cirujano, el mejor bisturí siempre será el que puede quedarse guardado en el quirófano.