La revolucionaria idea de tratar a la paciente como un todo
FONENDO
Durante años hemos organizado la medicina con admirable precisión: cada órgano a su especialista, cada problema a su consulta y, si puede ser, cada consulta en una planta diferente.
Ahora parece imponerse una idea sorprendentemente revolucionaria: que los especialistas hablen entre ellos y que sea la asistencia la que se organice alrededor de la mujer, y no la mujer alrededor de las consultas.
Es el modelo que empiezan a desarrollar las nuevas unidades de salud de la mujer. Un ejemplo es la clínica Auramed, en Madrid, que prepara una unidad donde convivirán diagnóstico por imagen, endocrinología y psicología para acompañar a las pacientes en diferentes etapas de su vida.
Pero la tendencia viene de lejos. La Unidad de la Mujer del Hospital Ruber Internacional trabaja desde un enfoque multidisciplinar y cuenta, entre otras áreas, con una Unidad de Mama coordinada con radiología, oncología, medicina nuclear, cirugía plástica, anatomía patológica y genética. Quirónsalud Málaga creó también una Unidad Integral de la Mujer y, este mismo año, Quirónsalud Sevilla ha puesto en marcha una específica para la menopausia con ginecólogos, endocrinólogos, psicólogos y matronas. Y Olympia Quirónsalud cuenta con su programa Salud en Femenino, que conecta ginecología con reproducción, salud hormonal, nutrición, psicología, suelo pélvico o ejercicio y desarrolla programas específicos para etapas como el embarazo o la menopausia.
Parece que algo está cambiando: menos peregrinaje entre especialistas y más profesionales mirando conjuntamente a la misma paciente.
La tecnología ayuda, por supuesto. Tomosíntesis, diagnóstico avanzado y equipos cada vez más precisos.
Pero quizá la verdadera innovación sea bastante menos sofisticada: conseguir que la medicina deje de dividir a la mujer por órganos, síntomas y consultas.
Tenemos imágenes en 3D. No estaría mal que la asistencia también empezara a ver a la paciente en todas sus dimensiones.
Y ya que hablamos de mirar las cosas en todas sus dimensiones, parece que esta filosofía no ha llegado únicamente a la medicina.
Logitech acaba de ampliar las capacidades de Logitech Spot, un pequeño sensor capaz de saber en tiempo real si una sala está ocupada, medir temperatura, humedad, CO₂ y calidad del aire e incluso detectar esas entrañables “reuniones fantasmas”: salas reservadas a las que finalmente no aparece nadie.
Con esos datos, las empresas pueden reorganizar espacios, ahorrar energía y adaptar las oficinas a cómo se utilizan realmente. Todo ello, además, sin nuevo cableado y con una batería que promete hasta cuatro años de autonomía.
Es decir, hemos conseguido que una pequeña caja pegada a una pared sepa quién está, cómo está el ambiente y qué necesita cambiarse.
Quizá no sea una mala metáfora para la sanidad que viene.
Tecnología, datos y especialistas diferentes pueden aportar muchísima información, pero el verdadero avance está en conseguir que todo eso termine conectado y sirva para tomar mejores decisiones.
Porque si ya somos capaces de evitar reuniones fantasmas, quizá el siguiente gran salto tecnológico sea conseguir que tampoco existan pacientes fantasmas entre una consulta y la siguiente.