Para ti, que vives en la reserva de biodiversidad más importante de Europa
Nuestra biodiversidad se debe a la geografía, la biología… pero también al resultado de la interacción entre las personas y el medio.

Flamencos comunes en el Parque Natural de la Laguna de Fuente de Piedra, en Málaga .
La mayoría de los españoles no lo sabe, pero vive en el país con la mayor biodiversidad de toda Europa. Más de 85.000 especies de fauna, flora y hongos —el 54% de todas las presentes en el continente— habitan aquí. De ahí que el 27% de nuestro territorio sea espacios naturales protegidos, de entre ellos las joyas que representan las 45 Reservas de la Biosfera y los 16 parques nacionales que se reparten por nuestra geografía. Todo un tesoro a nuestro alcance que tenemos la responsabilidad de gestionar de la mejor manera posible.
Lo que tampoco solemos contar es que esa riqueza no solo se debe a la geografía o al clima. Es también el resultado de siglos de interacción entre las personas y el territorio. La trashumancia, el pastoreo tradicional, el monte mediterráneo, el cultivo de crustáceos, la agricultura de secano en mosaico… todas estas actividades no son ajenas a nuestra biodiversidad. A menudo se pone el foco en cómo el ser humano ha impactado para mal en la naturaleza, pero estos, y hay muchos más, son ejemplos de que también hemos contribuido a hacer de ella un lugar mejor en muchos sentidos.
Si hay un ejemplo que encarna esa idea en tierra, ese es la dehesa. Un paisaje construido a base de gestión —la mejor gestión— que combina actividad ganadera, forestal y agrícola. Algunos lo llaman magia, y no andan desencaminados. Pero esa magia tiene detrás mucho trabajo y un engranaje que funciona a las mil maravillas: el ganado controla el matorral, el pastoreo mantiene los pastos abiertos, la poda de las encinas favorece su regeneración, la gestión cinegética contribuye al equilibrio faunístico. Y ese mismo engranaje produce alimentos de calidad, empleo rural, captura de carbono y regulación hídrica. Todo a la vez.
Acaba de publicarse un estudio en el Journal of Environmental Management que confirma lo que los ganaderos extensivos llevan décadas diciendo: donde hay pastoreo tradicional, hay más vida silvestre y menos enfermedades. Y donde no lo hay, el equilibrio se quiebra. De nuevo la salud integral, de nuevo el factor humano, de nuevo la pregunta incómoda: ¿Qué pasa cuando el territorio se queda sin custodios?
Muy cerca de mi ventana vislumbro las rías gallegas, para mí la dehesa del mar. Un ecosistema modelado también durante siglos por sus custodios —mariscadoras, bateeiros, redeiros— que convirtieron esas aguas frías y ricas en nutrientes en uno de los caladeros de marisco más valiosos de Europa. Si me preguntan a mí, diré que es el mejor.
Pero este ecosistema está lanzando señales muy preocupantes. La producción de almeja fina en la Ría de Arousa cayó un 87% entre 2022 y 2024. Los berberechos, un 93%. El calentamiento de las aguas trae especies invasoras que amenazan a la centolla o la nécora. Lo que hace décadas sobraba, ahora se importa. Y las mariscadoras, con el agua hasta las rodillas, sacan cada vez menos.
Como acabamos de ver, la ruptura del equilibrio de un ecosistema puede producirse por causas muy diversas —por abandono, por intensificación sin criterio o por no gestionar a tiempo lo que se ve venir— pero la consecuencia indiscutible en cualquier caso es que la biodiversidad se resiente. Y con ello, todo lo demás.
Proteger la biodiversidad española no puede limitarse a legislar espacios naturales desde un despacho. Exige sentarse con quienes trabajan la tierra y el mar, entender cómo funciona cada lugar, y legislar a favor de la prosperidad del territorio —no contra ella. Las rías no se salvan prohibiendo; se salvan con mariscadoras. La dehesa no se conserva con decretos; se conserva con ganaderos. Y el monte no se gestiona solo.
Y sin embargo, este asunto brilla por su ausencia en el debate público. Hablamos de economía, de vivienda, de pensiones. También de corrupción, por desgracia. Hablamos de todo menos de lo que sostiene todo lo demás. Un país que no vertebra, que no cuida su territorio, está hipotecando su futuro sin saberlo, o lo que es peor, sabiéndolo.
España tiene lo que muchos países europeos han perdido y ahora quieren recuperar. A las puertas de un mundial, ojalá traigamos la copa, me haría mucha ilusión. Pero en biodiversidad, como en el fútbol, ya somos campeones de Europa, y ese título también hay que defenderlo con uñas y dientes. Solo lo conservaremos si dejamos de tratarlo como un paisaje decorativo y empezamos a entenderlo como lo que es: un sistema vivo que necesita personas para seguir funcionando.
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