La Ley del hidrógeno

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No, estimado lector, no pretenderé divagar en esta columna sobre las leyes del mundo físico, tan matemáticamente perfecto y predecible, que conforma un Universo de miles de miles de millones de estrellas en el que el hidrógeno es el principal protagonista. En ese mundo físico el hidrógeno hace su trabajo sin más intervención que la del Creador, muy presente estos días entre nosotros con la visita del Papa León XIV. 

Pero cuando descendemos al mundo humano, ese que conformamos con sociedades cada vez más heterogéneas y desordenadas, el hidrógeno necesita de la ley humana, esa ley siempre imperfecta como su creador, en la que dos más dos no siempre son cuatro sino que pueden ser tres o cinco, según sea el interés del cliente a defender. Porque sin ley humana no es posible sociedad humana y todo vuelve a ser selva y ley del más fuerte. De modo que, con todas sus faltas, no es imprescindible para sobrevivir. 

Parafraseando a Churchill, así como la democracia resulta ser el peor de todos los sistemas de gobierno conocidos, exceptuando todos los demás, la ley humana es siempre injusta por imperfecta, pero quien tenga algo mejor, que levante la mano. Y el hidrógeno, -que abunda de manera natural en nuestro Cosmos pero en el pequeño planeta azul aún abundando también lo hace generalmente en combinación menos aprovechable para la denominada transición energética- hace tiempo que viene reclamando la necesidad de una ley humana que se ocupe de él. 

En la medida en que el hidrógeno es un gas que en su combustión no emite CO2 es muy apropiado para sustituir al gas en muchos procesos productivos o a los combustibles fósiles en el transporte. La utilización del hidrógeno al servicio del hombre no es nueva, ya que se venía utilizando ya en muchos procesos industriales, pero producido a partir del gas y, por ello, no deja de generar emisiones.

La novedad es que ya disponemos de tecnologías que permiten producirlo a partir del agua, con electrólisis y otros sistemas, de forma que ese hidrógeno puede considerarse “verde”, si la electricidad empleada en el proceso es renovable, o “rosa”, si se genera con energía nuclear, también sin emisiones. Por ello, los gobiernos europeos se han aplicado desde hace unos años a impulsar la producción de ese tipo de hidrógeno “renovable”, que nos ayude a descarbonizar nuestro progreso y a la lucha contra el cambio climático. 

Los mecanismos de ayuda suman, solo en España, varios miles de millones de euros. Pero el precio de ese hidrógeno verde sigue siendo prohibitivo en comparación con el hidrógeno tradicional procedente del gas. Hay proyectos para producir el hidrógeno verde pero no hay mercados ni clientes que puedan comprarlo sin poner en riesgo sus negocios y actividades. 

Además el hidrógeno necesita infraestructuras de transporte propias, porque es una molécula muy pequeña que escapa por la porosidad de las infraestructuras gasistas tradicionales. En pequeñas mezclas con este, el hidrógeno puede inyectarse en nuestros gasoductos, pero a partir de determinados límites no resulta seguro. 

En estas estamos cuando acaba de publicarse en Alemania un estudio que calcula el sobrecoste para manos consumidores alemanes de las inversiones en los “hidroductos” planificados para ese transporte de hidrógeno renovable. El Bundesnetzagentur (regulador alemán) reconoce que los ingresos iniciales de la red no cubrirán los costes de inversión (18.900 millones de euros) y de la operación, para 9.040 km de tuberías. Por ello se crea una cuenta de amortización y un mecanismo de respaldo estatal hasta 2055. 

Es decir, no bastará con lo que abonen los usuarios futuros de la red para asumir parte de los costes generados en la fase inicial, que tendrán que ser completados a cargo de todos los contribuyentes. Un trabajo publicado en 2025 en el International Journal of Hydrogen Energy modeliza precisamente la cuenta de amortización de la red alemana y concluye que una expansión más gradual podría reducir significativamente la carga financiera del sistema e incluso evitar la necesidad de dicha cuenta de amortización. Pero las prisas, son las prisas.

Aquí en España también la inversión será gigantesca, con una conexión con Francia a través del Mediterráneo, que lleva por nombre H2MED. Enagás cifra en 6.700 millones de euros el coste de la nueva red troncal para el hidrógeno y el H2Med, con una tramo submarino BarMar, de 400 kilómetros, que presenta dos opciones de recorrido con dos trazados cercanos a la costa. No se conoce hasta ahora protesta ambiental de los manifestantes habituales.

Pero el problema no sólo es ambiental, es construir transporte para un mercado que no existe. Y es que un mercado no se crea solo con oferta, de modo que no habrá nada que transportar si no hay compradores al otro lado. 

En el sector en España hay coincidencia de que lo que retrae la inversión para generar economías de escala y reducir costes de producción es la falta de certidumbre sobre cual pueda ser el resultado de esas inversiones; no hay certidumbre porque solo hay Hojas de Ruta y Estrategias, -literatura de conferenciantes-, pero no hay leyes, no hay normas y no hay reglas que regulen ese mercado del hidrógeno que aspiramos a construir. Nadie querrá invertir seriamente en esas condiciones y el coste de producción seguirá sin bajar. 

En España en julio de 2021 el PP presentó en el Congreso una Proposición de Ley de Hidrógeno, que fue rechazada en votación en el Congreso por Sánchez y sus socios. Cinco años después la Ministra Aagesen anunció, en Enero pasado, un Anteproyecto de Ley de Hidrógeno para transponer a España el Paquete Europeo del Hidrógeno. Seis meses después, no hay noticias y la Ley de Hidrógeno no aparece en el Plan Anual Normativo del Gobierno para 2026. 

Mientras muchos proyectos anunciados caen, la inversión con fondos públicos en H2MED avanza. Un proyecto de transporte que nació para enmascarar el fracaso de Sánchez en su intento de doblegar a Macron, con ayuda de Alemania, para abrir más generosamente la frontera al gas desde España para el resto de Europa con el llamado MIDGAS. 

Macron nos vetó ese transporte de gas que si tenemos en abundancia por nuestras plantas de regasificación que se abastecen de los cinco continentes y nos dió el cambiazo, con la complicidad de Sánchez, con una infraestructura multimillonaria para un transporte de hidrógeno que, cuando sea realmente competitivo, debería ser destinado a sustituir los procesos industriales en nuestro país antes que en los vecinos. 

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Pero ya decíamos que la ley humana es imperfecta, pero aún más imperfecta es la ausencia de ley. Y así, ya se sabe, ganan los más fuertes, los que reciben las multimillonarias ayudas que finalmente no ofrecen resultados, pero la factura la pagamos todos lo demás.