Gran Apagón, año I: la banda ya desafina
Gobierno, CNMC y Red Eléctrica: una coreografía para diluir culpas.

Torre de alta tensión durante el apagón del 28 de abril de 2025.
Un año después del gran apagón, cuando en el gobierno esperaban que el ruido se hubiera disipado y la memoria pública adormecido, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) decidió hacer algo temerario: cumplir con su obligación de regulador independiente del sector y abrir expediente sancionador por falta muy grave a Red Eléctrica, operador del sistema, por poner en riesgo la seguridad del suministro.
Tarde, sí. Pero suficiente para abrir un boquete en el relato oficial de la “causa multifactorial”, -esa coartada elegante que explica la física de las redes eléctrica como si se hubiera descubierto ayer-, con el objetivo de no entrar en las causas reales, las que obedecen a la intervención humana, para no señalar a nadie.
El problema de los boquetes es que dejan pasar la luz. Porque Red Eléctrica no es un actor cualquiera: el Gobierno, vía SEPI, controla el 20%. Es decir, el Gobierno no observaba desde la barrera; estaba en el palco… y con mando en plaza.
Y el problema crecía porque la presidenta de Red Eléctrica veloz respondió acusando a la CNMC del “vacío legal” que propició el apagón, pese a que le propuso nueva normativa para el control de tensión desde 2020. Una CNMC copada en su cúpula por los nombramientos del gobierno y sus socios.
Y el gobierno, temblando y temiendo que la presidenta de la CNMC confesara públicamente que también ella lo propuso al gobierno…y éste no hizo nada. O peor aún, que siguió echando leña a la caldera del desequilibrio sin adoptar las medidas necesarias para mitigar riesgos.
El movimiento de la CNMC ponía en riesgo todo el andamiaje de complicidad trabajado durante el año para ocultar la verdad. De ahí la prisa por recomponer el decorado descompuesto en cuanto el organismo regulado hizo un tímido intento de cumplir con su deber. De modo que el gobierno se puso manos a la obra.
Primer acto: pastizal para publirreportaje de Red Eléctrica con estética institucional —pagado por todos— para volver al punto de partida: la culpa es de “otros”. No importa el coste, los mil millones de euros de nuestros impuestos regalados a la compañía semipública en 2025 como la mayor subvención otorgada en el año, dan para mucho.
Segundo acto: la CNMC, diligente y obediente, abre expedientes muy graves a las eléctricas… por hechos de hace dos años, convenientemente alejados del día D.
Tercer acto: nota gubernamental que recuerda, insiste y sacraliza de nuevo la versión inicial.
Los tres de la banda afinan al unísono: ellos no fueron, las renovables tampoco; fueron las “oscilaciones” y unos presuntos incumplimientos empresariales… que nadie concreta.
La música suena conocida. Y cada vez más desafinada. Porque la famosa “causa multifactorial” no es una explicación: es la descripción de un sistema que falló como sistema. Una red debilitada por una programación deficiente ese día, maniobras discutibles ante perturbaciones, regulación que no acompañó los cambios del mix y una política energética que ha impulsado desequilibradamente unas tecnologías mientras ignoraba otras que aportan estabilidad. Dicho en román paladino: si todo falla a la vez, fallan quienes deben coordinar que todo encaje y funcione. Es elemental, querido Watson.
Y esos quienes son, por este orden, Gobierno, CNMC y Red Eléctrica. No es politización del debate, es conocer la ley del sector eléctrico. O aún más sencillo, guiarse por el más elemental sentido común.
Sin embargo, el relato se recompone una y otra vez de manera hábilmente coordinada por los tres de la banda como si nada hubiera pasado. ¿Por qué? Porque admitir el fallo sistémico obliga a señalar la mano que meció la cuna —decisiones políticas, regulatorias y operativas que confluyen en el Gobierno— y explicar por qué el bebé acabó en el suelo. Más cómodo es invocar fuerzas difusas, culpas ajenas y expedientes retroactivos. Recordar la verdad lo llaman “bulos”.
La banda puede insistir en su partitura. Pero el público ya ha escuchado el gallo. Y, a estas alturas, no hace falta ser experto para distinguir entre una sinfonía armoniosa y un ensayo de prueba…con micrófonos abiertos.
Economía
Un año después del apagón, el Senado pone nombres a un fracaso que pudo evitarse
Javier Peón