Saltando entre muros
Arde sobre cenizas
Las cifras de incendios y de ejecución presupuestaria reabren el debate sobre si el problema está solo en el clima o también en la falta de gestión forestal.

Las BRIF del MITECO actuando sobre el terreno.
Citarse a uno mismo es una forma modesta de inmodestia. Pero peor que repetirse es comprobar que la realidad insiste. En marzo escribí que «los incendios se apagan en invierno» y el peligro de sólo acordarnos del monte cuando estalla cada año el polvorín en el tiempo del calor. Han bastado cuatro meses para que el monte, siempre tan poco diplomático, confirme el diagnóstico con fuego real.
El dicho popular “llueve sobre mojado” vamos a tener que actualizarlo como “arde sobre cenizas”. Pero ojalá fuera así, porque lo que arde es el combustible que permitimos que siga acumulando en nuestros bosques y que añade a las cenizas de ayer lo que serán también cenizas mañana. Cada año, 20 millones de toneladas de residuos leñosos se acumulan en los montes. Residuos leñosos que pueden aprovecharse y transformarse en energía eléctrica y en energía térmica, creando competitividad con recursos energéticos autóctonos y renovables y creando empleo en zonas rurales. Pero son necesarios planes, recursos presupuestarios y gestión para su desarrollo. Y año tras año se repite la historia y se repite el relato exculpatorio.
A 19 de julio, el MITECO contabilizaba 65.754 hectáreas forestales afectadas y 21 grandes incendios. En la misma fecha de 2025 eran 29.817 hectáreas y once grandes incendios. En 2018, el año en que Pedro Sánchez llegó al Gobierno, 11.014 hectáreas y uno. Y a julio de 2026 falta sumar los incendios aún activos: al publicar el balance, el sistema europeo EFFIS elevaba ya la superficie de 2026 a 172.396 hectáreas. No es una oscilación estadística. Es un país ardiendo mientras sus responsables compiten por encontrar el adjetivo climático más solemne.
La solución la ha dado Sánchez en su balance de fin de curso. Sánchez insiste al PP en la urgencia de un pacto de Estado contra la emergencia climática: "El negacionismo es el peor de los combustibles". No es una idea precisamente nueva. Sánchez vuelve a pedir un pacto de Estado frente a la emergencia climática, exactamente igual que el año pasado.
Pacto, por supuesto. Pero debemos distinguir entre la causa global y la responsabilidad local. España representa alrededor del 8,2 % de las emisiones netas de la Unión Europea y bastante menos del 1 % de las mundiales. Debemos reducirlas, naturalmente; pero ningún tuit español enfría por sí solo el planeta. En cambio, limpiar un monte, retirar combustible, abrir cortafuegos, mantener pistas, recuperar el pastoreo y aprovechar la biomasa sí depende enteramente de nosotros. “No podemos controlar el clima, pero sí lo que se acumula en el monte”, concluía acertadamente en estos aciagos días un importante directivo empresarial.
Es ahí donde la épica mundialista desaparece y empieza la gestión. De los 401 millones europeos presupuestados específicamente para gestión forestal —apenas un 0,25 % de los 163.000 millones del Plan de Recuperación— solo se han ejecutado 105,7 millones: el 26,4 %. El Gobierno amplía la cifra hasta 1.709 millones contando actuaciones con alguna incidencia preventiva, aunque reconoce que no todo se dedica exclusivamente a incendios. La contabilidad puede ser frondosa; el bosque, mientras tanto, sigue seco y repleto de combustible esperando explotar. Y los titulares de estos días revelan algunas claves; Sánchez destina tres veces más dinero a mantener los Falcon que a los hidroaviones; 56 millones frente a 17 desde 2018. Mientras, los siete DHC-515 prometidos pertenecen todavía a ese admirable parque aéreo que vuela mejor en las ruedas de prensa que sobre las llamas.
Y aquí, el habitual recurso del gobierno que ensalza lo público para criminalizar lo privado como responsable de todos los problemas cuando estallan, no tiene encaje; los datos del propio Ministerio demuestran que el monte gestionado por el Estado arde el doble por hectárea que el monte con dueño.
Como alternativa a tanto despropósito existe un plan para actuar en local. El PP presentó hace un año un Plan con cincuenta medidas para ayudar, recuperar y prevenir: gestión activa del monte, aprovechamiento forestal, coordinación, medios, apoyo al mundo rural y respuesta rápida. Puede discutirse, corregirse y completarse. Para eso sirven los pactos. Lo que no sirve es que el gobierno lo ignore como solución durante doce meses y ahora llamar de nuevo, una vez más, a un gran acuerdo global, -cuya eficacia no depende solo de nosotros-, cuando el humo entra por la ventana. Y acusando de negacionismo a quien pretenda buscar soluciones desde otro enfoque.
La biomasa que hoy alimenta el incendio podría alimentar redes de calor, industrias y empleos rurales. Los propietarios forestales, ganaderos, agricultores, ayuntamientos, comunidades autónomas, bomberos y empresas conocen buena parte de las soluciones. Falta sentarlos alrededor de una mesa con presupuesto, calendario y evaluación pública; y con un marco legislativo que lo facilite y no como hasta ahora, que lo convierte en tarea imposible. El laberinto burocrático ha generado 9.500 normas medioambientales con acumulación de trabas que asfixian la gestión del monte y lo convierten en una bomba de relojería, año tras año.
Hace falta un pacto, sí. Pero no para levantar otro muro partidista, Sr Sánchez, sino para salvar la vida de nuestros montes. Porque poner el acento en las soluciones locales, no es negar el cambio climático. Debe indignarnos que se utilice como coartada, una y otra vez, para no cambiar la gestión de las políticas y rehuir las responsabilidades de nuestros gobernantes. El calentamiento agrava los incendios; la desidia les prepara el combustible. España no controla el termostato del planeta, pero sí puede decidir si sus bosques producen empleo, energía y vida rural o si siguen produciendo cenizas.
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Luis Sordo