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Rebelión en la granja de Sánchez

La crisis de Ceuta vuelve a poner en cuestión el relato del Gobierno sobre democracia, fronteras y soberanía

A Sánchez se le revelan.

A Sánchez se le revelan.Generado por IA

Armando Paz
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Vistas las imágenes de Ceuta y escuchado el relato con que Sánchez Pérez-Castejón, Pedro, pretende explicarlas, esta semana la sostenibilidad nos lleva a hablar de granjas, la mayoría de ella más dignas y saludables que las actuales playas, calles y montes de la ciudad española invadida.

En la novela distópica de Orwell, “Rebelión en la granja”, no se habla de zoología, sino de poder: de cómo una revolución que prometía igualdad acabó en manos de quienes reescribían las normas, manipulaban la memoria y el lenguaje y decidían que todos seguían siendo iguales, aunque algunos fueran bastante más iguales que los demás.

En la granja de Orwell, hasta las gallinas se rebelaron cuando el cerdo Napoleón quiso requisarles los huevos. El poder respondió cortándoles la comida hasta doblegarlas.

Pero en la granja patria en la que ha derivado la España de Sánchez, se da una distopía aún mayor que la que la imaginación de Orwell pudo llegar a atisbar como parte del proceso de un poder totalitario; que un mismo personaje pueda transmutar en gallina, zorro y cerdo en función de sus conveniencias y circunstancias.

Aunque no es conveniente poner todos los huevos en el mismo cesto bajo riesgo de requisa, tampoco es posible colocar todos los huevos en todos los cestos. Ni parece sencillo ser gallina o ser zorro según convenga a la ocasión. Pero con este gobierno, toda fábula queda pequeña ante la cruda realidad.

Cuando durante el procés separatista catalán aparecieron investigaciones sobre contactos e injerencias rusas alrededor del golpe de Estado del independentismo, instado por los socios sanchistas, aquello nunca mereció atención gubernamental. Ahora, en cambio, Rusia aparece señalada por el gobierno entre los culpables de la avalancha invasora en Ceuta. ¿Zorro o gallina?

Marruecos, cuyo territorio hubo que atravesar para llegar a la frontera española y del que partió la invasión que aún persiste, queda exonerado. Putin, -aliado de la Argelia que es enemigo declarado de Marruecos-, por lo visto, domina mejor el paso del Tarajal que Rabat. La Policía española ya ha informado a los jueces sobre la implicación de gendarmería marroquí y agentes infiltrados, pero Sánchez insiste en negarlo. ¿Zorro o gallina?

Siguiendo con la explicación oficial, es difícil distinguirla de los cuentos de Caperucita y el lobo feroz: “sin la cooperación de Marruecos, la crisis se agravaría”. Traducido al castellano antiguo: para proteger el gallinero conviene contar con el zorro, sobre todo si el zorro lleva décadas explicando que las gallinas son suyas. O en versión moderna de Caperucita, el lobo no es feroz sino que tiene apetito y es una crueldad no prestarle ayuda humanitaria, con ese aspecto de abuelita inofensiva postrada en cama. ¿Zorro o gallina?

También cuentos de gallinas y zorros cuando Sánchez nos descubre que el Rey no visita Ceuta desde hace “20 años”. Sólo le faltó, al galgo de Paiporta, llamar gallina a nuestro Rey. La gallina prefiere tirar la piedra y esconder la mano, y el zorro desliza relatos sesgados para niños que no tienen memoria; Felipe VI lleva doce en el trono, no veinte. Ocho de ellos con Sánchez en La Moncloa, donde, como es sabido, el monarca no organiza la agenda exterior e institucional a golpe de ocurrencia personal, sino cuando el gobierno le da luz verde. Pero no importa: cuando el relato es bueno, las matemáticas y hasta la propia Constitución, son reaccionarias. ¿Zorro o gallina?

Ahora anuncia que Felipe VI irá “por fin” a Ceuta “cuando se den las condiciones”. Falta saber cuáles son esas para el gobierno. Quizá cuando Rabat conceda cita previa. O cuando Mohamed VI certifique que la visita no altera demasiado la buena vecindad. Esperemos que no sea cuando Ceuta haya dejado de ser española. ¿Zorro o gallina?

Zorros y gallinas también se entremezclan en el relato gubernamental cuando se acusa a los magnates tecnológicos. Sánchez denuncia una “internacional reaccionaria” donde caben magnates y grandes plataformas, mientras su Gobierno tramita un decreto de centros de datos cuyas exigencias, -80 % de nueva renovable acreditada hora a hora, entre otras-, amenazan con dejar fuera precisamente a operadores medianos y pequeños y favorecer sólo a quienes tienen músculo financiero para soportarlas. Contra los gigantes, nada mejor que una regulación que solo los gigantes pueden pagar. Eso sí que es valentía frente a los “señores del puro”. ¿Zorro o gallina?

Y llegamos al final de este cuento en el que no se acierta a adivinar si hablamos de zorros o de gallinas o de un nuevo animal tan híbrido como el ataque en Ceuta. Sánchez admite que la alternancia democrática es buena… salvo cuando la alternativa puede ganar. Entonces deja de ser alternancia y pasa a llamarse “involución”. Ahora el cuento es asustar con “que viene el lobo”, para que se quede el zorro. O la gallina. Para Sánchez, -y es de temer que también para sus socios-, la democracia, convenientemente actualizada, consiste en que el ciudadano puede elegir libremente siempre que elija lo correcto. Y que es lo correcto y lo que no, lo decide Sánchez. ¿Zorro o gallina?

Ceuta nos está enseñando muchas cosas sobre la interpretación que hace este gobierno de la sostenibilidad. En la granja de Sánchez una sociedad libre y sostenible puede prescindir de fronteras seguras, instituciones creíbles, competencia abierta y gobiernos que acepten que no son propietarios del Estado. De lo que no puede prescindir es del “puto amo”. ¿Zorro o gallina?

En la Rebelión en la granja de Orwell el dictador Napoleón, al menos, no era ni zorro ni gallina; era un cerdo. 

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