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El saco de abono también tiene dueño

Las vitaminas del tomate y el grano del secado salen de decisiones que se firman a nueve mil kilómetros. Y casi nadie lo ha contado.

Un tractor abona un campo de cultivo

Un tractor abona un campo de cultivo

Raúl Martínez de Miguel

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Si hablamos de dependencia con China, solemos mencionar el litio chileno o el cobalto congoleño, incluso del silicio como comentábamos en el artículo anterior. Es conveniente revisar más allá de lo tecnológico porque hay más elementos condicionados al mismo sistema. El nitrógeno y el fósforo son una factura visible y ya dependen casi por completo de lo que un gobierno extranjero decida.

China exportó 4,3 millones de toneladas de urea en 2023. En 2024 bajó a 0,3 millones: un recorte del 93 % de un año para otro, porque Pekín decidió guardarse el abono para su campo. En 2025 reabrió el grifo hasta 4 millones de toneladas y se colocó de nuevo con un 12,7 % del mercado europeo de nitrogenados. Según StoneX, ese volumen equivale a alrededor del 10 % del comercio mundial. La urea no sube y baja por clima ni por cosecha. Sube y baja cuando lo ordena un despacho.

El fósforo tiene dueño: la batería

Con el fosfato, el cupo de exportación chino de DAP para 2025 quedó en 2,9 millones de toneladas, menos de la mitad de los 6,5 millones que salieron en 2019, y la moratoria sobre ventas al exterior se ha ido prorrogando hasta agosto de 2026. Y no es solo proteccionismo de temporada. China está desviando su roca fosfórica hacia la fabricación de baterías LFP, las que mueven buena parte de su parque de coches eléctricos.

El mineral que alimentaba el tomate ahora alimenta el vehículo a batería. Es el mismo mineral y el mismo país decidiendo, en cada campaña, quién se lo queda. El agricultor paga más por el saco y el fabricante chino se asegura suministro. Las dos cosas a la vez, y las dos desde la misma mesa.

España ya no abona con productos nacionales

Las importaciones españolas de fertilizantes cayeron a un mínimo de 864.000 toneladas en 2022, con la crisis energética, y en 2025 subieron hasta 1.308.000, un 50 % más, porque las compras de fuera tuvieron que tapar la caída de la producción propia. El efecto en precios fue inmediato: el DAP subió un 23 % y el TSP un 43 % solo en la primera mitad de 2025.

España no compra grandes volúmenes directos a China ni al Golfo: los envíos del Golfo a toda la UE sumaron apenas 50 millones de dólares en 2024. Lo que ocurre es que cuando China cierra, o cuando el Estrecho de Ormuz se bloquea, los grandes compradores salen a pelear por los mismos proveedores que Europa utiliza. India traía más del 40 % de su urea y su fosfato desde Oriente Próximo; al cortarse esa ruta, puja por lo demás y empuja el precio mundial. El saco que recoge la cooperativa de la comarca lo paga, aunque el barco nunca haya pasado cerca de Cádiz.

Lo que viene escondido en otros paquetes

El Real Instituto Elcano trazó el mapa de dependencias críticas de España con China. Además de la electrónica y las baterías, aparecen dependencias que acaban en la mesa: vitaminas B1, B6, B12 y C, hormonas, calcio y tres clases de antibióticos, cloranfenicol, estreptomicina y tetraciclina. Son insumos farmacéuticos, no agrícolas, pero pertenecen a la misma cadena corta: principios activos que dejaron de fabricarse aquí y hoy entran por un solo origen. El informe añade dependencia muy alta en tierras raras como el escandio y el itrio, y en los LED que iluminan los invernaderos de producción intensiva.

La geopolítica ya fija el precio del pan

Agro LATAM lo resumió después de documentar la crisis: la geopolítica ya es tan determinante como el clima para definir el precio de los alimentos. Las restricciones chinas de 2025 coincidieron con el bloqueo del Ormuz por la guerra con Irán, y como la urea sale del gas natural, los dos frentes juntos sacudieron el mercado entero. Un importador indio lo explicó a Reuters sin rodeos: prefería cargamentos chinos porque no pasan por el Ormuz. Cuando el proveedor más seguro es el que también cierra cuando le conviene, la dependencia ya no es teoría de informes.

El surco tampoco está en la agenda

En esta serie hemos mirado los paneles del tejado, el coche que se enchufa, el móvil que se tira. La comida sigue la misma lógica con una diferencia que importa: aquí la dependencia no está en el producto que se coge de la estantería, sino en el insumo que se echa a la tierra antes de que el producto exista. No se ve, no se presume en etiquetas y se paga exactamente igual. El mapa de la sostenibilidad que no marca de dónde sale el abono se está dejando fuera la coordenada más pesada de la cesta. Y esa coordenada, hoy, se firma en Pekín.

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