De "narco-terrorista" a "linda paloma": la magia de la geopolítica de Donald Trump
Delcy Rodríguez ha pasado de ser señalada como amenaza a la seguridad nacional a convertirse en la "socia pragmática y enaltecida" que Washington tanto esperaba

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos
Ni David Copperfield ha hecho un ilusionismo como este, la varita mágica se convirtió en un bolígrafo y basta con la firma del mago de la Casa Blanca. De la noche a la mañana, con la diplomacia Presidencial, personajes catalogados durante años como arquitectos del mal, sostenes de un régimen criminal y supuestos capos del narcotráfico internacional amanecen purificados, vestidos de seda y blancos como palomas de la paz.
El más reciente truco de magia geopolítica lo ha firmado Donald Trump: Venezuela, tras más de dos décadas figurando en la lista negra de naciones que «incumplen de forma demostrable» sus compromisos internacionales contra el tráfico de drogas, ha sido perdonada y rebajada de categoría. ¿El motivo oficial? Los «pasos positivos» y la «creciente cooperación» exhibida por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.
Atrás quedaron las acusaciones altisonantes, los carteles de recompensa y las diatribas sobre el «cartel de los soles». Valía la pena preguntarse: ¿cuándo ocurrió la milagrosa transustanciación moral del poder en Caracas?
La conveniencia
El arte de la política transaccional no conoce de principios ni de coherencia histórica. Durante años, la narrativa oficial de Washington —y de buena parte del mundo occidental— vendió la tesis de que el alto mando chavista constituía una estructura criminal indivisible. Se nos dijo, por activa y por pasiva, que no había diálogo ni salvación posible con quienes financiaban el terror, lavaban dinero y envenenaban las calles de Estados Unidos.
Sin embargo, en el teatro de la política, las etiquetas éticas son tan efímeras como un eslogan de campaña. Bastó la salida del tablero de Nicolás Maduro, el acomodo de piezas estratégicas alrededor del petróleo y el control territorial para que Delcy Rodríguez pasara de ser señalada como amenaza a la seguridad nacional a convertirse en la "socia pragmática y enaltecida" que Washington tanto esperaba.
¿Cambiaron de verdad las estructuras del crimen, o simplemente cambió el beneficiario de la lealtad? La velocidad con la que se reescribe el historial de los líderes políticos según convenga al guión del momento resulta bastante descarada.
En qué cabeza cabe que con horas de diferencia salgan a la luz pública dos noticias completamente distantes. La primera, “ONU advierte que la represión y los colectivos siguen intactos en Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro” y la segunda, "Tras dos décadas de descertificación continua al chavismo Trump certifica al régimen de Delcy en lucha antidrogas”
¿Justicia o mercadeo internacional?
Esta maniobra de 180 grados plantea como siempre preguntas incómodas sobre el verdadero valor de las «listas negras» internacionales. Si un país o un dirigente puede pasar del infierno al cielo del reconocimiento con la rapidez de una transacción bancaria de hoy en día, creo que vale cuestionar la seriedad de tales instrumentos o de tales actores:
● ¿Eran reales las acusaciones de ayer, o son falsos los elogios de hoy? Si la estructura del régimen era un narco-estado, ¿cómo es posible que uno de sus pilares más prominentes encabece hoy la "limpieza" sin salir salpicada?
● Insisto como en los artículos anteriores: ¿Qué mensaje se envía a los ciudadanos?
● ¿Dónde quedan los principios de la democracia? Cuando la conveniencia de un líder político decide quién es un "dictador abominable" y quién una "líder de transición cooperativa", las palabras pierden como que pierden su significado original.
El peligroso teatro del olvido
La magia de este lavado de imagen no está en la absolución de las culpas, sino en la amnesia colectiva que pretende imponerse. Se le pretende imponer al ciudadano común que olvide el discurso de ayer, que ignore las contradicciones de hoy y que celebre el pragmatismo del mañana.
Ayer eran demonios que amenazaban la paz del hemisferio; hoy son interlocutores válidos y elogiados que firman decretos y desmantelan en tiempo record laboratorios a la medida de las exigencias de Washington. Quienes antes eran objeto de sanciones, hoy son aplaudidos por su "liderazgo constructivo".
No deja de ser trágico comprobar cómo los mismos líderes que enaltecen la libertad y la lucha contra el crimen son capaces de decretar la santidad instantánea de sus antiguos enemigos apenas estos garantizan estabilidad, complacencia, recursos o alianzas de conveniencia.
Vuelvo a insistir, la lección que nos dejan estos últimos episodios trasciende las fronteras de Venezuela y Estados Unidos. Es el reflejo de una política global sin escrúpulos, donde los ideales se archivan en el momento en que se concreta un pacto.
Este capítulo demuestra que las listas, las sanciones y los señalamientos éticos en las relaciones internacionales rara vez responden a principios inquebrantables.