China ya guarda la luz del sol. España tiene que pedir permiso
China conecta en tres meses lo que en España prevé instalar desde hoy, hasta 2029.
BLM California
China tenía instalados 153 GW de almacenamiento con baterías a finales de junio, un 61% más que un año antes, según su Administración Nacional de Energía. En 2021 tenía 3 GW. Ha multiplicado por cincuenta su capacidad en cinco años, duplicando cada año durante todo su plan quinquenal. Una batería gigante conectada a la red ya no es allí una noticia: es una pieza más del sistema, como una subestación.
España tiene hoy 260 MW, según Red Eléctrica. En las mismas unidades, 0,26 GW. China tiene casi 600 veces más. La comparación que mejor resume la distancia es otra: todo lo que España tiene anunciado hasta 2029, unos 10,3 GW, China lo conecta en unos tres meses. Solo en 2025 sumó 66 GW, más de seis veces nuestro plan completo.
Parece que hay señales de cambios reales en España, solo falta ponerse con ello. De esos 10,3 GW anunciados, 6,4 GW ya tienen expediente en el BOE, una potencia comparable a la de todo el parque nuclear. La consultora Modo Energy calcula que la capacidad instalada puede multiplicarse por diez en los próximos dieciocho meses. La mayor batería en red del sur de Europa está a punto de entrar en servicio, y hay analistas que creen que en 2026 el almacenamiento crecerá en España más que la propia fotovoltaica.
El sol tiene un problema de horario que debemos resolver
Detrás de esta carrera hay un problema de horario. Al mediodía sobra electricidad y el precio se hunde; por la noche, cuando sube la demanda, toca volver al gas. Solo el 6,6% de las plantas solares del mundo tienen hoy baterías, según DNV, y la Agencia Internacional de la Energía calcula que la capacidad mundial de almacenamiento debería multiplicarse por 35 para cumplir los objetivos de 2030. Almacenar no solo da estabilidad a la red, también puede bajar el precio en las horas caras, como señala la Comisión Europea. El gran apagón de abril de 2025 enseñó además lo que ocurre cuando un sistema cada vez más renovable no tiene dónde apoyarse.
China instala menos, pero gana mas
La novedad más relevante llega ahora de China y no es un récord. En el primer semestre de 2026 sus nuevas instalaciones han caído un 18% respecto al año anterior, y el sector lo celebra como un signo de madurez. Se ponen en marcha menos proyectos, pero cada uno es mucho mayor, con una media cercana a las tres horas de almacenamiento, y siete de cada diez megavatios nuevos corresponden a baterías independientes: negocios que compran electricidad barata y la venden cara. Tras años creciendo por decreto, con la obligación de acompañar cada planta renovable con baterías, el mercado chino pasa de instalar por instalar a ganar dinero con lo instalado. El debate ya no son los gigavatios, sino el modelo de negocio: pagos por capacidad, mercados de ajuste, servicios a la red. La alianza china de almacenamiento, CNESA, lo resume de forma rotunda: se acabó la expansión por escala, empieza la etapa del valor.
Esa lección es la que conviene copiar
Si el inversor no sabe cómo va a cobrar, no hay proyecto, por mucho sol que haga. España puede saltarse la fase de instalar a lo loco y entrar directamente en la seria: una remuneración por capacidad clara y estable, permisos de conexión que no tarden años y una apuesta decidida por añadir baterías a las plantas solares que ya funcionan. En Extremadura, un proyecto con ocho contenedores de baterías va a convertir una planta solar en una central que también genera cuando se pone el sol. No hace falta más tecnología. Hace falta dejar trabajar.
A España le sobra sol, los precios de las baterías llevan años cayendo y la demanda eléctrica crecerá con la electrificación de la economía. Lo que no le sobra es tiempo. China empezó a llenar el país de baterías hace cinco años y ya va por la segunda vuelta. España puede empezar ahora con una ventaja que no tuvo nadie: los errores ya los cometieron otros.