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Un ministerio para los jóvenes de España: el 57 % del gasto analizado va a menores extranjeros

El desglose presupuestario examinado recoge que 35 de los 61,3 millones ejecutados por el Ministerio de Juventud e Infancia es para MENAS. Mientras, la emancipación juvenil cae al mínimo histórico y batimos récords en pobreza infantil

Marta Lama

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Sánchez presentó el Ministerio de Juventud e Infancia como una apuesta por los jóvenes. Su creación, en noviembre de 2023, también dio a Izquierda Unida una cartera en el reparto de poder con Sumar. El Gobierno debe demostrar que aquel reparto sirvió para algo más que satisfacer a sus socios: ¿qué han ganado los jóvenes con él? Lo examinamos.

Casi tres años después, el balance social obliga a exigir respuestas. Según el Consejo de la Juventud de España, la tasa de emancipación de nuestros jóvenes se situó en el 14,5 % en 2025, el mínimo histórico de su registro. La infancia también reclama atención: el INE sitúa en el 33,9 % a los menores de 16 años en riesgo de pobreza o exclusión social. Más de uno de cada tres.

Con ese panorama, las prioridades presupuestarias importan. En el conjunto de partidas examinado, de 125,2 millones de crédito definitivo se ejecutaron 61,3 millones: aproximadamente el 49 %. Más de la mitad quedó sin ejecutar. Son cifras del desglose analizado, no del cierre agregado de toda la sección ministerial.

Dentro de esos 61,3 millones, 35 millones corresponden a la atención a menores extranjeros no acompañados: el 57 %. La radiografía recoge también 12,5 millones para el Instituto de la Juventud y 11 millones para estructura y funcionamiento, incluidos personal, retribuciones, alquileres y otros gastos.

Sin respuesta para los jóvenes que quieren independizarse

Con la emancipación en mínimos, el Gobierno debe explicar dónde está la respuesta de ese departamento a los jóvenes que trabajan y siguen sin poder independizarse. Financiar una estructura no demuestra qué consiguen sus programas.

El desglose de las partidas analizadas contiene otro contraste: 2,21 millones en productividad frente a 250.000 euros para iniciativas de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social. Casi nueve veces más. Una comparación que obliga a explicar las prioridades del departamento.

Mientras tanto, vuelve la política de los grandes anuncios

El 6 de octubre, Sánchez presentó dos nuevos decretos de vivienda y una línea del ICO de 10.000 millones de euros para préstamos sin intereses de hasta 50.000 euros destinados a adquirir una primera vivienda. Una medida dirigida a distintos grupos de edad, incluidos los jóvenes.

Después de ocho años de Gobierno, otro anuncio no puede sustituir el balance de lo conseguido. Tampoco explica por qué quedan recursos sin ejecutar en un departamento creado precisamente para atender a la juventud y la infancia y por qué la práctica totalidad del presupuesto del ministerio se concentra en menores extranjeros no acompañados, sueldos, estructuras… y se dedican en cambio cero euros a políticas para resolver los problemas reales de la mayoría de los jóvenes.

Menos anuncios y más ejecución

Los jóvenes necesitan que las medidas se conviertan en oportunidades. No pueden emanciparse con un organigrama ni pagar una vivienda con una rueda de prensa.

Ahí cobra sentido la imagen del ministerio fantasma: visible en los anuncios, difícil de reconocer en la vida cotidiana de quienes deberían beneficiarse de él. Si vivienda, empleo y educación corresponden también a otras carteras, el gobierno debe explicar qué valor añadido aporta el Ministerio de Juventud e Infancia.

Nace el sentimiento de una generación estafada

El nacimiento de una generación estafada viene marcado por jóvenes a quienes se les prometió progreso y que siguen aplazando su independencia, su estabilidad y su proyecto familiar. Una generación que se forma trabaja y necesita que su esfuerzo permita construir una vida propia.

El reparto de ministerios dio a los socios del Gobierno un lugar en el Consejo de ministros. Ahora deben demostrar qué lugar han ganado los jóvenes en sus prioridades. La respuesta, la sabemos: ninguno.

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