La cuarta revolución industrial se enchufa en China
Está claro dónde están las fábricas de productos para la sostenibilidad, pero ahora debemos tener en cuenta dónde hay estabilidad y competitividad en la producción de energía.

Hierra de líneas eléctricas
La inteligencia artificial y las fábricas de la nueva economía funcionan con kilovatios baratos. China los genera a toda velocidad, mientras en España, con el mejor sol de Europa, los desperdiciamos día a día.
Klaus Schwab lo publicó hace diez años. En "La cuarta revolución industrial" describió un mundo de inteligencia artificial y fábricas que funcionan solas. Ya estamos inmersos en ese mundo y ya todos necesitamos muchos kilovatios y lo más baratos posibles.
Los centros de datos del mundo gastaron en 2024 unos 415 teravatios hora, el 1,5% de todo lo que se generó en el planeta. La Agencia Internacional de la Energía calcula que en 2030 rondarán los 945. Más de la energía total que consume hoy Japón entero. Un solo centro dedicado a inteligencia artificial chupa lo mismo que una fábrica de aluminio. Y esto no hace más que empezar, porque detrás vienen las gigafactorías de baterías y el resto de la industria nueva. Todo eso se puede diseñar en cualquier sitio. Lo que no se puede es fabricarlo donde la electricidad es cara o escasa.
La nueva materia prima se genera
China lo tiene claro desde hace años. En 2025 instaló más de 430 gigavatios nuevos entre sol y viento. Su capacidad total de generación creció un 16% en un solo año. El parque renovable ya supera el 60% del total y produjo el año pasado unos 4.000 teravatios hora limpios. Más que todo lo que consumieron juntos los 27 países de la Unión Europea. Solo con renovables, China generó quince veces la electricidad total de España.
Tanto excedente tiene su lógica. No se puede instalar una gigafactoría donde falta corriente ni donde el precio cambia cada hora. Necesita teravatios disponibles a precio cerrado con gran estabilidad gubernamental. China lleva una década construyendo exactamente eso mientras en Europa aun discutíamos el diseño del mercado.
España también batió su récord. En 2025 conectó casi 10 gigavatios renovables, el mejor año de su historia, y el 55,5% de su generación fue limpia. El problema es que el sistema no sabe qué hacer con tanta electricidad, y en 2025 se desaprovecharon 8.400 gigavatios hora de energía renovable, un 173% más que el año anterior. Para aterrizar esta cantidad, es lo que necesitan 2,4 millones de hogares durante un año entero tirada a la basura. Hubo además 798 horas en las que el precio del kilovatio fue cero o negativo. A mediodía regalamos la luz y por la noche toca quemar gas para hacer la cena.
España tiene el sol y tira la electricidad
La demanda eléctrica española no crece al ritmo de la generación. Falta la industria que se bebería ese sol del mediodía, fábricas grandes o centros de datos. No están aquí, entre otras razones, porque la gran industria europea pagó en 2025 su electricidad cerca de un 50% más cara que la china, según la propia Agencia Internacional de la Energía. Algunas empresas electrointensivas, no todas, llevan años avisando de que cierran líneas o retrasan inversiones por la factura. Con kilovatios caros no hay manera de competir contra quien los tiene baratos.
El resultado es una paradoja difícil de explicar. España tiene sol para aburrir y bate récords de generación limpia, pero tira la electricidad porque no encuentra quién se la compre. China, en cambio, genera tanto que puede ofrecer kilovatios baratos a cualquier fábrica del mundo que quiera instalarse. Ahí se puede ver dónde estarán los puestos de trabajo de la próxima década.
El debate ya no es quién fabrica, es quién se puede enchufar
Durante años hemos discutido quién fabrica los paneles y las baterías, pero esa discusión ya está clara y obsoleta. La cuarta revolución industrial plantea quién se puede permitir enchufarse a este cambio. Entrenar un modelo de inteligencia artificial consume teravatios, y las fábricas que vienen buscarán sitios donde el kilovatio salga barato todos los días del año.
La política industrial de verdad hoy está en la factura eléctrica. China la escribe a la baja y construye cada año más capacidad que el anterior. España tiene el sol y los récords, pero también los vertidos. Solo falta decidir si queremos ser el país que genera la energía de la revolución o el que se la compra hecha a quien supo dar soporte a esa necesidad.
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Patricia de la Torre