| 13 de Enero de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Toni Cantó
Toni Cantó

La embajada: Una lástima

Se veía venir. Inés Arrimadas ha enterrado al partido que tantas ilusiones despertó.

| Fernando Ferrando Edición Valencia

Toni Cantó se va y es una lástima porque en la tórrida política valenciana era el único que hacia una oposición firme en Les Corts. Al menos sus discursos valía la pena escucharlos.

Dice que se va desilusionado de la política y eso se entiende perfectamente. Hemos entrado en una dinámica política mezquina en la que nadie tiene un proyecto, ni aporta una idea. Sólo están ahí para ganar al adversario. La derecha quiere ganar para que la izquierda no arruine el país. La izquierda quiere ganar para que no gane la derecha. A partir de ahí, todo se reduce al titular ocurrente, a las arengas populistas y a los tejemanejes en los despachos para hacerle la puñeta al adversario político.

Podemos y Ciudadanos vinieron a arreglar la política española y para lo único que han servido ha sido para hacer ingobernable a este país. Es cierto que al principio sacudieron algunas conciencias, las prebendas de los políticos ya se pasaban de castaño oscuro. Pero acabaron integrándose en la oligarquía (la casta que decía Podemos) y olvidaron sus ideales y sus proyectos.

Toni Cantó estaba haciendo una oposición firme a la izquierda valenciana cargada de demagogia y de discursos políticamente muy correctos, pero absolutamente ineficaces. Más duro aún estaba siendo con la deriva nacionalista de Compromis. Y sin previo aviso, su jefa de filas pacta con la izquierda que se mantiene en el poder gracias a los nacionalistas. Destrozaban así el discurso al que se mantenía fiel Cantó y ha hecho lo mejor que podía hacer, decirles ahí os quedáis que me voy a mi casa.

Inés Arrimadas ha enterrado al partido que tantas ilusiones despertó. Se veía venir. Había sido una buena parlamentaria en Cataluña, donde exponía con firmeza su discurso constitucionalista. Ganó las elecciones, dejó tirado a su electorado en Cataluña, ni siquiera intentó formar gobierno. Se fue a Madrid, a medrar. Se hizo con el partido. Demasiado toro para una novillera. Y al final, el toro se llevado por delante a ella y a toda su cuadrilla. A ver si de una puñetera vez todos aprendemos que no se puede poner al frente de un partido o un gobierno a gente con poca o ninguna experiencia, por muy bien que queden ante las cámaras de televisión.