| 18 de Mayo de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Elogio del cachivache

No hay ignorancia o ausencia de modelo urbano. Se trata de una contracultura rancia, perversa en cierto modo, que iguala por debajo y desprecia la excelencia.

Hace un par de días cité el Elogio de la Fealdad del afamado arquitecto madrileño Salvador Pérez Arroyo -y cómo no el de la Locura del inefable Erasmo de Roterdam- con motivo de la presentación del libro Una aventura estética o El coleccionista de silencios del ilustre arquitecto alicantino Alfonso Navarro.

Hoy, cuando me dispongo a glosar el reportaje breve con el que ESdiario analiza el “modelo Ribó” para la capitalidad mundial del diseño, el prestigioso arquitecto valenciano Magín Ruiz de Albornoz, me recuerda el Elogio de la imperfección de la premio Nobel Rita Levi-Montalcini, y de él la acepción de librepensador que todavía algunos pretendemos alcanzar con denuedo. (La cita es larga pero recomendable)

Así que entre arquitectos, que no para arquitectos, ensayaré hoy muy brevemente y de forma más modesta que irónica con este Elogio del cachivache que, tal vez -sólo tal vez- resulte inédito e ignoto opúsculo de cabecera inspirador profundo de las particulares maneras urbanas de la actual política municipal. Esencia quizás de esa broma del urbanismo táctico que cuando adquiere cronicidad se convierte en broma pesada (como de bomba fétida, por ejemplo).

Han pasado dos años y en la plaza se ha ido deponiendo, concentrando e imponiendo, con calculada desgana, un código conductista fácil de reconocer

La Plaza del Ayuntamiento de Valencia (Place de l`Hôtel de la Ville en París, Piazza del Capidoglio en Roma, Grande Place en Bruselas, o Rathausplatz en Viena) se ha convertido a la vez en un laboratorio de pruebas y una dinámica caja de Pandora. Y en un esperpento urbano.

El Alcalde, largo por inteligente y caballero en el trato cuando quiere -a más de proponer a estas alturas calle al “otro”, lo que ya es elogio del cinismo- respaldado por los palmeros de turno, ha concentrado en la Plaza de la Villa -he evitado antes los más conocidos ejemplos nacionales, pues son tantos- una escenografía urbana que es la materialización de aquella farsa de proyecto de Reconstrucción de la Ciudad que nació muerto tras declarar pomposa y precariamente el final de la pandemia.

Acababan de florecer los maceteros de hormigón verdiblanco y apenas se habían sembrado las semillas de las braguitas y sujetadores (calzoncillos y suspensorios) a poco más de un euro. Han pasado dos años y en la plaza se ha ido deponiendo, concentrando e imponiendo, con calculada desgana, un código conductista fácil de reconocer. Cayó en saco roto la unánimemente aplaudida propuesta de candidatura de la ciudad de Valencia para una Exposición Universal rememorando la Regional de 1909. Renuncias estratégicas más graves hemos visto después.

Crece la política de gestos, autobombo y subvenciones a cercanos, como crece el número de expedientes urbanísticos, licencias de obras y actividad sin resolver

No hay ignorancia o ausencia de modelo urbano. Se trata de una contracultura rancia, perversa en cierto modo, que iguala por debajo y desprecia la excelencia. Que extiende, más que practica, un raro culto o cultivo de lo paleto, de lo cateto. Como una caricatura simpática de Mingote, o una película entrañable de Martínez Soria. Pero sin parodia alguna. Estos van en serio. Mientras pretenden destrozar al adversario como el niño envidioso y airado trata el juguete ajeno -incluso el propio- en sus rabietas .

Crece la política de gestos, autobombo y subvenciones a cercanos, como crece el número de expedientes urbanísticos, licencias de obras y actividad sin resolver y, en consecuencia, el obstáculo administrativo a la iniciativa privada. Tampoco es simple desidia. Es el sometimiento del ciudadano al aparato administrativo que caracteriza determinadas maneras de gobernar y de ser voluntariamente gobernados (lo contrario del librepensamiento, querido Magín).

De manera que esa colección de cachivaches que anidan de forma perenne o caduca en la plaza principal de Valencia, merecen como ensayo práctico, el elogio teórico que este ensayo breve -por extensión- y corto -por autoría-, propone otorgarle. Y que contiene, además de los propios objetos, tratamientos y acabados, las claves y los indicadores que caracterizan un modelo contracultural rancio y autoritario, pero modelo al fin y al cabo.