| 27 de Enero de 2023 Director Antonio Martín Beaumont

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Me ha gustado Feijóo

Percibí más seguridad que hooliganismo partidista y más prudencia realista que legítima fantasía. Ahora o nunca, pudiera ser la síntesis

| José María Lozano Edición Valencia

En defensa de un gran país. Con la etiqueta que se iniciaron en Badajoz hace unas semanas, los populares -de nuevo Partido Popular en su imagen corporativa- recibieron ayer a su líder en el Auditorio del “huevo” de la Feria de Valencia, que se quedó muy chico. “A rebosar” era el comentario satisfecho que, conformaba a los que iban llegando con menos antelación y tuvieron que quedarse fuera. Y no eran pocos.

Pero si ciertamente se rebosó el aforo, que sólo contando el “tirón” de autobuses de agrupaciones de Alicante, Castellón y Valencia ya se veía venir, también se rebosó el entusiasmo, y ese olor a victoria que la afición percibe por encima del slogan o la consigna, cuando las cosas se ponen a tiro.

No está el horno para muchos bollos cuando el otro -que visita hoy Valencia- ha pisado el acelerador del cuanto peor (para España) mejor (para él) en una semana, que llamarla “trágica” no sería exagerado si no fuera por las connotaciones que los más viejos no queremos rememorar precisamente. Ejercer un derecho legal -ayer mismo supimos que el PP ha presentado una ampliación razonable de su recurso de amparo tras la ignominiosa votación del jueves- no es ninguna pretensión de “amordazamiento parlamentario” como desde Bruselas, y en vergonzosa clave bolivariana denunciaba a la desesperada el presidente del Gobierno.

“No estéis tristes” recomendaba Alberto Núñez Feijóo al final de su intervención, cuando una cuidadosa proporción de banderas (españolas, valencianas y corporativas) al unísono con los aplausos celebraba a menudo una moral de victoria que los más antiguos han tenido archivada en los últimos tiempos.

Con naturalidad y sentido común, alejado de la oratoria al uso, más a lo Rajoy (sin citarlo), el líder gallego desgranó sin alarmismo innecesario el oscuro panorama que obvio aquí por conocido, en el que la cita con los valencianos ha venido a producirse. Un lapsus aparente en el discurso del candidato a la Generalitat Carlos Mazón, que aprovechó para recordar una importante presencia de la sociedad civil en el acto, permitió poner el objetivo en los resultados de 2003, cuando ayuntamientos, autonomía y Estado pintaban el mismo color azul. Breve e intensa, la primera en hablar, la candidata a la alcaldía del cap i casal  María José Catalá, arropada por sus colegas de Alicante y Castellón, y estimulada por las encuestas que ella mismo hizo públicas en la multitudinaria cena de Navidad del día anterior, mostró con soltura su imagen más institucional.

Percibí más seguridad que hooliganismo partidista y más prudencia realista que legítima fantasía. Ahora o nunca, pudiera ser la síntesis. Y una exhibición de fuerza y entusiasmo que pareciera olvidada entre la derecha valenciana.

Un pistoletazo de salida de una larga precampaña que augura no pocos sobresaltos.