| 05 de Julio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Gabriela Bravo, consellera de Función Pública
Gabriela Bravo, consellera de Función Pública

La teoría del espejo aplicada a la administración pública

La política que vaya encaminada a simplificar y reducir las cargas administrativas y burocráticas tiene que ser no un instrumento político si no una carretera común

La teoría del espejo, punto álgido de la carrera de Lacan a la hora de explicar el momento en el que los bebés adquieren conciencia de su yo y se reconocen ante el propio espejo, se presenta como una verdadera analogía para el momento actual que ejemplifica el reto que tenemos que afrontar como sociedad valenciana y para las Administraciones Públicas se nos hace, aún más evidente si cabe, la necesidad de liderar este proyecto de refundación.

Dentro de este ejercicio de introspectiva que ha de realizarse, fruto de la profunda transformación de las relaciones y jerarquía que está produciendo la crisis generada por la Guerra de Ucrania y la propia COVID-19, no podemos ser ajenos a la necesidad de replantear la estructura administrativa y burocrática de la propia Administración autonómica valenciana realizando un verdadero análisis de eficiencia y eficacia sin olvidar la función vertebradora de la actividad administrativa: el bienestar social.

La Comunitat Valenciana se enfrenta a un reto sin precedentes en materia de impulso y desarrollo económico en un entorno temporal que abarca el corto, medio y largo plazo desde un punto de vista tangencial.

La caída drástica del PIB de la Comunitat Valenciana, en un 10,1% en el ejercicio 2020, y unas previsiones de crecimiento lastradas por la falta de acreditación nacional e internacional de un proyecto sólido, hacen de nuestra Comunitat un lugar hostil para la inversión y la actividad económica y supondrán una reducción del nivel de vida para los valencianos y valencianas que ya tiene su reflejo en el incremento del 2,3% de ciudadanos que se encuentran en riesgo de pobreza según AROPE.

En estas circunstancias excepcionales, la política que vaya encaminada a simplificar y reducir las cargas administrativas y burocráticas tiene que ser no un instrumento político si no una carretera común por el que el conjunto de la sociedad transite. La posibilidad de contar con un marco regulatorio sencillo, dinámico y eficiente pondrá de manifiesto la capacidad del conjunto de los actores económicos para afrontar el enorme reto que se nos plantea por delante.

Es por eso que desde las administraciones publicas tenemos que exigirnos a nosotros mismos tres objetivos claros. En primer lugar, tenemos que reducir cargas administrativas, simplificar trámites y reducir burocracia con un enfoque transversal a todas las administraciones. En segundo lugar, hemos de dinamizar los procesos internos de lo conocido como “backoffice” y promover una cultura de la eficiencia en la tramitación.

Por último, hemos de afrontar el reto de la verdadera digitalización y no únicamente el destinar dinero público a comprar ordenadores, software o pagar el internet en el pueblo si no replantear el conjunto de los procedimientos desde un punto de vista informático y no sustituyendo trámites en papel por trámites en pdf.

El alcance competencial de tremenda transformación no puede ser objeto de un mero artículo de opinión, pero si puede ser la llama que encienda la mecha de la transformación. Unas Administraciones Públicas conscientes del doble papel que representan, esto es, como parte actora y como espectador de una sociedad cada vez más frugal, volátil y ávida de velocidad no pueden contemplar ajenas al tiempo que les toca vivir.

No todo es eficiencia y no todo es inmediatez, pero, a sensu contrario, no todo puede ser inmovilismo y dictadura procedimental en base a los designios de los catedráticos del siglo XIX.

+Economista y Funcionario Habilitado de Carácter Nacional.