26 de Julio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Bernardino. Imagen Santuario Compasión Animal
Bernardino. Imagen Santuario Compasión Animal

Yo no como animales

Quienes nos gobiernan siguen ignorando el sufrimiento de aquellos con quienes compartimos planeta. Hablan de carne, como si fuese algo abstracto, sin importar su origen

| Raquel Aguilar * Edición Valencia

Estos días se ha desatado la polémica porque el Ministro de Consumo ha invitado a que reduzcamos el consumo de carne en sus redes sociales, alegando motivos medioambientales y de salud.

 

La verdad es que, aunque celebro que se aliente a seguir una dieta en que los productos de origen vegetal tengan mayor relevancia, me ha indignado y por qué no, entristecido enormemente, la falta de sensibilidad hacia los protagonistas obligados de la macabra ecuación del consumo de carne: los animales.

 

Desgraciadamente quienes nos gobiernan siguen ignorando el sufrimiento de aquellos con quienes compartimos planeta, hasta el punto de que no merecen siquiera aparecer en el reparto de su propia película de terror. Hablan de carne, como si fuese algo abstracto, algo que aparece de pronto en el lineal de un supermercado, sin importar su origen. Sin importar que ese algo es en realidad el cuerpo descuartizado de alguien.

Alguien obligado a vivir una vida impuesta de miseria.

Alguien que con mucha probabilidad sólo ha sentido el aire en la cara y los rayos de sol sobre su piel durante el viaje al matadero.

Alguien que sólo tendrá paz cuando, después de que el frío acero seccione su garganta, le reciba la muerte.

 

Considero que este motivo, el evitar el sufrimiento de alguien que es capaz de sufrir y sentir, como tú o como yo, debería ser suficiente y el principal motivo para rechazar consumir productos de origen animal, dejando de este modo de ser partícipe de su martirio.

 

Sin embargo, han aparecido diversos personajes, unos atendiendo a intereses directos, otros a intereses indirectos, declarando con orgullo que ellos sí comen carne, como el propio presidente del gobierno, que incluso hacía un comentario que imagino consideraba gracioso, aunque no tuviese ni pizca de gracia, sobre todo para las vacas de las que se obtienen los chuletones.

 

Viendo y escuchando estas manifestaciones, y sobre todo el modo de hacerlas, la sorna en algunos casos y la  prepotencia en otros, puede detectarse rápidamente el grado de empatía, la capacidad de evolución y la apertura mental a los cambios de estas personas que las pronuncian.

 

Sólo durante 2019 fueron ejecutados en nuestro país más de 863 millones de animales para ser comidos

Sólo durante 2019 fueron ejecutados en nuestro país más de 863 millones de animales para ser comidos (datos del Ministerio de Agricultura). De ellos, la mayoría eran pollos (más de 720 millones), siguiéndoles en este macabro ranking los cerdos (casi 53 millones), los conejos (alrededor de 43,5 millones), los pavos (más de 30 millones), las ovejas (más de 10 millones), las vacas (superan los 2,5 millones), las cabras (casi 1,5 millones) y los más de 40.000 caballos. A estas cifras habría que sumar los peces, cuyos individuos es imposible cuantificar, ya que se consumen tantos que se cuentan por toneladas.

 

Esto implica que sólo animales no acuáticos, producidos en granjas, nos comimos durante 2019 casi 50 por persona. Si eliminamos a las personas vegetarianas-veganas y bebés, el número se incrementa notablemente.

 

¿De verdad nuestro paladar es más importante que las 50 vidas que cada año arrebatamos para acabar en nuestros platos?

Las opciones libres de animales están en aumento exponencial desde hace unos años. La tecnología de alimentos se ha puesto al servicio de las alternativas “cruelty free” y los productos que se consiguen, tanto por textura, como por sabor, permiten que a fecha de hoy se pueda rechazar el sufrimiento animal sin renunciar nuestras costumbres culinarias. De hecho, he participado en catas en que, no sólo se ha dudado del origen del alimento, sino que se ha seleccionado como preferido el basado en vegetales. Es más, no hace mucho, fue seleccionada como la mejor hamburguesa del mundo una vegana.

 

Así que no hay excusas para no plantearse, como mínimo, reducir la cantidad de carne que comemos.

En primer lugar, por ellos, por aquellos que viven un infierno y a quienes arrebatamos la vida para complacer a nuestro paladar, cuando existen alternativas que desde el punto de vista organoléptico y nutricional cumplen todos nuestros requisitos.

En segundo lugar, por el planeta. Porque es insostenible seguir manteniendo el sistema productivo más ineficaz que existe. Según la FAO se necesitan 15.400 litros de agua para producir 1 kg de ternera, 8.700 litros para 1 kg de cordero, casi 6.000 litros para 1 kg de cerdo y 4.300 litros para 1 kg de pollo. A este consumo desorbitado de un bien tan necesario como finito, hay que sumar su contaminación, especialmente las aguas subterráneas, y las emisiones de gases contaminantes que favorecen el efecto invernadero, sin olvidar otras consecuencias derivadas de la deforestación para producir infinitas toneladas de grano que alimenten a los millones de animales que matamos para comer cada día, como la pérdida y degradación de suelos y la reducción de la biodiversidad.

Según la FAO, en su informe “La larga sombra del ganado”, la ganadería es uno de los sectores con más repercusión negativa en el medioambiente, a todos los niveles. Esto, egoístamente, cobra especial relevancia cuando tienes descendientes, ¿te has planteado alguna vez el legado que les estamos dejando?

En tercer lugar, por tu salud. La OMS recomienda reducir el consumo de carne y estudios de organismos de prestigio como la Universidad de Oxford concluyen que el consumo de carne incrementa las probabilidades de padecer diabetes, cáncer o infarto.

En cuarto lugar, por los efectos económicos. ¿Imaginas cuánto se podría reducir el gasto sanitario con políticas de prevención que incluyesen la reducción del consumo de carne? ¿O invertir los millones de euros que destina el estado a subvencionar la ganadería, por ejemplo, en mejorar la asistencia a personas mayores y/o dependientes, o en la conservación de espacios naturales?

 

En la imagen podéis ver a Bernardino descansando plácidamente. Lo hace porque desafió a su destino, escapó de una granja y una segunda oportunidad le llevó a Santuario Compasión Animal. Los santuarios son lugares que escapan a las garras de la industria ganadera, donde sus habitantes pueden ser ellos mismos y vivir con dignidad.

Bernardino ha sido muy afortunado, a diferencia de sus hermanos, cuyos cuerpos troceados ya no existen porque han terminado en algún estómago, o incluso en esa basura donde tiramos aquello que nos sobra y no nos apetece.

 

Hace muchos años decidí que no tenía derecho a arrebatarle la vida ni a Bernardino ni a ningún otro animal. Por eso yo no como animales. Podrías pensar que sola no voy a cambiar el mundo. Sin embargo sí puedo salvar del infierno a todos aquellos animales que no me como, una media de 7.000 a lo largo de nuestra vida.

Además, no estoy sola. Cada vez somos más las personas que decidimos excluir a los animales de nuestros platos.

Y tú, ¿qué más motivos necesitas para dejar de comer animales?

*Coordinadora provincial de PACMA en Valencia