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SOLO PASA EN MARBELLA

Marbella, entre el champagne y el cuscús: Nikki Beach y Lucia Summer Club

Separados solo por unos metros de arena, comparten playa y parking, pero ofrecen experiencias completamente distintas. Nikki Beach es la fiesta sin freno; Lucia Summer Club, la calma bien servida. Dos maneras de vivir el verano marbellí, igual de lujosas, pero radicalmente opuestas.

A la izquierda, el ritmo imparable de Nikki Beach; a la derecha, la calma soleada de Lucia Summer Club.

A la izquierda, el ritmo imparable de Nikki Beach; a la derecha, la calma soleada de Lucia Summer Club.Victoria Peñalver

Victoria Peñalver
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@demayorcomotu

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Hay un rincón en Marbella donde parece que el verano vive una doble vida. A un lado, Nikki Beach: desenfrenado, ruidoso, vestido de blanco, con las copas bien arriba y el taconazo bien afilado. Al otro, Lucia Summer Club: tranquilo, familiar, con aroma a mar y sabor a cocina mediterránea. Dos estilos opuestos que, curiosamente, comparten playa, parking y hasta parte del personal. Pero que nadie se confunda: son como el día y la noche, el after y el aperitivo, el DJ set y el violín.

Lluvia de Champagne, saxo en directo y energía sin pausa: así es la fiesta diaria en Nikki Beach.

Lluvia de Champagne, saxo en directo y energía sin pausa: así es la fiesta diaria en Nikki Beach.Victoria Peñalver

Nikki Beach: fiesta con mayúsculas

Desde hace más de dos décadas, Nikki Beach Marbella es sinónimo de celebración desatada. Aquí no se brinda: se lanza el champagne al aire, sobre las cabezas bronceadas de quienes han reservado (y pagado generosamente) sus camas VIP. Hay música en vivo, saxofonistas que se pasean entre las mesas, desfiles improvisados y un público internacional que ha venido a hacer lo que mejor sabe: dejarse ver y vivirlo todo como si no hubiera un mañana.

El blanco es el color de la casa, pero también lo son el dorado del cava y el turquesa del mar, que se funde literalmente con la terraza del club. Y aunque el espectáculo es el alma de la fiesta, la gastronomía no se queda atrás: mariscos, sushi, ceviches y platos asiáticos se reparten en mesas donde lo visual importa casi tanto como el sabor. Todo acompañado, claro, de una carta de cócteles tan extensa como fotogénica.

Aquí se viene a disfrutar sin filtros: chicas con bikinis mínimos y tacones máximos, influencers buscando su mejor ángulo, y un ambiente que sube de intensidad a medida que avanza la tarde. La piscina —más decorativa que refrescante— funciona casi como una pasarela improvisada, un lugar para dejarse ver más que para nadar. El exceso, aquí, no es un problema: es parte de la experiencia.

Lucia Summer Club: el lado slow del lujo

Justo al lado —pero en otro planeta— se encuentra Lucia Summer Club. (Sí, Lucia, sin tilde: una elección sutil para que suene —y se entienda— igual en cualquier rincón del mundo). Este 'pop up' efímero abrió el 1 de julio y funcionará solo hasta finales de septiembre de 2025, como adelanto del restaurante Lucia Marbella, previsto para 2026. El concepto nació en Cannes, donde el grupo Nikki Beach estrenó su primer restaurante insignia, y ahora aterriza en la costa española con la misma apuesta por la Cuisine du Soleil, los colores vibrantes y el ambiente despreocupado. Pero aquí no hay locura: hay lujo descalzo, ese que se mide en calma, buena comida y vistas al mar sin estridencias.

Sombrillas ribeteadas de colores, platos mediterráneos y una gran piscina para quedarse horas: Lucia invita a la calma.

Sombrillas ribeteadas de colores, platos mediterráneos y una gran piscina para quedarse horas: Lucia invita a la calma.Victoria Peñalver

En Lucia todo se mueve a otro ritmo. Cuscús con verduras, pescado fresco, pastas y ensaladas coloridas llenan una carta pensada para saborear sin prisa. El entorno está cuidado al detalle: sombrillas blancas con ribetes en verde, granate y amarillo salpican el espacio como pinceladas alegres sobre un lienzo mediterráneo, y la vajilla, los cubiertos y hasta las copas suman a esa estética de calma soleada con estilo. La piscina, amplia y despejada, invita a nadar, a refrescarse y a pasar horas sobre los grandes flotadores de colores, dejándose llevar por el sol y el ambiente relajado.

También hay música, sí —un DJ que pincha en directo, pero con un tempo suave, íntimo, pensado para acompañar sin invadir. El ambiente, más familiar, está pensado para parejas, grupos tranquilos y viajeros que buscan desconectar, atraídos por el sol, la brisa y la conversación, sin necesidad de bailar sobre una mesa. Y sí, aquí también se venera el cóctel, pero más como arte líquido que como pasaporte a la euforia.

Dos caras de una moneda

Ambos espacios pertenecen al mismo universo (el del lujo costero marbellí), comparten ubicación y hasta algún camarero que cambia de uniforme según el turno. Pero ofrecen experiencias tan distintas que es imposible no compararlas. Son, en cierto modo, las dos caras del verano: el grito y el susurro, la foto y la charla, el espectáculo y el sabor.

¿Lo mejor? Puedes dedicar un día a cada uno. O, mejor aún, almorzar en Lucia, con sus sabores cuidados y ambiente relajado, y después subir unas escaleras y tomarte una copa en Nikki, dejándote llevar por la música y el desenfreno. Porque en Marbella, incluso los opuestos saben entenderse bajo el mismo cielo, frente al mismo mar.

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