Secretos bien guardados en la Costa del Sol
¿Qué tienen en común Lady Di, los Rolling Stones y Sabina?
Una princesa británica, una banda de rock mítica y un cantautor español. Difícil imaginar un trío más dispar. Y sin embargo, todos encontraron lo mismo en el mismo lugar: descanso, privacidad y ese lujo que no hace ruido.

Diana, Mick Jagger y Sabina, tres figuras con algo en común.
Lady Di, Mick Jagger y Joaquín Sabina. Difícil imaginar tres personalidades más distintas. Un triángulo inesperado que no comparte nacionalidad, ni profesión, ni estilo de vida. No es la edad, ni el gusto musical, ni siquiera el tipo de fama lo que los conecta. Y, sin embargo, los tres encontraron algo en común en un rincón soleado de la Costa del Sol.
Allí, en Mijas, a un paso del encantador pueblo blanco que corona la sierra, un hotel se convirtió durante décadas en refugio de estrellas. Hoy, renacido como La Zambra, sigue fiel a ese espíritu exclusivo. Donde antes brilló el icónico Byblos, símbolo del lujo discreto de los años ochenta y noventa, hoy se alza un resort cinco estrellas que ha sabido preservar la esencia de un lugar donde se tejieron historias memorables, listo para escribir nuevos capítulos.
En aquellos años dorados, este lugar era sinónimo de exclusividad. Diana de Gales, que inicialmente había reservado en un hotel de Marbella, eligió este enclave por su privacidad. Aquí disfrutó del sol andaluz sin ser molestada, y compartió días de descanso con sus hijos entre buganvillas y palmeras. Años más tarde, los Rolling Stones llegaron tras actuar ante 55.000 personas en Málaga en 1998. Para pasar desapercibidos, accedieron al hotel en el camión de reparto y reservaron una suite entera solo para guardar las botas de cuero y las chaquetas de lentejuelas de su gira. Pidieron, incluso, que se apagaran las máquinas del campo de golf. Querían silencio total.
Sabina convirtió este refugio en su santuario creativo. Se instaló durante meses en una suite que había sido utilizada por una emisora de radio y que estaba completamente insonorizada. Allí escribió parte de su disco Hotel, dulce hotel, entre garabatos matutinos y noches de conversación en el bar.
Otros célebres huéspedes dejaron su huella. Julio Iglesias, enamorado de Andalucía, convirtió el hotel en su hogar durante tres años mientras reformaba su casa en Ojén. Se instaló junto a Miranda y los niños en las suites presidenciales, con helicóptero a disposición para moverse entre su casa y el resort. Antonio Banderas también pasó por allí, no solo como huésped, sino como actor en pleno rodaje: practicaba esgrima junto a Catherine Zeta-Jones en los jardines del hotel, afinando coreografías para La máscara del Zorro.
El tiempo pasó, las puertas se cerraron… y, tras años de silencio, el alma del lugar volvió a latir con otro nombre: La Zambra. Sigue leyendo para saber más sobre este lugar que tantas leyendas han elegido como refugio.

En los patios de la Zambra, el silencio susurra historias.
Del mito al presente dormir como una estrella
Las 196 habitaciones y suites de La Zambra invitan al descanso sin pretensiones. Todas están bañadas por la claridad del Mediterráneo y decoradas con materiales nobles, texturas suaves y una paleta de tonos cálidos. Algunas ofrecen terrazas con vistas al campo de golf, otras disponen de piscina privada o incluso bodega. Todo invita a pensar que no estás en un hotel, sino en una casa luminosa y serena, lejos del ruido del mundo.

El placer de comer descalzo, sin perder un ápice de glamour.
Cuatro formas de saborear Andalucía
Palmito, el restaurante principal, es la opción más versátil y luminosa. Abierto desde el desayuno hasta la cena, combina platos mediterráneos con propuestas frescas y saludables. Aquí, el día comienza con zumos recién exprimidos, bollería artesana y un café humeante sobre individuales de hilo almidonado, mientras entra la luz por los ventanales.
Junto a la piscina, La Bartola eleva el concepto de chiringuito a una experiencia gourmet sin perder el sabor a mar: frituras, arroces, ensaladas y cócteles bien ejecutados se disfrutan con los pies casi rozando el agua.
Por último, Bamboleo es el rincón más relajado y musical. Un bar-terraza donde dejar que el atardecer se derrita en un vermú, probar tapas creativas o alargar la noche con una copa, siempre con el ritmo suave de fondo que hace honor a su nombre.

Mood Spa recupera el legado de uno de los primeros templos del relax en la Costa del Sol.
Piscinas, spa y bienestar
Ya en tiempos del antiguo Byblos, este rincón fue pionero en bienestar. Hoy, ese legado se amplía con el Mood Spa, un espacio de 2.000 metros cuadrados donde todo está pensado para el equilibrio físico y emocional. No cuesta imaginar a Diana aquí, intercambiando la pista de tenis por los contrastes de agua caliente y fría, o buscando serenidad lejos del bullicio.
Cinco recorridos distintos invitan a desconectar a través de circuitos de agua, jacuzzi, sauna, hammam y piscina interior, en este templo del bienestar considerado uno de los mejores spas de la Costa del Sol. La carta de tratamientos, creada junto a la firma Natura Bissé, se adapta a cada piel y estado de ánimo: relajar, revitalizar, reconectar o simplemente brillar.
A este universo de calma se suman salas para yoga y pilates, un gimnasio abierto 24 horas y espacios dedicados a la meditación o al descanso sin prisas. Porque aquí, cuidarse no es un lujo: es una forma de estar.

Golf a orillas del hotel, con vistas que se funden entre el verde y el azul.
300 días de sol… y la promesa de no hacer nada (o de hacerlo todo)
También hay pistas de pádel y tenis donde Diana de Gales perfeccionó su revés, protegida del mundo tras los muros encalados del hotel. Aquí, el tiempo se estira entre clases privadas, paseos en buggy y atardeceres sin reloj. Para quienes viajan en familia, hay club infantil; para los que celebran algo, espacios para eventos íntimos; y para todos, un servicio de conserjería que anticipa los deseos antes de que lleguen a formularse.
Que Diana de Gales, los Rolling Stones y Sabina compartieran el mismo refugio no es casualidad. Este rincón de Mijas ha sido, y vuelve a ser, un destino donde el lujo se mide en tiempo, en silencio y en detalles bien pensados.
La Zambra recoge el testigo de un lugar mítico y lo transforma en una experiencia actual, elegante y sensorial. No hace falta ser una celebridad para sentirse tratado como tal. Basta con cruzar su puerta y dejarse llevar por la calma, la belleza y la historia que aún resuena entre sus muros, como una estrofa de Sabina o el eco de Jagger pidiendo que apaguen el cortacésped.