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El detalle que todos ven pero casi nadie entiende en los rostros de la plaza Mayor de Salamanca

Qué cuentan de verdad los medallones de la plaza Mayor de Salamanca y por qué importan más de lo que parece.

Los medallones se distribuyen por toda la plaza, formando una galería visual de poder, cultura y memoria histórica

Los medallones se distribuyen por toda la plaza, formando una galería visual de poder, cultura y memoria históricaGetty Images

Patricia de la Torre
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Quien pasea por la plaza Mayor de Salamanca suele levantar la vista y toparse con decenas de rostros esculpidos en piedra. Están ahí, presentes en cada arco, mirando en silencio desde hace siglos. Pero pocos saben que esos bustos no son decoración sin más. Son una forma de contar quién mandaba, a quién se admiraba y qué se quería recordar desde el siglo XVIII hasta hoy. Otra de las curiosidades históricas de Salamanca que sorprenden.

La plaza empezó a levantarse en 1729 y se ha convertido en uno de los grandes símbolos del barroco español. A simple vista es armónica y deslumbrante, pero lo que de verdad la hace única está en los pequeños detalles. El más potente: sus medallones. Hay 86 rostros esculpidos que cuentan la historia de España y de Salamanca, desde reyes como Felipe V o Carlos III hasta escritores como Cervantes, Santa Teresa o Unamuno. Ninguno está ahí por casualidad.

Los medallones de la plaza Mayor de Salamanca explican quién manda, quién inspira y quién queda fuera

El primero en colocarse fue el de Felipe V, el rey bajo cuyo reinado comenzaron las obras del recinto. Su rostro aparece hasta tres veces, un gesto que ya da pistas del uso simbólico del espacio. A lo largo de los años, se han sumado monarcas, militares, conquistadores, sabios y figuras religiosas, todos distribuidos según su papel en la historia y su vínculo con la ciudad.

Los medallones no se instalaron de una vez. Se hicieron por fases y en pabellones diferenciados: el Real (dedicado a la monarquía), San Martín (militares y héroes), Petrineros (cultura) y Consistorial (personalidades diversas y figuras de poder). Cada rostro encaja en una lógica jerárquica que todavía hoy sigue vigente. Para que una nueva figura sea incluida, debe contar con una propuesta formal, validación de la Comisión Territorial de Patrimonio y respaldo institucional. Nada se deja al azar.

La plaza Mayor, epicentro de la vida salmantina, combina belleza arquitectónica y relato histórico a través de sus medallones

La plaza Mayor, epicentro de la vida salmantina, combina belleza arquitectónica y relato histórico a través de sus medallonesGetty Images

Alfonso IX y la Universidad: cuando la piedra cuenta algo más que historia

En agosto de 2025 la plaza sumó una cara nueva: Alfonso IX de León. Fue quien fundó la Universidad de Salamanca en 1218, y que ahora, por fin, tiene su sitio en este lugar tan simbólico gracias a la petición de la propia universidad. Su llegada no solo recupera la figura de un rey que muchos habían dejado en el olvido, también demuestra que la plaza está más viva que nunca, y que seguimos dándole nuevos sentidos al pasado según lo que valoramos hoy.

Qué vemos y qué no vemos cuando miramos hacia arriba

Los visitantes y muchos locales pasean por la plaza sin saber que entre los arcos se esconde una clase magistral de historia nacional. Porque cada busto tiene un porqué, una elección y, a menudo, también una ausencia. Durante décadas, por ejemplo, figuró en un lugar destacado el rostro de Francisco Franco, colocado en 1936 y retirado en 2017 en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica. Su eliminación fue un cambio de paradigma sobre qué pasado se legitima en el espacio público.

El busto de Franco, instalado en 1936, fue retirado en 2017 en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica

El busto de Franco, instalado en 1936, fue retirado en 2017 en cumplimiento de la Ley de Memoria HistóricaGetty Images

Ese es justo el poder que tienen los medallones: cuentan tanto lo que se quiso mostrar como lo que se prefirió dejar fuera. Son el reflejo de lo que una ciudad decide recordar o enterrar, del pulso entre la tradición y las nuevas miradas. Si los observas con calma, lo que estás viendo es una historia escrita en piedra.

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