Un chapuzón diferente
Un paraíso termal a solo una hora de Zaragoza (y a dos de Madrid)
Un lago termal, tratamientos para cuerpo y alma, tres hoteles para todos los presupuestos y un entorno de cuento con monasterios, cascadas y leyendas medievales. Así es este rincón secreto de Aragón.

El lago termal, ideal para un chapuzón en familia.
No hace falta irse lejos para desconectar. A solo una hora de Zaragoza y dos de Madrid, junto a la A-2, se esconde uno de esos lugares que parecen inventados para olvidarse del reloj. El Balneario de Termas Pallarés, en Alhama de Aragón, es uno de los grandes secretos termales del interior peninsular. Y tiene un tesoro natural único en Europa: un lago termal de aguas cristalinas, siempre agradables, donde se puede nadar al aire libre de marzo a diciembre. Perfecto para una escapada que combina naturaleza, descanso y un toque de historia.
Además, Alhama cuenta con estación de tren, lo que facilita la llegada tanto desde Zaragoza como desde Madrid.
¿Cómo es posible que sea ideal en verano y en invierno?
Es uno de esos secretos que no parecen reales hasta que los ves. El lago del balneario brota de forma natural a 32 grados, alimentado por manantiales subterráneos que emergen desde más de 1.300 metros de profundidad. Rodeado de vegetación y sin rastro de cloro, no es un sueño ni está en Islandia. Está en Alhama de Aragón y es el corazón del Balneario Termas Pallarés, un conjunto termal con más de 150 años de historia que ha sabido mantener el encanto de lo clásico sin renunciar a las comodidades actuales.

Un oasis natural donde evadirse del calor.
Este pequeño milagro natural mantiene sus aguas a 28 grados constantes, lo que lo convierte en un refugio cálido en invierno y en un baño refrescante —sí, refrescante— en pleno verano. La diferencia con el aire, la calidad del agua y la tranquilidad del entorno lo convierten en una delicia estival. Y en los meses fríos, el vapor que cubre la superficie crea una atmósfera mágica, como de cuento nórdico.
El lago fue utilizado con fines terapéuticos desde el siglo XIX, cuando la alta sociedad española acudía a Alhama en busca de salud y descanso. Hoy sigue siendo el alma del complejo. Bañarse aquí es una experiencia tan sorprendente como relajante. Rodeado de árboles y con más de 68.000 metros cuadrados de jardines, invita a flotar durante horas sin prisa. En invierno, las nieblas del vapor lo envuelven en misterio; en verano, las pequeñas islas interiores ofrecen rincones soleados y silenciosos. Y todo ello con los beneficios de sus aguas mineromedicinales: alivio del estrés, mejora de la circulación, tonificación muscular y bienestar general.
Un balneario con historia… y con opciones
El complejo cuenta con tres hoteles de distintas categorías, lo que lo convierte en una opción flexible para todo tipo de viajeros. El Hotel Parque (3 estrellas) es sencillo y funcional, ideal para quienes buscan una estancia tranquila a buen precio. El Hotel Termas (4 estrellas) combina confort y elegancia discreta con un presupuesto medio. Su arquitectura clásica y vistas al entorno lo hacen perfecto para una escapada reposada. Y el Gran Hotel Cascada (4 estrellas superior) combina elegancia clásica y suites premium.

Relax asegurado dentro y fuera del agua.
Todos los edificios comparten una estética común que mezcla el estilo neomudéjar y el racionalismo historicista, herencia del auge termal del siglo XIX. Espacios amplios, suelos hidráulicos, cerámica antigua, arcos y estructuras de ladrillo visto confieren al conjunto una atmósfera clásica, elegante y silenciosa, que evocan la elegancia de otros tiempos.
Desde cualquiera de los hoteles se accede fácilmente al lago y también es posible reservar el circuito termal interior, que incluye una amplia piscina climatizada en un espacio abovedado con arcos, chorros a presión para relajar los músculos, zonas de descanso con tumbonas térmicas y piscinas de contraste frío-calor para activar la circulación.
Además, el centro termal ofrece una amplia gama de tratamientos: desde envolturas con lodos, masajes, sesiones de fisioterapia o estética, hasta el chorro en cascada, una potente técnica de hidroterapia que mejora la oxigenación, relaja la espalda y contribuye a la salud pulmonar.
Alhama de Aragón, donde el agua escribe la historia
El municipio que acoge este oasis termal también merece una parada. Alhama de Aragón vive en simbiosis con el agua desde tiempos romanos. Su nombre ya lo dice todo —al-hamma significa “baños termales” en árabe— y hoy sigue respirando tranquilidad entre plazas, fuentes, bares de tapas y paseos a orillas del río Jalón.

Un pueblo tranquilo donde historia y termas se entrelazan.
Sus calles conservan el encanto de una villa termal decimonónica, con antiguas murallas, lavaderos, fuentes históricas y una plaza mayor que aún destila la calma de otro tiempo. Entre sus edificios más destacados se encuentran la Casa Palacio (siglo XVI), el Palacio de los Padilla y el Palacio del general Juan Gil Martínez. También merece la pena dejarse llevar por el ambiente de sus fiestas patronales, donde la tradición cobra vida al ritmo de la música y las costumbres locales.
Una excursión imprescindible: el Monasterio de Piedra
A menos de 20 minutos en coche desde el balneario, te espera uno de los parajes más espectaculares del interior de España: el Monasterio de Piedra, uno de los enclaves más visitados de Aragón. La antigua abadía cisterciense del siglo XII es hoy un parque natural lleno de cascadas, grutas, senderos y vegetación exuberante. Un lugar donde el agua cobra vida en cada rincón y donde la historia se mezcla con la naturaleza más salvaje.

Un paseo entre historia y naturaleza vivas.
Pocos lugares ofrecen un contraste tan hermoso entre la serenidad de una construcción monástica y la energía del agua corriendo sin descanso. Es una excursión imprescindible si estás por la zona, sobre todo si te gusta combinar naturaleza con historia y fotografía.
Entre baños al aire libre, techos altos y naturaleza exuberante, el Balneario Termas Pallarés se presenta como uno de esos destinos que lo tienen todo. Ya sea para un fin de semana, una escapada sin coche o unas vacaciones centradas en el bienestar, este rincón de Aragón demuestra que, a veces, el auténtico lujo está más cerca de lo que creemos.