Este bar vasco transforma cada pincho en alta cocina (y la Guía Michelin lo confirma)
'Gran Sol', en Hondarribia, eleva el tapeo vasco a categoría gourmet con una propuesta que enamora a la Guía Michelin y convierte este rincón del Cantábrico en destino imprescindible de otoño.
La barra de Gran Sol impresiona a primera vista: decenas de pinchos alineados, cada uno con su historia y su toque de autor.
Cuando la Guía Michelin incluyó al madrileño Doppelgänger Bar como uno de los mejores exponentes del tapeo contemporáneo, quedó claro que el formato del bar informal ya no está reñido con la alta gastronomía. En esa misma selección, aunque a más de 400 kilómetros del mercado de Antón Martín, aparece otra joya que lo confirma: el bar 'Gran Sol', en Hondarribia, Guipúzcoa. Allí, entre fachadas de colores y brisa marina, se sirve una de las experiencias gastronómicas más auténticas y sorprendentes del norte de España.
No es la primera vez que la ciudad vasca figura en el radar del sabor internacional. La sopa de pescado de Hondarribia fue reconocida por Japón como una de las mejores del mundo, y desde entonces, este humilde plato marinero se ha convertido en culto gastronómico.
Lo que distingue a 'Gran Sol' no es solo su ubicación frente al puerto ni el encanto del pueblo vasco donde se ubica, sino el modo en que cada pincho se convierte en una pequeña obra de precisión. Y la Guía Michelin no se lo ha pensado dos veces al incluirlo en su exclusiva lista de los bares de tapas imprescindibles de España.
'Gran Sol' en Hondarribia: el destino ideal para una escapada con sabor
En 'Gran Sol' los pinchos saben a lo que tienen que saber, pero con ese punto afinado que lo cambia todo. Entre sus pinchos más famosos están 'Los lunes al sol', una costilla a la barbacoa que se deshace sola; el 'Huevo mollete', servido sobre migas de pastor al chipirón con un jugo de ave potente y sabroso; y 'Mika', una brocheta de gambas y bacon con un giro oriental sobre tosta de cebolla.
El local está en pleno corazón de Hondarribia, un pueblo que invita a bajar revoluciones. Su casco antiguo, con murallas, callecitas adoquinadas y balcones llenos de flores, es de esos lugares que piden caminar sin mirar el reloj. Y si la ruta acaba en una terraza frente al mar, con una copa en la mano y un pincho recién salido de cocina, mejor todavía.
Septiembre y octubre son perfectos para escaparse al norte. Con la bajada de turistas y los ingredientes en su mejor momento, Hondarribia se disfruta con calma. Gran Sol no es un secreto, ni falta que le hace, pero sí es uno de esos sitios que te recuerdan por qué viajar para comer sigue siendo el mejor plan del mundo.