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Entre el Duero y el océano

El hotel que conecta el Oporto histórico con la costa atlántica

Entre el Duero y el Atlántico, Oporto esconde dos ciudades muy distintas. Situado en la Avenida da Boavista, el Crowne Plaza Porto by IHG permite descubrir ambas en una misma escapada, combinando patrimonio, gastronomía, playas y largos paseos frente al océano.

Oporto y el Atlántico: dos formas de entender un mismo viaje.

Oporto y el Atlántico: dos formas de entender un mismo viaje.Victoria Peñalver

Victoria Peñalver
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La imagen más reconocible de Oporto mira al Duero. Allí se concentran el puente de Don Luis I, la Ribeira, las bodegas de Vila Nova de Gaia y buena parte del patrimonio histórico de la ciudad. Pero Oporto también mira al Atlántico. A apenas unos kilómetros, las playas, las fortalezas y los paseos marítimos dibujan un paisaje completamente distinto que muchos visitantes dejan para otra ocasión.

Situado en Boavista, el Crowne Plaza Porto by IHG permite descubrir ambas caras de la ciudad desde una posición privilegiada. Su ubicación facilita dedicar una jornada al casco histórico y otra a la costa atlántica, una combinación que amplía la experiencia de cualquier escapada a Oporto más allá de los lugares imprescindibles.

Un hotel pensado para disfrutar la ciudad

El Crowne Plaza Porto reúne las características de un gran hotel de ciudad. Sus habitaciones, recientemente renovadas, priorizan la amplitud y la comodidad. El restaurante soMos acerca la gastronomía portuguesa a través de una cocina de producto con un enfoque actual. El bar ofrece un ambiente tranquilo para alargar la conversación o tomar un cóctel antes de dar por terminada la jornada.

Descansar también significa saborear, cuidarse y bajar el ritmo.

Descansar también significa saborear, cuidarse y bajar el ritmo.Victoria Peñalver

Su perfil urbano y sus amplios espacios para reuniones lo convierten en una opción especialmente interesante para quienes viajan a Oporto por trabajo. La ciudad figura hoy entre los principales destinos europeos para congresos y eventos profesionales. En ese contexto, el hotel sorprende con una iniciativa poco habitual: ofrece a sus huéspedes la posibilidad de adoptar una planta durante toda la estancia. Un gesto sencillo que, más allá del guiño a la sostenibilidad, contribuye a crear un ambiente más acogedor para quienes pasan varios días fuera de casa.

Un hotel donde el bienestar también florece en pequeños gestos.

Un hotel donde el bienestar también florece en pequeños gestos.Victoria Peñalver

Después de una jornada recorriendo Oporto o paseando junto al Atlántico, el spa ofrece un agradable paréntesis de bienestar. Jacuzzi, sauna y baño turco preceden a una carta de tratamientos en la que sobresale un masaje inspirado en el fado, una experiencia que traslada al cuerpo el ritmo pausado y la emoción del género musical más representativo de Portugal.

Un día entre azulejos, miradores y puentes de hierro

Desde el hotel, el centro histórico se alcanza en pocos minutos. Allí espera una ciudad que parece contarse a través de sus fachadas e interiores de azulejos blancos y azules, presentes tanto en edificios civiles como en numerosos templos religiosos.

Pocas imágenes resumen mejor esa identidad que la estación de São Bento. Sus más de 20.000 piezas pintadas a mano por Jorge Colaço convierten el vestíbulo en un inmenso mural que recorre algunos de los momentos más representativos de la historia de Portugal.

Muy cerca aparecen otros lugares imprescindibles como la iglesia de San Ildefonso, las iglesias gemelas del Carmen y de las Carmelitas, la torre de los Clérigos o la catedral, que domina la ciudad desde lo alto. Tampoco conviene perderse la iglesia de San Francisco, célebre por su exuberante interior barroco, ni el entorno del Palacio Episcopal.

Cada azulejo guarda una historia escrita sobre piedra y cerámica.

Cada azulejo guarda una historia escrita sobre piedra y cerámica.Victoria Peñalver

Uno de los descubrimientos menos conocidos es el mirador de Fontainhas. Desde allí se obtiene una de las mejores panorámicas del Duero, con el puente de Don Luis I en primer plano, el Mosteiro da Serra do Pilar al otro lado del río y, un poco más atrás, el puente de María Pía, obra del ingeniero Gustave Eiffel antes de levantar su célebre torre en París.

Para recorrer estas empinadas calles resulta especialmente recomendable hacerlo a bordo de los pequeños vehículos eléctricos de Old Tour Porto, capaces de acceder con comodidad a rincones donde los autobuses turísticos no llegan.

Para recuperar fuerzas, una parada para probar una francesinha es casi obligada. Este icono de la cocina portuense combina varias carnes entre rebanadas de pan de molde, queso fundido y una inconfundible salsa picante que cada restaurante prepara según su propia receta. Quienes prefieran una propuesta más ligada a la tradición portuguesa encontrarán también en el bacalao uno de los grandes protagonistas de las cartas de la ciudad.

Otra cara de Oporto junto al Atlántico

Si el centro histórico representa el alma más monumental de la ciudad, la costa atlántica muestra un Oporto completamente diferente. Desde el hotel, un breve trayecto conduce a Matosinhos, una zona muy apreciada por los propios habitantes de la ciudad.

Playas, faros y mercados: el Atlántico se vive mucho más despacio.

Playas, faros y mercados: el Atlántico se vive mucho más despacio.Victoria Peñalver

La visita puede comenzar en el Mercado de Matosinhos, donde los puestos de verduras comparten protagonismo con una impresionante zona dedicada al pescado y al marisco. A partir de ese punto, el paseo marítimo invita a recorrer la costa sin prisas, enlazando playas, miradores y fortalezas a lo largo del litoral atlántico hasta la desembocadura del Duero. Puede disfrutarse a pie, aunque también es posible hacerlo en bicicleta o patinete, disponibles en distintos puntos del trazado.

En los meses más cálidos, cualquiera de sus playas de arena fina ofrece una buena oportunidad para hacer una pausa, darse un baño o simplemente disfrutar del ambiente atlántico.

El océano revela un Oporto diferente, sereno y sorprendentemente cercano.

El océano revela un Oporto diferente, sereno y sorprendentemente cercano.Victoria Peñalver

Desde el Forte de São Francisco Xavier, conocido popularmente como Castelo do Queijo por la roca sobre la que fue construido, el recorrido continúa entre amplias aceras y pasarelas de madera reservadas para los peatones. Más adelante aparecen la Praia do Molhe, con sus características casetas de baño, la elegante Pérgola da Foz, el Forte de São João Baptista da Foz, los jardines del Passeio Alegre y el Farolim de Felgueiras, donde el Duero se funde con el Atlántico.

Dos formas de descubrir una misma ciudad

Oporto no obliga a elegir entre patrimonio y mar. En apenas unos kilómetros conviven iglesias cubiertas de azulejos, puentes de hierro, mercados tradicionales, playas urbanas y algunos de los paseos marítimos más elegantes de Portugal.

El centro histórico invita a caminar despacio entre monumentos, miradores y calles centenarias. La costa atlántica propone bajar el ritmo, pasear junto al océano, hacer una pausa en la playa o disfrutar de una comida frente al mar. Entre ambos escenarios, el Crowne Plaza Porto ofrece un punto de partida privilegiado para descubrir una ciudad mucho más completa. Solo cuando se recorren el Duero y el Atlántico en una misma escapada se descubre que ambos forman parte de la auténtica identidad de Oporto.

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