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EL MAYOR GLACIAR DE LOS ALPES

El glaciar Aletsch de Suiza: una experiencia que cambia tu forma de mirar la montaña

Dos maneras de acercarse al glaciar suizo de Aletsch: admirarlo desde uno de sus miradores o caminar sobre él. La primera revela su grandeza. La segunda permite comprender su fragilidad.

El glaciar Aletsch, el mayor glaciar de los Alpes impresiona incluso desde la distancia.

El glaciar Aletsch, el mayor glaciar de los Alpes impresiona incluso desde la distancia.Victoria Peñalver

Victoria Peñalver
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El primer crujido del hielo bajo los crampones rompe un silencio casi absoluto. Avanzamos despacio, unidos por una cuerda y acompañados por un guía de alta montaña, entre grietas con varios metros de profundidad por las que el glaciar parece dejarnos ver su interior, de color azul intenso. Resulta difícil imaginar un paisaje más antiguo y, al mismo tiempo, tan vivo.

Entre profundas grietas, cada paso sobre el hielo exige prudencia y respeto.

Entre profundas grietas, cada paso sobre el hielo exige prudencia y respeto.Victoria Peñalver

Durante un recorrido de unas dos horas, la excursión consiste en avanzar con cuidado, ayudándonos unos a otros y dejándonos sobrecoger por la inmensidad del lugar. No es una excursión cualquiera. Lo más desconcertante del Aletsch es que está formado por hielo, un material que parece frágil y efímero y, sin embargo, ha sido capaz de resistir aquí durante miles de años. Con unos 20 kilómetros de longitud y hasta 800 metros de hielo bajo nuestros pies, el Aletsch es el mayor glaciar de los Alpes y forma parte del Patrimonio Mundial Jungfrau-Aletsch de la UNESCO.

Un antes y un después en el camino

Pero, justo en el momento en el que más te impresiona la dureza del glaciar, ese instante en el que más grande y robusto lo ves, el guía se detiene y señalando la enorme lengua de hielo, explica una realidad difícil de asumir. Nos dice que a este gigante le quedan solo décadas de vida. Es entonces cuando la experiencia cambia por completo. Pasas a ser consciente de que lo que parecía un paisaje eterno, tiene fecha de caducidad.

Cada medición confirma que el glaciar ya está cambiando.

Cada medición confirma que el glaciar ya está cambiando.Victoria Peñalver

Todo adquiere entonces un significado diferente. Lo que hasta ese momento era una caminata fascinante se transforma en un recorrido lleno de preguntas. Habías leído innumerables noticias, visto documentales, leído revistas especializadas y escuchado hablar del retroceso de los glaciares, pero nada te prepara para descubrirlo mientras estás sobre uno de ellos.

Sin darte cuenta, cada paso deja de ser un simple apoyo sobre el hielo para convertirse casi en una caricia de despedida.

¿Cómo es posible que una masa de hielo que ha sobrevivido durante miles de años pueda desaparecer ante la mirada de las próximas generaciones?

La respuesta está bajo nuestros pies. El guía explica que, durante los episodios de calor extremo, el glaciar puede llegar a perder alrededor de un metro en algunas zonas en apenas una semana. Más allá de la cifra, lo verdaderamente impactante es entender que ese proceso no se refiere a un futuro lejano. Está ocurriendo ahora.

Una fotografía histórica explica mucho más que cualquier cifra.

Una fotografía histórica explica mucho más que cualquier cifra.Victoria Peñalver

Desde ese instante, el paisaje ya no vuelve a contemplarse igual. La inmensidad sigue siendo la misma, pero aparece una sensación amarga, una mezcla de admiración y melancolía al pensar que quienes regresen dentro de unas décadas probablemente encontrarán un glaciar diferente. Aquí las grandes transformaciones del planeta dejan de ser estadísticas o gráficos para convertirse en una experiencia que se pisa, se observa y permanece en la memoria.

Mucho más que hielo

La pregunta surge casi de forma inevitable: ¿qué se pierde realmente cuando desaparece un glaciar? El Aletsch almacena una cantidad de agua gigantesca: sus cerca de diez mil millones de toneladas de hielo contienen tanta agua que, al fundirse, podrían proporcionar un litro diario a toda la población española durante más de cinco siglos.

Esta enorme masa de hielo funciona como reserva natural de agua: acumula las precipitaciones durante años y alimenta los ríos en verano, cuando el calor aprieta y escasean las lluvias. Cuando esa reserva disminuye, también lo hace su capacidad para sostener los caudales durante los periodos más secos.

Su importancia va mucho más allá del paisaje. Su retroceso transforma además la propia montaña. Surgen nuevos lagos, quedan expuestos terrenos inestables y cambian los ecosistemas que durante siglos se han desarrollado alrededor del hielo. En el caso del Aletsch se perdería también un laboratorio natural excepcional, capaz de explicar la formación de los Alpes y de mostrar, casi año a año, la velocidad con la que está cambiando el planeta.

Villa Casel, donde la historia y la ciencia comparten techo.

Villa Casel, donde la historia y la ciencia comparten techo.Victoria Peñalver

Quien quiera entender realmente el Aletsch debería reservar también un momento para visitar la Villa Cassel, en Riederalp. La que fuera residencia de verano del financiero británico Sir Ernest Cassel —y donde Winston Churchill pasó varias semanas en 1905, como todavía recuerda el libro de huéspedes— alberga hoy el Centro Pro Natura Aletsch. Sus exposiciones explican cómo ha evolucionado el glaciar durante las últimas décadas, qué papel desempeña en el equilibrio natural de los Alpes y cuáles pueden ser las consecuencias de su retroceso. Después de caminar sobre el hielo, recorrer sus salas permite poner en contexto todo lo vivido durante la excursión.

Una montaña donde el coche deja de ser necesario.

Llegar al glaciar Aletsch también forma parte de la experiencia. Muchos de los viajeros acceden en tren desde Zúrich, Ginebra o Basilea y, una vez en el valle, descubren que el coche deja de tener sentido en esta zona.

Suiza conecta sus montañas sin renunciar al paisaje.

Suiza conecta sus montañas sin renunciar al paisaje.Victoria Peñalver

Trenes, autobuses, telecabinas, teleféricos y telesillas conectan los pueblos del valle Fiesch y Mörel, con las aldeas libres de coches, situadas en altura, Bettmeralp, Riederalp o Fiescheralp. En invierno sus calles forman parte de las pistas de esquí. En verano son el punto de partida de senderos que conducen a bosques, praderas y miradores.

Miradores desde los que entender la inmensidad de los Alpes

Aunque caminar sobre el glaciar es una experiencia inolvidable, no hace falta ponerse unos crampones para comprender la magnitud del Aletsch. Basta con subir a cualquiera de los grandes miradores que rodean el glaciar para disfrutar de una de las pocas panorámicas que permiten contemplar el glaciar en toda su extensión.

La inmensidad del Aletsch, al alcance de todos.

La inmensidad del Aletsch, al alcance de todos.Victoria Peñalver

Desde Eggishorn, Bettmerhorn, Moosfluh o Hohfluh la mirada se desliza sobre una inmensa lengua de hielo que parece no tener fin. Bettmerhorn cuenta además con un mirador adaptado mediante pasarelas accesibles, lo que permite que personas con movilidad reducida también puedan contemplar el glaciar en toda su extensión.

Es también el mejor lugar para apreciar cómo tres grandes corrientes procedentes de distintos circos glaciares confluyen en una única lengua, marcada por dos morrenas oscuras que la dividen en enormes franjas de hielo, como si la montaña hubiera escrito su propia historia sobre el hielo.

En los días despejados, el espectáculo no termina en el glaciar. El horizonte reúne algunas de las cumbres más emblemáticas de Europa, entre ellas el Matterhorn, el Mont Blanc y decenas de picos que superan los 3.000 y los 4.000 metros. Un paisaje que ayuda a entender por qué este rincón de Suiza figura entre los grandes paisajes alpinos del continente.

Un refugio frente al calor del verano

Lejos de la imagen de un territorio reservado exclusivamente al invierno, la región del Aletsch despliega durante los meses de verano una enorme oferta de actividades al aire libre. Basta comparar el mismo paisaje en enero y en julio para comprender que la montaña tiene dos personalidades completamente distintas. Cuando la nieve desaparece de las cotas más bajas, la región se transforma en uno de los destinos estivales más atractivos del país.

Invierno y verano, dos formas de descubrir Aletsch Arena.

Invierno y verano, dos formas de descubrir Aletsch Arena.Victoria Peñalver

Más de 300 kilómetros de senderos y más de un centenar de kilómetros de rutas para bicicleta de montaña recorren bosques y praderas alpinas. A ello se suman el campo de golf de nueve hoyos más alto de Suiza, situado a 2.000 metros de altitud, y los lagos de montaña, donde es posible practicar paddle surf, navegar en barca de pedales o simplemente disfrutar de un baño rodeado de cumbres. Además, cada verano, la región acoge la media maratón de Aletsch, una de las pruebas de trail más espectaculares y exigentes de los Alpes, que reúne a corredores de todo el mundo.

Lo que para los habitantes de la zona puede considerarse un verano caluroso, para quien llega desde buena parte del sur de Europa sigue siendo un auténtico alivio frente a las olas de calor. Aquí el aire huele a bosque, el agua baja helada de las cumbres y las noches invitan a dormir con la ventana abierta.

El agua del lago multiplica la belleza de un paisaje ya de por sí extraordinario.

El agua del lago multiplica la belleza de un paisaje ya de por sí extraordinario.Victoria Peñalver

Por supuesto, durante la travesía sobre el hielo son imprescindibles el cortavientos, el gorro y los guantes. En apenas unos metros la temperatura desciende varios grados, un contraste que ayuda a comprender por qué la alta montaña sigue siendo el último refugio de estos gigantes de hielo.

Una belleza que merece ser conocida... y protegida

Mirando ahora de lejos al glaciar, cuesta aceptar que esa inmensa masa de hielo pueda reducirse año tras año y resulta inevitable preguntarse cuánto tiempo seguirá siendo posible contemplar este paisaje tal y como lo vemos hoy.

Algunas despedidas dejan más preguntas que respuestas.

Algunas despedidas dejan más preguntas que respuestas.Victoria Peñalver

Quizá dentro de unas décadas el Aletsch siga siendo uno de los paisajes más impresionantes de Europa. Pero ya no será exactamente el mismo. Por eso quienes hoy tienen la oportunidad de recorrerlo regresan con mucho más que fotografías: vuelven con la sensación de haber conocido uno de esos lugares irrepetibles que recuerdan hasta qué punto la naturaleza necesita siglos para construirse... y muy poco tiempo para empezar a desaparecer.

Información práctica

Dónde dormir: Hotel Alpina, en Fiescheralp. Un chalet de madera situado a 2.222 metros de altitud, justo al lado del teleférico, con habitaciones orientadas al valle y un restaurante de cocina tradicional.
Enlaces de interés:
​• Aletsch Arena: información oficial sobre senderismo, actividades, remontes y alojamiento.
Suiza Turismo: guía oficial del glaciar Aletsch y de la región.
Suiza en Tren: información sobre el Swiss Travel Pass.
SBB Mobile: horarios, tarifas y compra de billetes de los Ferrocarriles Federales Suizos.
Dónde comer: Chüestall Blausee, en Riederalp, y Panorama Restaurant, en Bettmerhorn, combinan la cocina tradicional del Valais con dos escenarios muy diferentes: el primero, asomado al valle; el segundo, con una de las mejores panorámicas sobre el glaciar.
Qué probar: La 'cólera' es una especialidad tradicional del Valais: un hojaldre relleno de patata, puerro, cebolla, manzana y queso, nacida durante las epidemias de cólera del siglo XIX. Un plato tan contundente como delicioso.
Dormir y comer bien forma parte del viaje.

Dormir y comer bien forma parte del viaje.Victoria Peñalver

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