La ciudad de Portugal donde el amarillo mantequilla aparece en fachadas, palacios y tranvías
Ha convertido el amarillo en uno de los colores más reconocibles de su paisaje urbano
Los tranvías amarillos se han convertido en uno de los grandes símbolos de Lisboa y refuerzan la presencia de este color en las calles de la capital portuguesa.
Lisboa guarda un color que se repite al caminar por sus barrios históricos y ayuda a construir una de las imágenes más reconocibles de la capital de Portugal. El amarillo, desde los tonos suaves cercanos al amarillo mantequilla hasta versiones más intensas, aparece en fachadas, casas señoriales, azulejos y edificios históricos. Después llega el icono que termina de unir ese paisaje cromático: los tranvías amarillos de Lisboa, con el famoso número 28 como gran protagonista. Turismo de Portugal define el amarillo como el color distintivo de estos vehículos y presenta al 28 como el más conocido de la ciudad.
La relación entre Lisboa y el amarillo supera la imagen turística del tranvía avanzando por una calle estrecha. Documentos del patrimonio portugués describen palacios lisboetas con paredes pintadas en amarillo, Turismo de Lisboa identifica edificios emblemáticos por ese color y el propio archivo municipal conserva ejemplos arquitectónicos donde los revestimientos amarillos se convirtieron incluso en parte del nombre popular del conjunto. El resultado convierte este tono cálido en un hilo visual con el que recorrer la ciudad.
Lisboa encuentra en el amarillo uno de los colores de sus fachadas
Pasear por Lisboa significa avanzar entre colores. El blanco de algunas construcciones convive con fachadas rosas, azules, ocres y amarillas, mientras los azulejos multiplican las combinaciones según cambia la luz.
Dentro de esa paleta, el amarillo ocupa un espacio singular. El patrimonio arquitectónico ofrece ejemplos concretos. El registro oficial portugués del Palácio Pancas-Palha, en São Vicente, describe sus paredes revocadas y pintadas de amarillo, acompañadas por elementos de piedra. El edificio constituye una muestra de arquitectura residencial señorial del siglo XVIII.
Otro ejemplo aparece en la propia Rua de São Bento. Turismo de Lisboa describe la Casa-Museu Amália Rodrigues como una casa amarilla, el hogar en el que la gran figura del fado portugués vivió durante casi medio siglo.
La ciudad conserva incluso conjuntos donde el color terminó dando nombre a la arquitectura. El Archivo Municipal de Lisboa recoge la historia de los llamados «Blocos Amarelos» de la Avenida do Brasil, un proyecto iniciado en 1951 cuya construcción se desarrolló durante la década siguiente. Su revestimiento exterior de azulejo amarillo resultó tan característico que acabó bautizando al conjunto.
Lisboa también lleva el amarillo desde los palacios hasta los azulejos
El vínculo entre Lisboa, sus fachadas y el amarillo también se entiende a través del azulejo portugués. Durante el siglo XIX, el abaratamiento del azulejo de patrón impulsó su expansión por miles de fachadas. Turismo de Lisboa explica que este elemento pasó de los palacios y las iglesias a cubrir los edificios de la ciudad, con importantes centros de producción concentrados en la capital.
El amarillo aparece dentro de ese patrimonio cerámico. En Bairro Alto, por ejemplo, la fachada de Adega Machado incorpora un panel de azulejos amarillos diseñado por Thomaz de Mello en 1937, una pieza que Turismo de Lisboa incluye dentro de su ruta dedicada al azulejo.
Esa mezcla entre pintura, piedra y cerámica explica parte de la riqueza visual de la capital portuguesa. El color cambia de intensidad según el material y la luz: puede acercarse al crema, al ocre o a ese amarillo mantequilla que encaja con la estética cálida asociada a Lisboa.
La propia tienda oficial de Turismo de Lisboa comercializa diseños inspirados en los azulejos amarillos de la ciudad y los presenta como parte de un elemento singular de la identidad urbana portuguesa. También destaca su capacidad para aportar color, reflejar la luz y dar brillo a las calles.
Los tranvías amarillos de Lisboa convirtieron el color en un icono
Si una imagen ha llevado el amarillo de Lisboa alrededor del mundo, esa es la de sus tranvías. El pequeño vehículo avanzando entre edificios, raíles y cuestas forma parte del imaginario de la capital portuguesa.
El tranvía 28 ocupa un lugar central. Turismo de Lisboa lo define como uno de los símbolos de la ciudad y destaca los pequeños tranvías amarillos que atraviesan algunos de sus barrios históricos y residenciales más atractivos. Su recorrido pasa por zonas como Graça, Alfama, Baixa, Chiado y Estrela antes de alcanzar Campo de Ourique.
El amarillo forma parte del paisaje urbano de Lisboa y convive con los tradicionales azulejos portugueses en numerosas fachadas de la ciudad.
La historia de este transporte se remonta mucho más atrás. CARRIS fue fundada en 1872 y el servicio de tranvías eléctricos comenzó el 31 de agosto de 1901. Décadas después, la compañía adoptó el amarillo como color dominante para los vehículos de servicio público.
El Museo de CARRIS aporta otro detalle revelador: durante la renovación de la flota de la década de 1990, la empresa eligió el clásico «amarillo CARRIS», un tono que ya identificaba a los tranvías tradicionales.
Lisboa convierte el amarillo en una ruta por la ciudad
El amarillo de Lisboa permite construir una ruta propia. Puede empezar frente a una fachada señorial, continuar entre azulejos y terminar dentro de uno de sus tranvías históricos.
El 28 ofrece una de las formas más completas de seguir ese recorrido. Sus vías atraviesan barrios históricos, pasan junto a palacios, alcanzan la catedral, cruzan la Baixa y suben hacia Chiado y Estrela. El propio organismo turístico de la ciudad lo presenta como un viaje entre edificios cubiertos de azulejos, colinas, miradores y plazas.
Otro recorrido, el tranvía 18, conecta Cais do Sodré con Ajuda y permite acercarse al Palacio Nacional de Ajuda, última residencia oficial de la familia real portuguesa y convertido después en museo.
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