CULTURA VIVA
Teruel, cuatro formas de sentir el Mudéjar
Mirarlo, escucharlo, saborearlo y, finalmente, vivirlo. A los 40 años de su declaración como Patrimonio Mundial, Teruel celebra un legado que no se ha quedado anclado en el pasado.

Mirar, escuchar, saborear y vivir: cuatro formas de sentir el Mudéjar.
Capital del Mudéjar, Teruel conserva un legado que se eleva sobre las calles en forma de torres cubiertas de cerámica, pero también suena como hace siete siglos, inspira a los cocineros y permite contemplar la ciudad desde las alturas cuando empieza a caer la tarde. Cuatro maneras de acercarnos a él que conducen a una misma idea: sentirlo.

Geometría, cerámica y ladrillo dibujan la identidad del Mudéjar turolense.
MIRAR. El Mudéjar que se contempla
Las torres mudéjares fueron mucho más que un elemento decorativo: funcionaban como campanarios, servían como atalayas defensivas, marcaban visualmente la ciudad y sus pasos inferiores permitían comunicar calles y plazuelas.
La Torre de San Pedro, levantada por los alarifes mudéjares a mediados del siglo XIII, fue la primera. Su decoración, más sencilla que la de sus sucesoras, muestra los inicios de una arquitectura que iría ganando complejidad. Al bordear la iglesia aparece el ábside del siglo XIV, con un ándito desde el que se controlaba el vecino barrio judío.
Al otro lado de la Plaza del Torico, la Catedral de Santa María de Mediavilla reúne varios siglos de arquitectura: su torre medieval del XIII, recientemente restaurada; el cimborrio del XVI y la portada neomudéjar de comienzos del XX. Y en las torres de San Martín y El Salvador, levantadas a comienzos del XIV, el Mudéjar turolense alcanza su culminación entre ladrillo y cerámica, geometría y color, tradición cristiana y herencia islámica.
Pero uno de los mayores tesoros se esconde en el techo de la Catedral: un auténtico «libro de madera» poblado de motivos geométricos y vegetales, personajes, animales, oficios, inscripciones y escenas cotidianas de la vida turolense medieval.

Los instrumentos medievales de la techumbre vuelven a sonar siete siglos después.
ESCUCHAR. El Mudéjar que vuelve a sonar
Justo ahí, sobre nuestras cabezas, la techumbre mudéjar de la catedral guarda una sorpresa más. En el llamado alicer de los músicos aparecen instrumentos medievales como el laúd corto, la viola o los añafiles. Un proyecto desarrollado en Teruel ha permitido construir réplicas de esos instrumentos y músicos turolenses, como los integrantes del grupo Artesonado, han vuelto a hacerlos sonar. Una singular manera de viajar al pasado y descubrir cómo sonaba Teruel hace más de 700 años.
Y puestos a escuchar, sigamos con las historias y leyendas que Teruel lleva siglos contando. En la de los Amantes de Teruel, Diego de Marcilla e Isabel de Segura se convierten en uno de los grandes símbolos de la ciudad tras un amor imposible que terminó trágicamente. La leyenda de Zoraida, por su parte, cuenta cómo dos alarifes mudéjares, enamorados de la joven, compitieron por su mano construyendo cada uno una torre. Una rivalidad amorosa que estaría detrás de dos de las grandes joyas del Mudéjar turolense: las torres de San Martín y El Salvador.

El Mudéjar llega a la mesa convertido en inspiración
SABOREAR. El Mudéjar que llega a la mesa
La convivencia de culturas que marcó el Teruel medieval también sirve de inspiración a la gastronomía actual. Este año, las visitas especiales programadas hasta finales de octubre incluyen degustaciones que buscan establecer conexiones entre las culturas cristiana, musulmana y judía. Una interpretación contemporánea de aquel «feliz maridaje de lo cristiano y lo arábigo» con el que el historiador José Amador de los Ríos definió el Mudéjar en el siglo XIX.
Y del 10 al 20 de septiembre, la conexión llega directamente al plato. La 23ª edición del Concurso Provincial de Tapas Jamón de Teruel ha elegido este año el Mudéjar como inspiración. Geometrías, estrellas de ocho puntas, texturas y composiciones que evocan el ladrillo o la argamasa tomarán forma en las tapas de los establecimientos participantes.
El protagonista será el Jamón de Teruel DOP, uno de los grandes símbolos gastronómicos de la provincia, identificado por la estrella de ocho puntas marcada a fuego junto a la palabra Teruel. Curiosamente, el cerdo también tenía mucho que contar en el Teruel medieval: su consumo podía revelar la religión que se profesaba y su presencia en la despensa era, además, un signo de estatus social.

Música, patrimonio y atardeceres convierten el Mudéjar en una experiencia.
VIVIR. Cuando el Mudéjar se convierte en experiencia
El ciclo de visitas «El Mudéjar de Teruel entre dos luces», organizado este año hasta finales de octubre con motivo del aniversario, permite acceder a algunos espacios patrimoniales cuando termina el horario habitual y la luz comienza a cambiar sobre la ciudad.
Subir las escaleras de una torre mientras cae la tarde, contemplar los tejados desde lo alto, descubrir uno de los escasos claustros mudéjares conservados o escuchar música dentro de un espacio histórico forman parte de estas experiencias. Algunas torres permanecen abiertas más allá de su horario habitual y otras abren exclusivamente para estas visitas, organizadas en grupos de un máximo de 20 personas.
Podemos mirar el Mudéjar, escucharlo y hasta saborearlo. Pero quizá sea al recorrerlo cuando terminemos realmente de sentirlo.
Dónde dormir y comer en Teruel
- Hotel El Mudayyan. Un alojamiento con historia que conserva un antiguo pasadizo medieval.
- Hotel Palacio La Marquesa. Un hotel boutique en un edificio histórico junto a la Catedral.
- Restaurante La Torre. Cocina turolense a los pies de la Torre del Salvador.
- Yain. Gastronomía y una cuidada selección de vinos en pleno centro de Teruel.
- El Jamoncico de las Cuatro Esquinas. Una parada para probar el Jamón de Teruel.