Óscar Puente, el ministro tuitero que ha llevado el ferrocarril español al colapso
El caos ferroviario que sufre España no es fruto de la casualidad ni de la mala suerte: es el resultado de poner el ministerio más importante del Gobierno en manos de un agitador político. Óscar Puente ha convertido Transportes en una extensión de su cuenta en X, mientras las vías se deterioran, los trenes se paran y los ciudadanos pagan las consecuencias.

Óscar Puente en el Congreso de los Diputados
España no sufre una crisis ferroviaria: sufre a Óscar Puente. El actual ministro de Transportes no es la causa última del deterioro del sistema, pero sí su máximo exponente. Un político sin perfil técnico, sin experiencia en gestión de grandes infraestructuras y con una única habilidad contrastada: el insulto, la provocación y la bronca en redes sociales.
Transportes es el ministerio con mayor presupuesto del Estado. O lo sería, si este Gobierno fuera capaz de aprobar unos Presupuestos Generales que ni están ni se les espera. Aun así, es un departamento estratégico, clave para la cohesión territorial y el funcionamiento económico del país. Y Pedro Sánchez ha decidido ponerlo en manos de un agitador digital convertido en ministro por premio de consolación tras perder la alcaldía de Valladolid.
De gestor, nada; de matón, todo
Puente no gobierna Transportes: tuitea Transportes. Mientras las vías fallan, los trenes se paran y los accidentes se acumulan, el ministro se dedica a insultar ciudadanos, periodistas y rivales políticos desde X. Ese es su día a día. Hasta el punto de contratar —con dinero de todos— a una persona para que le filtre los insultos que recibe. No para mejorar el servicio, no para reforzar la seguridad ferroviaria, sino para proteger su ego.
Este es el nivel.
El legado: corrupción, imputaciones y silencio
Puente heredó un ministerio ya manchado por la corrupción: José Luis Ábalos, hoy en prisión; una directora de ADIF imputada; colocaciones a dedo; personajes oscuros incrustados en empresas públicas estratégicas. ¿Qué ha hecho el actual ministro para limpiar la casa? Nada. Ni una dimisión, ni una explicación, ni una asunción de responsabilidades.
Eso sí, cuando ocurre una tragedia, Puente habla de “hechos extraños”. Que no ha sido un error humano. Que el tren era nuevo. Que las vías se revisaron hace meses. ¿La conclusión implícita? Que la culpa es de nadie. O peor: que es de la mala suerte. Una explicación insultante para las víctimas y para cualquier ciudadano con un mínimo de sentido común.
El mejor sistema ferroviario del mundo… que no funciona
Según Óscar Puente, España vive “el mejor momento de su historia ferroviaria”. La realidad es que hay líneas recortadas, frecuencias eliminadas y territorios directamente abandonados. Almería, por ejemplo, ha pasado de tener varios trenes diarios a Madrid a uno solo. Uno. Viajar para hacer una gestión básica implica perder dos días y hacer noche obligatoria.
Eso no es progreso. Es retroceso.
El colmo del esperpento llegó cuando el Congreso tuvo que retrasar una votación para apoyar al propio Puente porque el diputado que debía votar llegaba tarde por un retraso de su tren. Votar que el sistema funciona… sin poder llegar a tiempo porque no funciona. España, 2025.
Un ministro que no dimite porque no sabe lo que es la responsabilidad
En cualquier país serio, un ministro de Transportes con este historial ya habría dimitido. Por los accidentes. Por el caos. Por las explicaciones absurdas. Por la falta de autocrítica. En España no. Aquí, Puente está blindado porque su función no es gestionar, sino atacar, agitar y servir de escudo político a Pedro Sánchez.
Por eso muchos lo señalan como posible sucesor del sanchismo. Si ese es el futuro, el mensaje es claro: menos gestión, más ruido; menos responsabilidad, más propaganda.
El contraste: los profesionales frente al político
Mientras Puente calla o tuitea, quienes sí estuvieron a la altura fueron los de siempre: los sanitarios, los servicios de emergencia, la Guardia Civil, la UME y los vecinos que acudieron con lo que tenían para rescatar heridos entre hierros retorcidos. Profesionales y ciudadanos dando una lección de dignidad frente a un ministro incapaz de asumir un solo error.
Óscar Puente no es un accidente político. Es una elección consciente de Pedro Sánchez. Y mientras siga al frente de Transportes, cada retraso, cada avería y cada tragedia tendrá un responsable político con nombre y apellidos.