CASO SALAZAR, AL SENADO
El “quinto del Peugeot” y la ley del silencio: Bernabé pone el foco en el miedo del PSOE a Paco Salazar
El senador del PP Francisco Bernabé asegura que Francisco José Salazar Rodríguez “sabe mucho” sobre los orígenes del sanchismo y que en el Partido Socialista Obrero Español le tratan con cautela por miedo a que “tire de la manta”. Tras su comparecencia en el Senado, el silencio del exdirigente —más que sus palabras— se ha convertido en el verdadero titular.
En Espolítica, el programa de Esdiario, el senador del Partido Popular Francisco Bernabé dejó una tesis tan demoledora como incómoda: el exdirigente socialista Francisco Salazar “sabe muchas cosas” de los años fundacionales del sanchismo… y precisamente por eso, “le tienen miedo” en su propio partido.
El comentario no surge de la nada. Salazar ha comparecido estos días ante la comisión del Senado que investiga ramificaciones del caso Koldo —la propia Cámara recoge la citación y el objeto de la comisión—. Y lo que se vio, en palabras de Bernabé, fue a un testigo clave practicando el deporte favorito del poder: decir sin decir, responder sin responder.
Un hombre del “núcleo duro” que niega el coche… y el resto
En el plató se repasó una de las escenas más comentadas: cuando se le preguntó por el célebre “Peugeot” (símbolo, ya, de la guardia pretoriana de las primarias), Salazar llegó a afirmar que “ni siquiera” conocía ese coche. Una negación que, para el PP, no aclara nada: al ciudadano le da igual si era un Peugeot, un Renault o un Ferrari; lo relevante es lo que se movía alrededor.
El senador popular insistió en que Salazar no era un actor secundario, sino una de las patas maestras del dispositivo que llevó a Pedro Sánchez a La Moncloa: organización territorial, logística, campaña interna y —según el relato— coordinación política en momentos decisivos. Y ahí es donde aparecen los nombres que incomodan: Santos Cerdán, José Luis Ábalos y Koldo García Izaguirre, vinculados al caso que investiga la comisión.
“Yo de dinero no sé nada”: la respuesta que incendia la sospecha
El momento clave del debate, tal como se planteó en la conversación, fue el patrón de respuestas: “no lo sé”, “yo no estaba”, “eso lo pagaría alguien”. Bernabé lo definió como “un insulto a la inteligencia”: si Salazar era coordinador y estaba “desde el minuto uno”, ¿cómo no va a saber quién pagaba qué?
La comparecencia real en el Senado giró precisamente en torno a su citación por el caso Koldo, aunque el foco mediático acabó desplazándose hacia otro terreno: las acusaciones de acoso sexual que precipitaron su salida.
El elefante en la sala: acoso, dimisión y una retirada “por la familia”
Aquí el guion se vuelve aún más delicado. Salazar comparece por una comisión de corrupción, pero su nombre arrastra un segundo frente: acusaciones por presunto acoso sexual y abuso de poder que él niega, y que —según distintas informaciones— fueron tratadas internamente por el PSOE antes de su salida.
En la comisión, Salazar se defendió con una frase que se ha repetido en titulares: que respetó a todas sus compañeras “como profesionales y como mujeres”, y que se apartó “por su familia”.
Bernabé, sin entrar a juzgar lo que está en manos de la justicia, puso el acento en otra cuestión política: si el asunto era tan grave como para truncar una carrera, ¿por qué —según el propio Salazar— nadie le pidió que dimitiera?
Y ahí vuelve la palabra que sobrevuela toda la conversación: miedo.
El PSOE, “en modo guante de seda”
Otro de los dardos del senador del PP fue la actitud de los socialistas en la sesión: “intervenciones tibias”, poca presión y demasiada prudencia. Esa percepción encaja con lo que también recogieron crónicas: la comparecencia tuvo momentos tensos, pero el debate se movió entre el objeto de la comisión (corrupción) y el ruido inevitable de las acusaciones de acoso.
Bernabé lo interpretó como un intento de minimizar daños: si Salazar “lo sabe todo” y un día decide hablar “de verdad”, el incendio ya no sería mediático, sino estructural.
El almuerzo con Pilar Alegría y la foto que no se va
El programa también puso sobre la mesa una imagen especialmente corrosiva: el almuerzo con Pilar Alegría, que Salazar enmarcó como una conversación de carácter personal. Para el relato que defendió Bernabé, sin embargo, el gesto es político: la sensación de que “se cubren”, de que el “núcleo duro” funciona con códigos propios y de que el coste reputacional se gestiona hacia fuera, nunca hacia dentro.
Rebeca Torró y la pregunta prohibida: ¿hubo pacto para tapar?
En el tramo más espinoso, apareció el nombre de Rebeca Torró, actual secretaria de Organización del PSOE, en relación con la insinuación de si hubo conversaciones para “tapar” o gestionar denuncias. Torró asumió el cargo en julio de 2025, en un contexto de reorganización interna del partido.
Salazar, por su parte, rechazó pactos y sostuvo que se apartó por decisión personal.
Conclusión: el sanchismo ante su propio testigo incómodo
Lo que queda tras la entrevista no es una prueba judicial —eso lo dirimen los tribunales—, sino un diagnóstico político: en el sanchismo hay figuras que, aun fuera del foco, siguen siendo peligrosas por lo que saben. Para Bernabé, Salazar encarna justo eso: un exdirigente con información, con pasado y con la capacidad de comprometer a otros si algún día deja de contestar con “yo no sé nada”.
Y en política, cuando un partido trata a un testigo con guante de seda, suele ser por una razón muy simple: teme lo que ese testigo puede contar cuando ya no tenga nada que perder.
España
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Patricia Rodríguez Corchado