Vox denuncia el “doble discurso” de Junts y la izquierda con el burka y apunta a Marlaska por el caso del DAO
Ricardo Chamorro, diputado de Vox, carga contra Junts y la izquierda por tumbar la ley anti-burka y pone a Marlaska en el foco por el escándalo del DAO
Un fin de semana más, Espolítica volvió a poner el foco en la trastienda del Congreso y en las tormentas que agitan a La Moncloa. Esta vez, con Ricardo Chamorro, diputado de Vox, que desplegó un argumentario duro contra Junts, el PSOE y sus socios, y que cerró filas con la dirección de su partido tras la salida de Javier Ortega Smith como portavoz en el Ayuntamiento de Madrid.
La conversación arrancó por el asunto que marcó los últimos días en el Parlamento: la iniciativa de Vox para prohibir el burka y el niqab en espacios públicos, planteada —según defendió Chamorro— como una medida “objetiva”, basada en “derecho comparado” europeo y orientada a “proteger los derechos de las mujeres”.
El diputado sostuvo que la propuesta solo logró el respaldo del Partido Popular y que Junts la tumbó, pese a que, a su juicio, después “se han puesto todos a decir que están en contra del burka”. Chamorro resumió esa contradicción con una acusación directa: el problema no sería la prenda, sino quién firma la proposición.
“Hay una iniciativa perfectamente armada desde el punto de vista jurídico… y votan en contra. Y luego salen diciendo que están en contra del burka”, vino a señalar, cargando también contra la izquierda por su rechazo parlamentario y citando de forma crítica las declaraciones de Patxi López, al que atribuyó una defensa del velo integral como elemento identitario. El tono del diputado fue el habitual de Vox en este debate: vinculó el burka y el niqab con la “opresión” y llegó a describirlos como una “cárcel de tela”, insistiendo en que la prohibición ya se aplica en otros países europeos.
El golpe político, además, se redobló con una derivada que irritó especialmente a la formación: Junts anunció que presentará una iniciativa similar. Chamorro dijo desconocer el texto porque todavía no lo han visto, pero afirmó que en los pasillos “se comenta” que sería “prácticamente igual”. De ser así, remachó, quedaría a la vista —en su lectura— que el veto era a Vox y no al contenido.
En ese contexto, el diputado fue más allá y mezcló el debate del velo integral con el choque territorial y la competencia interna en Cataluña. Mencionó a la líder Sílvia Orriols (Aliança Catalana), de la que dijo que habría apoyado una prohibición en el Congreso, y usó esa referencia para subrayar que Junts, según él, “vota en función del interés” y no de los “derechos de las mujeres”.
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El caso del DAO y el órdago de Marlaska
El programa entró después en el tema de la semana y posiblemente del mes: el escándalo que rodea al DAO (Director Adjunto Operativo) de la Policía, José Ángel González, tras una denuncia y la dimisión conocida esta semana —según se comentó en el espacio—, con la coletilla de que su salida no se habría formalizado “hasta el jueves en el BOE”.
Ahí apareció el momento más delicado: el presentador reprodujo unas palabras del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en las que asegura que la única crítica que aceptará es la de “la propia víctima” y que, si ésta no se ha sentido protegida, él “renunciará y dimitirá”. Chamorro interpretó esa frase como un órdago que puede volverse contra el ministro y exigió responsabilidades políticas inmediatas, subrayando que el DAO sería un cargo de confianza y que, por tanto, la responsabilidad alcanzaría al propio Marlaska, “lo supiera o no”.
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En todo momento, el diputado habló en términos de presunción y de lo que “presuntamente” habría ocurrido, pero utilizó el caso como ariete contra el Gobierno, enlazándolo con la crítica general a la política de Interior y con la acusación de incoherencia del Ejecutivo cuando se presenta como “feminista”.
“Semana negra” para Sánchez: Cabezón, primarias y moción de censura
La entrevista elevó la presión sobre el PSOE con otro nombre propio: Borja Cabezón, al que se describió como figura cercana al actual secretario de organización socialista, y al que Chamorro vinculó con “negocios extraños” y supuestas irregularidades fiscales en el marco de una discusión más amplia sobre corrupción política. El diputado rechazó que el problema sea “solo el sanchismo” y apuntó al PSOE como “maquinaria” que arrastra —dijo— un historial de escándalos.
Con ese telón de fondo, Vox volvió a reclamar una moción de censura. Chamorro admitió lo evidente: su grupo no tiene escaños suficientes para presentarla, y que hoy por hoy solo podría hacerlo el PP. Aun así, defendió que la moción es una herramienta parlamentaria “como cualquier otra” y que serviría para “retratar” a las fuerzas que sostienen al Gobierno, citando expresamente a Junts, PNV, ERC, Sumar y Podemos como corresponsables de la legislatura.
El capítulo de los WhatsApps —aludidos en el programa como mensajes vinculados a primarias internas del PSOE— fue utilizado para reforzar la idea de “amaños” en procesos internos. En el plató se mencionó un contenido especialmente polémico (“vamos a meter a cuatro rumanos aquí, a dos árabes por acá…”) como ejemplo de lo que se estaría publicando. Chamorro lo dio por una pieza más de un engranaje de corrupción “a todos los niveles”, aunque sin entrar en detalles técnicos ni aportar documentación durante la conversación.
Vox cierra filas tras el relevo de Ortega Smith
La entrevista terminó con el asunto más mediático en clave interna: la salida de Javier Ortega Smith como portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Madrid. Chamorro se escudó en el mensaje de Santiago Abascal, que defendió que el partido funciona con una dirección elegida por la Asamblea y que la dirección “toma las decisiones”. El diputado evitó alimentar el ruido y sostuvo que “los españoles tienen muchísimos problemas” como para “mirarse el ombligo”.
A nivel personal, Chamorro reconoció una relación de trato con Ortega Smith “desde hace mucho tiempo”, pero dejó claro que las decisiones orgánicas no están “dentro de su responsabilidad”.
Un relato de choque total
El paso de Chamorro por Espolítica dejó un guion reconocible: confrontación directa con Junts por la ley del burka, ataque frontal al Ejecutivo por el caso del DAO y por los escándalos que rodean al PSOE, y cierre disciplinado en clave interna para no convertir la reestructuración en Madrid en un flanco abierto.
En suma, Vox busca un marco: el de un Gobierno “acorralado” por casos judiciales y socios “incompatibles” con la defensa de la libertad y la seguridad. Y, en paralelo, intenta presentarse como el único actor que —según su propio discurso— no se mueve por cálculos, sino por “principios”. Un relato que, visto lo escuchado este fin de semana, seguirá marcando su ofensiva en el Congreso.