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La comunidad española en Emiratos —miles de residentes por motivos laborales— vive días de incertidumbre tras la escalada bélica en la región. “A veces suena la alarma del móvil… y otras solo escuchas la explosión”, relata Pablo García Peche, un joven español en Dubái.

La comunidad española en Emiratos —miles de residentes por motivos laborales— vive días de incertidumbre tras la escalada bélica en la región. “A veces suena la alarma del móvil… y otras solo escuchas la explosión”, relata Pablo García Peche, un joven español en Dubái.

La guerra llama a la puerta de Dubái: el testimonio de un español que grabó el impacto de un misil a metros de su casa

La comunidad española en Emiratos —miles de residentes por motivos laborales— vive días de incertidumbre tras la escalada bélica en la región. “A veces suena la alarma del móvil… y otras solo escuchas la explosión”, relata Pablo García Peche, un joven español en Dubái.

Luis Sordo
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La distancia no inmuniza del miedo. Ni del ruido. Ni de ese segundo exacto en el que la vida cotidiana —una terraza, una piscina, un día de sol— se parte en dos por una explosión.

Crece la preocupación por la suerte de miles de españoles residentes en Emiratos Árabes Unidos, especialmente en Dubái, en un contexto de máxima tensión regional y ataques cruzados. En medio de esa angustia colectiva, un testimonio ha puesto rostro a la incertidumbre: Pablo García Peche, un joven español que trabaja en Dubái y que asegura estar viendo “de primera mano” cómo se producen impactos e interceptaciones cerca de zonas residenciales.

“Están siendo días de gran incertidumbre”, cuenta con una calma que, paradójicamente, impresiona más que el propio relato. “Más de una vez nos sale una alarma de emergencia en el móvil, como las que han llegado en España por lluvias… pero la mayoría de veces estás tranquilamente y suena una explosión”.

Alarmas, explosiones y WhatsApp: la red de españoles para sobrevivir al desconcierto

El dato es tan frío como elocuente: miles de españoles viven y trabajan en Emiratos, concentrados en buena parte en Dubái. Y cuando la normalidad se rompe, lo primero que aparece es la necesidad de comunidad.

“Existen grupos de WhatsApp de la comunidad española aquí y la verdad es que sí, la gente nos estamos comunicando e intentamos permanecer lo más unidos posible”, explica Pablo. Información, consejos, rumores, confirmaciones… todo circula a la velocidad de la ansiedad.

Porque si allí se escucha, en España se imagina. Y eso, muchas veces, es peor.

“Estos últimos días me ha escrito y me ha llamado bastante gente, bastante preocupada”, reconoce. “Aquí la información corre rápido. Desde los canales oficiales del Gobierno de Emiratos y también desde la embajada, creo que están informando en todo momento”.

“La primera bomba me pilló en la piscina”

El relato baja a tierra cuando entra en los detalles. No habla desde un búnker ni desde una base militar. Habla desde un edificio residencial.

La primera bomba me pilló en la piscina… y de repente un bombazo increíble. Todo el mundo mirando al cielo. Nadie sabía qué había pasado. No sabías si había explotado aquí, allí…”. El miedo, dice, fue especialmente intenso en las primeras horas: “Sí, hubo bastante miedo e incertidumbre. Luego… no sé si te acostumbras”.

Esa frase —“no sé si te acostumbras”— es la fotografía emocional de cualquier conflicto: cuando el horror empieza a sonar “normal”.

Un vídeo, una nube de humo y la sensación de estar a merced de lo imprevisible

Pablo asegura haber grabado imágenes desde su vivienda: humo cercano, una interceptación, y el comentario inevitable de quien aún no termina de creerse lo que ve. “Eso está al lado de nuestra casa… es un misil que acaban de interceptar”.

Hay otro episodio aún más inquietante: la caída de un artefacto con explosión posterior en una zona residencial, a unos 15 minutos de donde él se encuentra. “Eso es un hotel… creo que hubo bastantes heridos”, afirma, situándolo en las primeras horas del estallido.

La embajada informa… pero muchos piden más

Y llega el punto que une el miedo con la burocracia: la salida. Volver. Escapar si se puede.

Pablo tenía previsto regresar a España por motivos personales esa misma semana. Pero la realidad se impone: “Estoy al lunes y la sensación es de no saber qué va a pasar. Oficialmente sigue cerrado el espacio aéreo”.

Sobre el papel de la embajada, distingue entre comunicados generales y atención directa: “Personalmente no se ha puesto en contacto conmigo ningún organismo, pero sí hay comunicados por redes sociales y correos casi diarios para quienes estamos inscritos”.

Aun así, deja caer lo que muchos piensan en voz baja: “Estaría mejor un poquito más de información… respecto a los vuelos, a si se podrá salir…”.

Lo que se ve desde España: preocupación, impotencia y un país pendiente del móvil

En España, la escena se vive al revés: no hay explosiones, pero sí una inquietud constante. Padres, hermanos, amigos revisando mensajes, preguntando si ha sonado otra alarma, si todo sigue “bien”, si hay vuelos, si hay noticias.

Y mientras, allí, los españoles intentan sostener la normalidad con lo único que siempre funciona en una crisis: información, comunidad y resistencia.

Pablo se despide con educación, como si no estuviera hablando de misiles, sino de un retraso en el metro. Y quizá por eso su historia golpea más: porque cuando alguien cuenta una guerra con serenidad, lo que escuchas de fondo no es calma. Es supervivencia.

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