Los WhatsApp de la vergüenza cercan a Puente: sabía lo de Miss Asturias y lo tapó con una auditoría fake

La conversación con Ábalos en 2024 dinamita la versión oficial del ministro de Transportes: conocía el enchufe de Claudia Montes y, aun así, vendió una limpieza interna que hoy queda en entredicho

La publicación de Okdiario sobre los mensajes entre Óscar Puente y José Luis Ábalos sobre Claudia Montes, Miss Asturias, deja al ministro de Transportes en una posición insostenible. Ya no estamos ante rumores, sospechas o comentarios de pasillo. Ya no vale el recurso habitual del “no consta” ni el refugio en una auditoría interna presentada como prueba de limpieza. Lo que aparece ahora es mucho más grave: un intercambio directo entre el actual ministro y su antecesor que demuestra que Puente conocía perfectamente el caso del enchufe. Y eso lo cambia todo.

Porque si el titular de Transportes hablaba con Ábalos sobre esa contratación, si preguntaba por esa persona y asumía con naturalidad que era un asunto heredado del antiguo ministro, la conclusión política es devastadora: sabía lo que había. Sabía que no era una contratación cualquiera. Sabía que aquello olía mal. Y, pese a todo, no denunció, no apartó responsabilidades y no explicó la verdad a los españoles.

Se limitó a cubrir el expediente con una auditoría que hoy hace agua por todas partes.

La auditoría era una coartada, no una investigación

Durante meses, Puente intentó cerrar la crisis con un argumento que ahora se vuelve en su contra. Se hizo una auditoría en el Ministerio, se revisó lo ocurrido y no se encontró ninguna irregularidad relevante. Ese fue el mensaje oficial. Esa fue la cortina de humo. Y esa fue también, a la vista de los nuevos datos, la gran coartada política para tapar lo que estaba a la vista de todos.

Porque si el propio ministro conocía el enchufe de Miss Asturias, solo caben dos explicaciones. O la auditoría fue un mero paripé, una revisión superficial hecha para salvar la cara del Gobierno. O se detectaron elementos comprometedores y alguien decidió enterrarlos para evitar que el escándalo subiera un peldaño más. En ambos supuestos, el resultado retrata una maniobra de encubrimiento.

No estamos ante un fallo técnico ni ante una omisión burocrática. Estamos ante una operación política de maquillaje.

Y eso resulta todavía más escandaloso porque no hablamos de un hecho remoto ni de un episodio enterrado en la época dorada del abalismo. Hablamos de 2024. Es decir, cuando el caso Koldo ya había estallado, cuando el nombre de Ábalos estaba abrasado y cuando el Ministerio tenía la obligación política y moral de llegar hasta el fondo. Lejos de hacerlo, optó por echar tierra encima.

2024 prueba que el cordón sanitario a Ábalos fue mentira

Hay un dato que deja retratado no solo a Puente, sino a todo el sanchismo: la fecha de esa conversación. Que el contacto entre ambos se produjera en 2024 desmonta el relato de que Ábalos era ya una figura amortizada, apartada y aislada del poder. Nada de eso. Seguía habiendo comunicación, seguía habiendo confianza y seguía habiendo asuntos compartidos entre quien fue expulsado del Ministerio y quien ocupó su despacho después.

Eso significa que el supuesto corte con Ábalos fue, como tantas otras cosas en este Gobierno, pura escenografía.

Pedro Sánchez lo cesó en 2021, sí. Pero lo mantuvo políticamente vivo, lo volvió a integrar en las listas y, por lo que ahora sabemos, el vínculo con su sucesor en Transportes seguía plenamente operativo años después. El mensaje que lanza esta revelación es demoledor: el sistema no se limpió, solo cambió de decorado. Los protagonistas siguieron conectados y los silencios siguieron funcionando.

Por eso este episodio no es una simple anécdota sobre Claudia Montes. Es una radiografía del método: enchufe, conocimiento interno, auditoría de cartón piedra y cierre en falso.

Miss Asturias hoy, Jessica mañana

Lo verdaderamente inquietante para Puente es que este caso abre la puerta a una pregunta todavía más incómoda: si sabía lo de Claudia Montes, ¿cómo va a sostener que ignoraba otros episodios mucho más notorios dentro del Ministerio y de sus empresas públicas?

Ese es el gran problema político que se le viene encima.

Porque el caso de Miss Asturias podía presentarse hasta ahora como un episodio discutible, menor o periférico dentro del universo Ábalos-Koldo. Pero al quedar acreditado que Puente estaba al corriente, se desploma la coartada del desconocimiento. Y entonces la mirada se dirige inevitablemente hacia los casos más sonados, más comentados y más escandalosos. Si esto lo sabía, lo otro también tenía que saberlo. Esa será desde hoy la sospecha dominante.

Y no será fácil desmontarla, porque el propio material conocido le deja sin margen.

Cuando un ministro aparece hablando con naturalidad sobre una persona colocada a dedo, cuando además utiliza como escudo una auditoría que no detectó nada y cuando todo eso ocurre después de que el escándalo principal ya hubiera saltado por los aires, la responsabilidad política deja de ser discutible. Pasa a ser directa.

Ábalos avisa: si cae uno, pueden caer más

La filtración tiene además una segunda lectura que en Moncloa preocupa casi tanto como el contenido mismo. Ábalos está enseñando una parte de sus cartas. No todas, pero sí las suficientes para recordar que conserva información sensible y capacidad de hacer daño. Cada mensaje que sale a la luz parece menos una revelación espontánea que un aviso calculado. Y el destinatario no es solo Puente.

También lo es Pedro Sánchez, que lleva años intentando encapsular el caso Ábalos como si fuera una desviación individual, una mancha aislada en un Gobierno supuestamente ejemplar. El problema para La Moncloa es que cada nuevo mensaje apunta en la dirección contraria: aquí no había un verso suelto, sino un clima de tolerancia, silencio y complicidad que llegaba mucho más arriba de lo que se quiere admitir. Ábalos parece decirles: no me dejéis solo porque sé demasiado.