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El presidente de la Generalitat recupera el viejo relato del “país catalán” y promete que Cataluña será “el mejor país de Europa para vivir”, apenas días después de que Pedro Sánchez hablara en el Congreso de “Cataluña y España” como “países mejores.

El presidente de la Generalitat recupera el viejo relato del “país catalán” y promete que Cataluña será “el mejor país de Europa para vivir”, apenas días después de que Pedro Sánchez hablara en el Congreso de “Cataluña y España” como “países mejores.

Illa sigue el guion de Sánchez y vuelve a colocar a Cataluña fuera de España

El presidente de la Generalitat recupera el viejo relato del “país catalán” y promete que Cataluña será “el mejor país de Europa para vivir”, apenas días después de que Pedro Sánchez hablara en el Congreso de “Cataluña y España” como “países mejores”.

Luis Sordo
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Salvador Illa ha decidido cruzar una línea que el sanchismo lleva tiempo difuminando. El presidente de la Generalitat afirmó este fin de semana que “Catalunya será en 10 años el mejor país de Europa para vivir”, una expresión que, lejos de ser inocente, encaja como un guante en el marco mental que el nacionalismo catalán lleva décadas imponiendo: Cataluña como sujeto político separado de España.

No es una frase aislada. No es un desliz. Y tampoco llega en el vacío. Apenas unos días antes, Pedro Sánchez había utilizado en el Congreso una fórmula muy similar al responder a la portavoz de Junts, Míriam Nogueras: “Este Gobierno va a hacer a Cataluña y a España países mejores”. Y, para despejar cualquier duda, lo repitió: “sí, países mejores”.

Del pujolismo al sanchismo: el mismo relato con otros protagonistas

El problema no está solo en la palabra “país”. Está en todo lo que arrastra. Illa, que presume de moderación, ha terminado recogiendo plenamente el viejo relato pujolista de la nación catalana, el del “país” diferenciado, el de la identidad política separada, el de una Cataluña presentada como realidad ajena a España.

Ese discurso, que durante años se envolvió en ambigüedad calculada, no fue inocuo. Alimentó una arquitectura política, cultural y emocional que acabó desembocando en el desafío separatista de 2017. Y ahora, bajo el barniz amable del PSC, vuelve a aparecer con una naturalidad pasmosa.

La novedad es que ya no lo verbalizan solo los herederos explícitos de Convergència o ERC. Lo hace el presidente socialista de la Generalitat. Y lo hace después de que el propio presidente del Gobierno de España haya abierto la puerta desde la tribuna del Congreso.

Sánchez marca el camino e Illa lo recorre

La secuencia es reveladora. Míriam Nogueras preguntó a Sánchez qué argumentos tenía para no convocar elecciones. El presidente, lejos de responder de forma directa, optó por refugiarse en su habitual escapismo parlamentario y acabó hablando de “Cataluña y España” como “países mejores”.

Tres días después, Illa insistía en la misma idea desde Cataluña. La coincidencia resulta difícil de comprar. El presidente de la Generalitat no actúa como verso suelto, sino como repetidor político de una estrategia diseñada para agradar el oído de Junts y del independentismo más templado.

Sánchez se juega su permanencia en La Moncloa con los votos de Carles Puigdemont. Illa, por su parte, necesita estabilidad parlamentaria en Cataluña y sacar adelante unos presupuestos cuya negociación marca buena parte de su legislatura. En ambos casos, el precio vuelve a ser el mismo: asumir el lenguaje del separatismo.

El PSOE, otra vez entre dos aguas

El Partido Socialista lleva años instalado en una equidistancia cada vez más difícil de disimular. A ratos se presenta como garante de la convivencia constitucional. A ratos adopta los marcos, los términos y las cesiones del nacionalismo. Y esa doble posición, lejos de resolver el problema territorial, lo agrava.

Porque no se puede defender España por la mañana y hablar de Cataluña como país por la tarde. No se puede combatir el independentismo mientras se le compra el diccionario. Y no se puede pedir respeto institucional al mismo tiempo que se separa verbalmente a una comunidad autónoma del conjunto de la nación española.

La estrategia, eso sí, tiene rédito. Illa ha sabido captar voto moderado del independentismo, cansado de barricadas y de épica procesista, pero aún cómodo con el relato sentimental de la nación catalana. Sánchez, por su parte, sigue ofreciendo guiños a Junts con la esperanza de alargar una legislatura sostenida desde Waterloo.

El PP responde: “Cataluña no es un país”

La reacción del Partido Popular no tardó en llegar. La portavoz popular, Ester Muñoz, contestó a Illa con un mensaje tan básico como necesario: “Cataluña no es un país”. Una evidencia constitucional que, en la España de Sánchez, ha terminado necesitando recordatorio público.

Todos los caminos llevan a Puigdemont

La pregunta de fondo es sencilla: ¿quién manda realmente en esta legislatura? Sánchez gobierna, pero Puigdemont condiciona. Illa preside la Generalitat, pero el marco discursivo sigue siendo el que durante décadas construyó el nacionalismo catalán.

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