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¿Es Koldo el verdadero jefe de la trama? Los secretos del juicio que pone contra las cuerdas al PSOE

El juicio por el caso mascarillas ha dejado dos jornadas de alto voltaje político con las declaraciones de Víctor de Aldama y Koldo García, dos nombres clave para entender el alcance de una causa que vuelve a poner el foco sobre el PSOE, Ábalos y el entorno de Pedro Sánchez.

Luis Sordo
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El juicio del llamado caso mascarillas ha marcado la semana política y ha vuelto a situar en el centro del tablero a Víctor de Aldama, Koldo García Izaguirre, José Luis Ábalos y, por derivación política, al propio Pedro Sánchez. Las declaraciones escuchadas en sede judicial han servido para reordenar el relato de una trama que, según los testimonios analizados, no se limitaría a una operación comercial en plena pandemia, sino que habría contado con una red de contactos de primer nivel en la Administración.

En el programa ESpolítica, con la participación de Benjamín López e Isaac Blasco, subdirector de Vozpópuli, se analizaron las claves de dos jornadas judiciales especialmente relevantes. La conclusión compartida en la mesa fue clara: Aldama no sorprendió en lo esencial, porque buena parte de su relato ya se conocía, pero sí añadió detalles que pueden tener recorrido político y judicial.

Aldama apunta a la “jerarquía” de la trama

Uno de los momentos más llamativos llegó cuando Víctor de Aldama describió, en su declaración, una supuesta jerarquía dentro de la trama. El empresario situó a Pedro Sánchez en lo que denominó el “escalafón uno”, a José Luis Ábalos en el segundo, a Koldo García en el tercero y a él mismo en el cuarto.

La afirmación, de enorme carga política, no implica que Sánchez esté siendo juzgado en esta causa. Como se recordó en la tertulia, el presidente del Gobierno no está sentado en el banquillo y, por tanto, no será condenado ni señalado judicialmente como acusado en esta pieza. Otra cosa distinta es la lectura política que pueda hacerse de las palabras de Aldama y de la cercanía de varios de los implicados con el núcleo duro del PSOE.

Benjamín López subrayó precisamente esa diferencia: judicialmente, Ábalos aparece como la figura de mayor rango dentro del procedimiento, pero políticamente resulta difícil defender que Sánchez viviera completamente ajeno a las actuaciones de quienes fueron durante años sus hombres de máxima confianza.

La foto con Sánchez y el relato contrario al de Moncloa

Otro de los episodios que volvió a salir a escena fue la conocida fotografía de Aldama con Pedro Sánchez en un acto en La Latina, durante la campaña de Pepu Hernández. Según la versión del empresario, aquel encuentro no fue una foto casual con un simpatizante, sino un momento en el que Sánchez habría querido conocerle y agradecerle los servicios prestados.

Desde Moncloa siempre se ha ofrecido una explicación radicalmente distinta: la de una imagen más entre muchas, sin mayor relevancia. El choque de relatos vuelve a ser, por tanto, uno de los elementos centrales del caso. No tanto por su efecto judicial inmediato, sino por el desgaste político que supone para el Gobierno.

Begoña Gómez entra de nuevo en el debate

La declaración de Aldama también dejó una derivada especialmente delicada: la alusión a Begoña Gómez y a un supuesto interés en una operación inmobiliaria. Según se analizó en la mesa, ese punto podría abrir una nueva vía de investigación si llegara a documentarse.

La tesis expuesta es que Aldama habría mostrado interés por unos edificios que, posteriormente, terminaron vinculados al Instituto de Empresa, entidad relacionada con la actividad profesional de Begoña Gómez. La prudencia obliga a situar estas afirmaciones en el terreno de las declaraciones de parte, pero la acumulación de coincidencias fue señalada por Benjamín López como un asunto que merecería al menos ser investigado.

¿Ábalos era el número uno o lo era Koldo?

La mesa también abordó una cuestión clave: quién mandaba realmente en la trama. Para Benjamín López, Ábalos aparece como el principal responsable político y judicial dentro del procedimiento, dado su cargo como ministro de Transportes y su capacidad de decisión en aquel momento.

Isaac Blasco, sin embargo, introdujo una lectura distinta. A su juicio, Koldo García pudo tener mucha más autonomía de la que se le atribuye habitualmente. Lejos de ser únicamente el antiguo portero de discoteca convertido en asesor, Blasco recordó que Koldo había sido concejal, había tenido relación con el socialismo navarro, había actuado como confidente de la Guardia Civil y mantenía una agenda propia con contactos relevantes en la Administración y en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Esa es una de las claves del caso: Koldo no habría sido solo el brazo ejecutor de Ábalos, sino alguien con capacidad propia para moverse en estructuras de poder y abrir puertas.

Koldo, de asesor a operador con agenda propia

La imagen de Koldo García como un personaje secundario y dependiente de Ábalos queda, según esta interpretación, muy limitada. Blasco defendió que Koldo no era un ingenuo ni un simple intermediario sin recorrido, sino un operador que supo aprovechar sus vínculos políticos, institucionales y policiales.

En esa línea, el periodista explicó que Koldo tenía contactos anteriores y paralelos a su etapa junto a Ábalos. También señaló que su acceso a determinados cargos no siempre podía explicarse únicamente por la sombra del exministro, sino por su propia red de relaciones.

Aldama, por su parte, habría reforzado esa idea al afirmar que muchas personas atendían a Koldo porque lo asociaban directamente con Pedro Sánchez y no solo con José Luis Ábalos.

Ábalos, el ministro apagafuegos del primer Gobierno Sánchez

La tertulia también puso contexto al papel de José Luis Ábalos en el primer Gobierno de Pedro Sánchez. Blasco describió al exministro como una especie de “apagafuegos” político en un Ejecutivo inexperto, integrado por perfiles de gran impacto mediático pero con escaso rodaje administrativo.

Según esa visión, Ábalos habría ejercido durante un tiempo como figura central en la gestión interna del Gobierno y del PSOE, lo que explicaría que Koldo pudiera asumir funciones orgánicas de enorme relevancia. El propio Koldo habría llegado a presentarse como una suerte de secretario de organización en la práctica, cuando Ábalos no podía atender directamente las tareas del partido.

Una afirmación que, de ser cierta, no deja en buen lugar ni al exministro ni al propio PSOE, porque revela hasta qué punto una persona sin cargo formal de primer nivel pudo acceder a espacios de poder.

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