ES DE LEY

ES DE LEY
Villegas retrata el “barco de los locos” del sanchismo: “Están dinamitando los cimientos del Estado”
El juez Jesús Villegas carga en ‘ES de Ley’ contra la campaña de desprestigio a jueces y fiscales, denuncia el acoso a la magistrada Beatriz Biedma y compara la reacción del Gobierno ante la corrupción con un delirio de negación de la realidad
El juez Jesús Villegas ha vuelto a poner palabras a una sensación cada vez más extendida en la España política y judicial: el sanchismo ha entrado en una fase de huida hacia adelante en la que todo vale para proteger al poder. En su nuevo análisis en ES de Ley, el magistrado parte del último escándalo que sacude al PSOE, el de la llamada “fontanera”, para denunciar una deriva que, a su juicio, ya no solo afecta a la política, sino a los propios cimientos del Estado de Derecho.
Villegas no oculta su preocupación por las informaciones que apuntan a una presunta estructura dedicada a buscar trapos sucios contra jueces y fiscales. Siempre bajo la cautela de que las investigaciones deberán probar los hechos, el juez describe un escenario gravísimo: una persona vinculada al Partido Socialista que, según las pesquisas, habría cobrado dinero de la organización para indagar en la vida privada de miembros de la carrera judicial y fiscal con el objetivo de chantajearlos o desacreditarlos.
Y ahí Villegas se detiene especialmente en un nombre: la magistrada Beatriz Biedma, encargada de investigar el caso del hermano de Pedro Sánchez y convertida ahora en objetivo de una campaña de desprestigio que el juez califica de auténtico “calvario”.
El barco que se hunde
El análisis arranca con una imagen potente: la de un barco que hace aguas en plena tempestad. El barco, explica Villegas, sería el Gobierno; la tormenta, la corrupción; y el destino, el hundimiento político e institucional si no se detiene esta deriva.
Pero esta vez el juez va más allá y recurre a un viejo tópico medieval: el “barco de los locos”, la Stultifera Navis, una figura literaria que servía para representar los vicios de una sociedad a través de un navío cargado de necios, dementes y personajes dominados por sus pecados.
Villegas utiliza esa imagen para describir lo que considera una España oficial instalada en la negación, en la paranoia y en la construcción de enemigos imaginarios. Una maquinaria política y mediática que, cuando ve cómo se acumulan las investigaciones judiciales, no responde con explicaciones, sino señalando a jueces, fiscales y periodistas.
La “proyección” de quienes buscan basura
El juez introduce incluso conceptos propios de la psicología para intentar explicar lo que está ocurriendo. Habla de la “proyección”: atribuir a los demás aquello que uno mismo es o hace. En ese sentido, Villegas lanza una reflexión demoledora: quien cree que todos los jueces y fiscales pueden ser chantajeados con trapos sucios quizá lo cree porque contempla el mundo desde sus propios códigos.
“Si tú tienes basura que ocultar, crees que todos los demás son como tú”, resume el magistrado en una de las ideas centrales de su análisis.
Villegas defiende que jueces y fiscales españoles, con sus defectos como cualquier colectivo, no forman parte de ese mundo de mordidas, chantajes y delincuencia que algunos parecen proyectar sobre ellos. Y advierte de que, si en algún momento apareciera una “oveja negra”, habría que actuar con absoluta contundencia. Pero una cosa es perseguir casos concretos y otra muy distinta es alimentar la sospecha global contra toda la Justicia.
La negación como respuesta política
El magistrado también apunta al mecanismo de la negación. A su juicio, el Gobierno y su entorno se enfrentan a una acumulación de causas judiciales que afectan directa o indirectamente al poder actual, pero en lugar de asumir la gravedad de la situación, responden como si nada existiera.
Para Villegas, negar lo que está “delante de las narices” no es ya una estrategia política, sino una forma de ceguera ante la realidad. Y cuando esa negación se extrema, añade, se convierte en un relato paranoide: todo el mundo conspira contra el Gobierno, todos los jueces se coordinan, todos los fiscales participan en una supuesta operación y cualquier investigación se presenta como una maniobra de la derecha.
El juez desmonta esa tesis con una pregunta evidente: ¿cómo van a estar confabulados jueces y fiscales de todas las sensibilidades, conservadores y progresistas, durante años, en procedimientos distintos y con personas que ni siquiera se conocen entre sí?
“Por favor, ¿qué seriedad tiene esto?”, viene a decir Villegas ante una explicación que considera sencillamente ridícula.
El ataque a Biedma y la línea roja
El momento más duro del análisis llega cuando Villegas se refiere a las imágenes generadas por inteligencia artificial contra la magistrada Beatriz Biedma. Para el juez, esto ya no entra en el terreno de la locura, sino en el de la maldad política y personal.
No habla de errores, ni de excesos, ni de bromas de mal gusto. Habla de una campaña fabricada “a posta” por “auténticos canallas” para desacreditar a una juez que está haciendo su trabajo. Y ahí el análisis se convierte en una defensa cerrada de la independencia judicial.
Villegas expresa todo su apoyo a Biedma, a quien define como una profesional intachable que está soportando una presión intolerable por investigar un asunto especialmente incómodo para el poder: el caso del hermano del presidente del Gobierno.
Rumbo a la tierra de los locos
El juez cierra su intervención regresando al “barco de los locos”. En la tradición medieval, ese navío se dirigía a una tierra de necios, un inmenso manicomio moral donde todo estaba del revés. Algunos, dice Villegas, podrían pensar que esa tierra se llama España. Pero él se niega a aceptar esa idea.
“Los españoles tenemos la cabeza en su sitio”, sostiene. Los locos, apunta, son unos pocos. Y si esos pocos consideran que todos los jueces españoles son “fachas”, quizá deberían buscar acomodo en otros lugares donde la Justicia sea más de su agrado.
El mensaje de fondo es nítido: frente al intento de convertir las investigaciones judiciales en una conspiración, Villegas reivindica la sensatez, la razón y el respeto institucional. Y frente al acoso a jueces como Beatriz Biedma, lanza una advertencia clara: no estamos ante una simple bronca política, sino ante un intento de dinamitar los cimientos del Estado.