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Fiesta del 60 Cumpleaños de Ábalos

Fiesta del 60 Cumpleaños de Ábalos

Aldama lleva al Gobierno de Sánchez al terreno más turbio: asegura que vio droga en una fiesta de Ábalos

El empresario afirma que presenció consumo de drogas por parte de “gente del Gobierno” en su restaurante durante un cumpleaños del exministro. Una acusación gravísima que Moncloa no puede despachar solo con silencio o desmentidos de manual.

Luis Sordo
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Víctor de Aldama volvió a hablar y esta vez lanzó una de las acusaciones más escabrosas que se recuerdan contra el entorno del Gobierno de Pedro Sánchez. El empresario, pieza clave del caso Koldo, aseguró en televisión que vio consumir droga a “gente del Gobierno” durante una fiesta de cumpleaños de José Luis Ábalos celebrada en un restaurante de su propiedad.

La afirmación es de una gravedad extrema. No porque Aldama haya aportado, al menos públicamente, pruebas gráficas de ese supuesto consumo, sino porque vuelve a colocar al Ejecutivo de Sánchez ante una pregunta incómoda: ¿cuánto más queda por saber de aquellos años de poder, favores, fiestas, comisionistas y amistades peligrosas?

Aldama fue muy concreto en el escenario. Según su relato, los hechos se produjeron en su restaurante, durante una celebración de Ábalos. “Yo sí puedo decir de gente que ha consumido droga del Gobierno y yo lo he visto”, afirmó. No dio nombres. No señaló directamente a ningún ministro. Pero sí dejó caer una sombra política inmensa sobre una fiesta en la que, según se ha recordado, estuvieron presentes figuras de primer nivel del Gobierno y del PSOE.

La fiesta de Ábalos que vuelve como un bumerán

Aquel cumpleaños de Ábalos se ha convertido, con el paso del tiempo, en algo más que una anécdota social. Lo que en su día pudo parecer una celebración privada del entonces hombre fuerte de Sánchez aparece ahora rodeado de un ambiente mucho más inquietante: empresarios con acceso al poder, cargos públicos, relaciones privilegiadas y, según Aldama, consumo de drogas en un entorno vinculado al Gobierno.

La imagen es demoledora para el sanchismo. Ábalos, que fue ministro de Transportes, secretario de Organización del PSOE y persona de máxima confianza de Pedro Sánchez, está hoy en el centro de una trama que ha terminado por arrastrar a buena parte del relato de limpieza que vendió el presidente.

Aldama no necesita ya exagerar demasiado para hacer daño político. Le basta con recordar dónde estaba cada uno, quién acudía a determinadas celebraciones y cómo se movían algunos personajes alrededor del poder.

Una acusación sin pruebas públicas, pero con enorme impacto político

Conviene subrayarlo: lo de la droga, por ahora, es una acusación de Aldama. No hay imágenes públicas que demuestren ese consumo ni se han señalado nombres concretos. Pero también conviene decir lo obvio: el simple hecho de que un empresario investigado, con acceso durante años a altos cargos socialistas, se atreva a poner sobre la mesa una afirmación así ya refleja hasta qué punto se ha podrido el clima político alrededor del Gobierno.

Porque Aldama no habla de una fiesta cualquiera. Habla de un cumpleaños de Ábalos. Habla de un restaurante suyo. Habla de gente del Gobierno. Y lo hace en un momento en el que muchas de sus revelaciones, que en su día parecían imposibles o disparatadas, han terminado abriendo debates judiciales, políticos y mediáticos de primer orden.

Ese es el gran problema de Sánchez: que ya no basta con decir que Aldama miente. Hay que demostrarlo. Y de momento Moncloa vive instalada en una estrategia agotada: negar, amenazar con querellas y esperar a que escampe.

Bolaños, las querellas y el silencio incómodo

El empresario también volvió a retar a Félix Bolaños, al que acusa de haber intentado comprar su silencio a través de su entorno. El ministro ha negado esas acusaciones y anunció acciones legales, pero Aldama insiste en que esa querella no le termina de llegar.

La pregunta empieza a repetirse en todos los frentes: si todo es falso, si todo es una infamia, si Aldama se lo inventa todo, ¿por qué no se actúa con más contundencia en los tribunales? ¿Por qué tantas amenazas de querella y tan pocas consecuencias visibles?

Esa duda es letal para un Gobierno que presume de transparencia mientras acumula incendios judiciales a su alrededor.

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