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EL DESPERTADOR

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Aldama profetiza el futuro de Sánchez: "terminará en la cárcel"

El empresario insiste en que el presidente “estaba informado de todo” y rescata el argumento que el propio Gobierno defendía cuando el colaborador judicial servía para golpear al PP: “Quien colabora con la Justicia tiene el apoyo del Gobierno”

Luis Sordo
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La sentencia del caso de las mascarillas ha dejado al Gobierno de Pedro Sánchez en una posición cada vez más incómoda. No solo por las condenas a José Luis Ábalos y Koldo García, dos nombres que durante años estuvieron sentados en el corazón del poder socialista, sino por el papel de Víctor de Aldama, el empresario que se ha librado de entrar en prisión gracias a su colaboración con la Justicia y que ahora amenaza con seguir tirando de la manta.

Aldama volvió a elevar el tono en televisión y apuntó directamente a Pedro Sánchez. Según su versión, el presidente del Gobierno no era un espectador lejano de la trama, sino alguien plenamente informado. El empresario insistió en que Sánchez era “el número uno” y recordó el famoso episodio del teatro La Latina, donde, según sostiene, el jefe del Ejecutivo le habría agradecido personalmente sus gestiones: “Gracias por todo, estoy informado de todo”.

La imagen que dejó Aldama es demoledora para Moncloa: un Sánchez atrincherado en el poder no tanto por supervivencia política, sino por miedo a lo que pueda venir después. En sus propias palabras, al presidente ya no debería preocuparle tanto dimitir o convocar elecciones, sino la posibilidad de acabar ante los tribunales. “Va a ir a la cárcel”, llegó a afirmar el empresario, una acusación gravísima que, por ahora, queda en el terreno de lo declarado por él, pero que el entorno judicial y político sigue con máxima atención.

El “uno”, la UCO y la sombra de las cloacas

El relato de Aldama conecta con una de las claves que más inquieta al PSOE: las referencias al “uno” en informes de la UCO y en conversaciones investigadas. El empresario sostiene que ese “uno” sería Pedro Sánchez y que las distintas piezas que van aflorando —desde la trama Koldo hasta las llamadas cloacas del PSOE y el papel de Leire Díez— empiezan a dibujar un mapa cada vez más próximo al núcleo de Moncloa.

No se trata solo de una frase lanzada en un plató. Aldama asegura haber vivido en primera persona la relación con el poder socialista y sostiene que los movimientos de la trama eran conocidos por quienes mandaban. De ahí que su mensaje vaya más allá de Ábalos o Koldo García. Según su versión, el exministro y su asesor no eran verso suelto, sino piezas de una maquinaria que operaba bajo la confianza del presidente.

A ello se suma otro frente explosivo: el sobre relacionado con supuestos pagos de PDVSA, la petrolera venezolana, y los posibles bonos destinados a la Internacional Socialista. Aldama ha trasladado a la investigación que esa documentación podría apuntar a una presunta financiación ilegal del PSOE y de dirigentes internacionales. Entre los nombres que se han deslizado aparecen José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, aunque será la Justicia quien determine si esos indicios tienen recorrido penal o se quedan en la declaración del empresario.

Bolaños, cazado por la hemeroteca

Pero mientras Aldama aprieta, el Gobierno intenta cambiar el foco. Los ministros de Sánchez han salido en tromba contra el empresario, cuestionando que evite la cárcel pese a haber sido condenado. El problema para Moncloa es que la hemeroteca ha vuelto a colocar a Félix Bolaños en una situación imposible.

Hace apenas dos años, el ministro de Justicia defendía con solemnidad el indulto parcial a José Luis Peñas, el exconcejal del PP que denunció la trama Gürtel. Entonces, Bolaños no tenía dudas: quien colaboraba con la Justicia merecía el respaldo del Gobierno. “Quien colabora con la Justicia tiene el apoyo del Gobierno de España”, proclamó en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros.

Aquella frase, pronunciada con tono institucional, regresa ahora como un boomerang. Porque cuando el colaborador judicial ayudaba a golpear al PP, el Gobierno lo presentaba como ejemplo democrático. Pero cuando quien colabora señala al PSOE, a Ábalos, a Koldo, a Leire Díez o incluso al propio Sánchez, el mismo Gobierno pasa a tratarlo como un problema político de primer orden.

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