ES DE LEY

El Juez Jesús Villegas
Villegas alerta sobre Ceuta y Melilla: “Si Marruecos pisa el acelerador, nos pueden quitar las plazas”
El juez analiza en ‘ES de Eley’ el futuro jurídico de las ciudades autónomas y advierte del riesgo de una guerra híbrida, una invasión migratoria permanente y una cesión política disfrazada de solución diplomática
El juez Jesús Villegas ha lanzado en ES de Eley una de sus advertencias más serias sobre el futuro de Ceuta y Melilla. En un análisis con fuerte carga jurídica y geopolítica, el magistrado plantea una pregunta directa y demoledora: ¿existe la posibilidad real de que estas dos ciudades españolas acaben convirtiéndose en marroquíes?
Su respuesta no deja demasiado margen para la tranquilidad. Según Villegas, si el Gobierno de Marruecos o el rey marroquí decidieran “pisar el acelerador a fondo”, España podría encontrarse ante un escenario extremadamente delicado. No necesariamente mediante una invasión militar clásica, con tanques o carros de combate, sino a través de fórmulas mucho más difíciles de gestionar: presión migratoria, ocupación de facto, propaganda internacional y guerra híbrida.
El juez no entra a valorar si las recientes avalanchas migratorias fueron espontáneas o dirigidas desde Marruecos. Prefiere ir más allá y plantear un escenario hipotético mucho más grave: que decenas de miles de personas entren en Ceuta o Melilla y, en lugar de regresar, decidan quedarse.
El problema jurídico de una ocupación de facto
Villegas sostiene que, ante una entrada masiva y permanente, el Estado español tendría muy pocos instrumentos legales eficaces. No podría ejecutar una deportación masiva, porque lo impiden tanto la legislación interna como el marco internacional. Para expulsar a miles de personas habría que tramitar procedimientos individualizados, uno por uno, mientras esas personas seguirían físicamente dentro del territorio.
Y ahí, según el juez, se abre una grieta peligrosísima. Si esas personas permanecen en la ciudad, necesitan comida, agua, alojamiento y asistencia sanitaria. Si Marruecos, bajo una supuesta excusa humanitaria, empezara a abastecerlas, el problema dejaría de ser solo migratorio para convertirse en una operación de presión política sobre territorio español.
Villegas dibuja entonces el peor de los escenarios: miles de personas instaladas en Ceuta o Melilla, españoles marchándose por miedo, viviendas ocupadas y una presencia marroquí de facto que, con el tiempo, podría intentar revestirse de cobertura jurídica o diplomática.
La OTAN, Trump y la comunidad internacional
El magistrado advierte también contra la confianza ciega en una reacción automática de la comunidad internacional. A su juicio, no está claro que el paraguas de la OTAN cubra de forma indiscutible a Ceuta y Melilla, y recuerda que algunos países aliados podrían mantener posiciones ambiguas por sus propios intereses geopolíticos.
Villegas cita especialmente el papel de Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump, al que ve más próximo a Marruecos que a España, y menciona también a Francia como un actor que podría moverse con ambigüedad en función de sus intereses en la zona.
El juez introduce además otro factor inquietante: la existencia de sectores internacionales que consideran, de forma equivocada según él, que Ceuta y Melilla son colonias. Esa idea, aunque Villegas la califica de “barbaridad”, podría servir como argumento propagandístico para justificar una campaña contra la soberanía española sobre ambas ciudades.
La cesión blanqueada como solución política
El análisis no se queda en la hipótesis de una ocupación por presión migratoria. Villegas también plantea un escenario más suave, pero igualmente preocupante: que algún Gobierno español quisiera entregar Ceuta y Melilla a Marruecos sin necesidad de una invasión previa.
El juez recuerda que esa posibilidad no es nueva y que en el pasado determinados sectores políticos españoles llegaron a poner sobre la mesa posiciones favorables a una cesión. En ese caso, la operación comenzaría, según su razonamiento, por preparar a la opinión pública: presentar Ceuta y Melilla como territorios caros, problemáticos o incómodos, y vender su entrega como una forma de aliviar la presión migratoria sobre España y la Unión Europea.
El argumento sería aparentemente práctico: si España se desprendiera de ambas ciudades, la frontera directa con África desaparecería y quedaría sustituida por el Mediterráneo. Pero para Villegas eso no sería una solución, sino un lavado de cerebro para aceptar una pérdida territorial.
Españoles abandonados y maquillaje diplomático
Uno de los puntos más delicados del análisis es el futuro de los españoles que viven en Ceuta y Melilla. Villegas se pregunta qué ocurriría con ellos en una hipotética cesión a Marruecos. ¿Se les abandonaría a merced del rey marroquí? ¿Se les permitiría conservar la nacionalidad española? ¿Se crearía una fórmula jurídica intermedia?
El juez compara esa posible salida con modelos como el de Hong Kong, donde se articularon mecanismos transitorios tras el traspaso británico a China. Pero incluso así, el fondo del asunto seguiría siendo el mismo: España habría cedido dos ciudades propias y luego trataría de maquillar la decisión mediante fórmulas jurídicas y diplomáticas.
Villegas imagina incluso compensaciones cosméticas: tratados comerciales, supuestas ventajas económicas o bases militares españolas simbólicas en las ciudades ya entregadas. Una bandera, una garita, unos soldados y poco más para intentar disimular lo que él califica como una cesión vergonzosa.
Guerra híbrida y falta de coraje político
El juez recuerda también el precedente del islote de Perejil, cuando Marruecos ocupó territorio español y España reaccionó militarmente para recuperarlo. Pero advierte de que el futuro no tendría por qué parecerse a aquel episodio. El riesgo, según Villegas, no sería tanto una guerra convencional, sino una guerra híbrida: guerrillas, movimientos supuestamente espontáneos, grupos informales respaldados o pertrechados desde Marruecos.
En ese escenario, el problema no sería solo militar. Sería político. ¿Tendría España el coraje suficiente para actuar con firmeza si esa intervención provocara muertos? Villegas recuerda que la Constitución permite a las Fuerzas Armadas defender la integridad territorial, pero deja en el aire la gran duda: si quienes gobiernan estarían dispuestos a hacerlo.
“No los podemos abandonar”
El cierre del análisis es una llamada directa a no olvidar a los españoles de Ceuta y Melilla. Para Villegas, el futuro jurídico de ambas ciudades es sombrío si España no toma conciencia del peligro. Sus habitantes no son una cuestión periférica, ni una ficha diplomática, ni un problema incómodo que pueda barrerse debajo de la alfombra.
Su advertencia es clara: Ceuta y Melilla no se perderían de un día para otro con una declaración solemne, sino quizá a través de una suma de cesiones, silencios, miedos, campañas internacionales y hechos consumados. Por eso Villegas pone el foco donde más duele: el verdadero peligro no es solo Marruecos, sino una España que no se atreva a defender lo suyo.