16 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Los dos escandalosos silencios de Pedro Sánchez ante dos hechos terribles

Le incomodan, pero también le retratan: son dos escenarios políticos donde sus promesas y palabras se caen con estrépito y prefiere silenciarlos por sus consecuencias. Son éstos.

Apenas quince días antes de la moción de censura de hace un año, Pedro Sánchez defendió en televisión un endurecimiento del delito de rebelión: quería que los Junqueras y compañía no se escaparan sin una fuerte condena por matices legales de qué es o no es la violencia que hubo en el procés. Dos semanas después, llegó a La Moncloa gracias a los votos de ERC y de todo el independentismo.

Del que prometió, en otra célebre comparecencia pública, no aprovecharse "ni por acción ni por omisión" para alcanzar la presidencia, llegando incluso a reclamar disculpas a quienes decían que sí estaba dispuesto... a lo que finalmente hizo de manera efectiva con todo el separatismo a su favor.

 

Es Sánchez en su hábitat natural, el hombre capaz de decir una cosa de manera muy rotunda, casi enfadado por la duda, para hacer justo lo contrario en muy poco tiempo. O a la inversa. Y esa tendencia, o característica de su personalidad político, no ha cambiado.

Dos episodios, aún sin desenlace, vuelven a corroborarlo: los apoyos para su nueva investidura y la situación de Navarra, un polvorín político a punto de estallar. Esta vez el líder socialista da un paso más e intenta silenciarlos: si le preguntan por ellos, algo difícil pues cada vez da menos explicaciones y se somete a menos ruedas de prensa, directamente no responde. O lo hace con inconcreciones galopantes.

Navarra y ERC

¿Qué va a hacer en Navarra?, le preguntaron este viernes en Bruselas, poco tiempo después de que Pablo Casado le tendiera la mano para evitar que el Gobierno Foral dependiera de Bildu, tal y como el PSOE está dispuesto a hacer. Su respuesta lo dice todo:

"El PSOE siempre ha sido claro con la palabra y los hechos". Nadie supo el significado de esas palabras, pero todo el mundo da por hecho que los socialistas presidirán el Reino gracias al partido de Otegi.

Una fórmula que también se aplicará con el socio europeo de Bildu, la ERC de Junqueras, aunque Sánchez tampoco quiso aclararlo. Otro silencio estruendoso, cubierto de palabras etéreas que no responden claramente a nada: se limita a apelar al "sentido de Estado" de PP y Cs para que le regalen la investidura, sin nada a cambio, para gobernar luego con Podemos pero sin Podemos en el Gobierno. Sanchismo en estado puro.

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