21 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El frente parlamentario contra el PP salta por los aires y le explota a Sánchez

Pedro Sánchez, presidiendo la reunión del Consejo de Ministros.

Pedro Sánchez, presidiendo la reunión del Consejo de Ministros.

En La Moncloa son cada día más conscientes de la extrema dificultad para poder gobernar de manera efectiva. Y todas las miradas están puestas en el pleno del viernes sobre RTVE.

Cuando Pedro Sánchez se hizo con La Moncloa, era perfectamente consciente del guirigay que conformaba el bloque de partidos que con entusiasmo le apoyaron para expulsar de la Presidencia del Gobierno a Mariano Rajoy.

El gran punto de conexión, el hilo que cosía esas voluntades era expulsar al PP del poder. Todo lo demás estaba por escribir. Tan por escribir que en contra de lo que se ha venido afirmando no había pacto alguno. Los acontecimientos así lo indican.

En estos momentos, el Gobierno no tiene nada seguro. No es seguro que Podemos apoye el techo de gasto, buena parte de los grupos que le apoyaron presionan sin piedad para que el PSOE dé pasos adelante en relación a las cintas de Corinna y ahora los independentistas catalanes amenazan con no apoyar la designación de Rosa María Mateo como administradora única de RTVE.

Este nombre, y así lo confirman fuentes oficiales, fue pactada “con todos y cada uno de los grupos que apoyaron la moción de censura”. Pese a la jugada de Puigdemont, el Ejecutivo no ha perdido la esperanza de que finalmente apoyen el nombramiento de Rosa María Mateo si todos los demás grupos que apoyaron la moción de censura así lo hicieran “cumpliendo lo pactado”.

Con todo, la gran sorpresa para el Gobierno ha sido el pulso de Puigdemont que desde el extranjero se ha hecho con el liderazgo del PDeCAT y desde allí se ha alzado con el bastón de mando no solo sobre Quim Torra sino sobre el propio grupo parlamentario.

El apoyo de los diputados independentistas son imprescindibles para que el Gobierno pueda mantener el bloque que le permitió desalojar a Mariano Rajoy de La Moncloa. No es exagerado afirmar que la suerte del Gobierno está en manos de Puigdemont. “Todo va a depender -se indica en medios socialistas- del interés de los independentistas de que haya elecciones generales.

A lo mejor las quieren pensando que el PP puede ganarlas y así volver al escenario que más le gusta porque en el fondo vivían mejor contra Rajoy. La disposición al dialogo del Gobierno les ha descolocado. Es obvio que estaban más cómodos viviendo contra Rajoy”.

Puigdemont se dispone a condicionar vía plasma la política española y el gobierno de Pedro Sánchez.

 

En La Moncloa son cada día más conscientes de la extrema dificultad para poder gobernar de manera efectiva, pero en ningún modo, según medios oficiales, se ha barajado fecha alguna para una posibles elecciones generales. Lo que si se admite es que “no se sabe lo que a durar esto”. La propia ministra portavoz ha recordado que el Gobierno no va a ir más allá “de lo razonable”.

¿Donde está lo razonable?. No han fijado plazo pero en buen medida lo “razonable” va a depender de la posición de los independentistas catalanes y de su actitud en el Congreso porque todo aquello que no se geste en el Congreso y que tenga que ver con las relaciones estrictamente políticas, el Ejecutivo no va a decaer en su voluntad de suavizar el ambiente.

De “no elevar los decibelios dialécticos”, voluntad criticada tanto por PP como por Ciudadanos que creen que el Gobierno está yendo demasiado lejos “con elocuentes silencios que sólo sirven para dar alas a los independentistas porque ellos están en lo que están”.

Todo apunta a que la situación política en lo que a una convocatoria electoral se refiere ha entrado en fase de puntos suspensivos. La clave, por no decir la llave, la tiene Puigdemont y así lo reconocen tanto desde el Gobierno como desde el propio PSOE.

 

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