23 de noviembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La guerra entre Calvo y Redondo afecta ya a la torpe gestión del coronavirus

Carmen Calvo e Iván Redondo

Carmen Calvo e Iván Redondo

¿Está desbordado el Gobierno de Sánchez por la crisis sanitaria? Cada día parece más claro. Y detrás de ello puede haber un pulso entre dos personas clave. Ésta es la historia.

A Pedro Sánchez no le ha venido de fuera el enemigo político por su gestión del coronavirus. Eso le ocurrió a Rajoy por un único caso de Ébola, cargado en el debe del PP por el mismo presidente que hasta ahora ha gozado del respaldo discreto de toda la oposición. Pero el problema lo tiene dentro, y no termina en manotazo que ha pegado sobre la mesa para aclararle al Ministerio de Trabajo que, en esto, manda el de Sanidad.

La difusión de una guía alarmista sobre cómo tratar la mera sospecha de infección en las empresas, reprendida por la CEOE y generadora de pánico en las plantillas de toda España, es solo la punta del iceberg de un problema mayor que excede de la difícil convivencia de dos partidos en un mismo Gobierno.

A Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, la han tirado de las orejas con un comunicado que pone al titular de Sanidad, Salvador Illa, a la cabeza de todos los Ministerios en este delicado asunto que, a medida que pasa, empieza a pasarle factura política a Moncloa.

 

Asunto zanjado, en este epígrafe, aunque la herida queda en una semana en la que también han detonado los desajustes a cuento de la Ley de Libertad Sexual de Irene Montero, enmendada por Justicia con una sonora bronca con Pablo Iglesias.

Esto es más profundo, obedece a otra clave y se dirime en el peor momento posible, con una crisis mayúscula que tiene fuera de foco a un Gobierno desbordado, con Sánchez desaparecido durante días, hasta su aparición ayer en un centro sanitario, y la sensación de que no tiene claro un rumbo y están fallando resortes del Estado por guerras internas en su Ejecutivo.

Se trata del pulso eterno entre la poderosa vicepresidenta, Carmen Calvo, y el onmímodo Director de Gabinete, Iván Redondo. Una pelea que se remonta a la legislatura de la moción de censura y se mantiene en ésta, ambos con muchos galones.

Calvo conserva los que tenía; pero Redondo alcanza el generalato con unas competencias que le convierten, de hecho, en el vicepresidente del Gobierno B que trabaja en Moncloa, con más poderes reales que el Ejecutivo titular.

El Gobierno anunció una comisión interministerial de la que nada se sabe. Tampoco del Consejo de Seguridad. El pulso de Redondo y Calvo parece estar detrás

En sus tensiones, más que en la frivolidad de Díaz calcada a la de Montero, reside el verdadero quid de la cuestión y se resume en un insólito hecho en el que nadie ha reparado: al principio de la crisis se anunció una Comisión Interministerial para pilotar la situación que, pese a las galopantes cifras de contagios y la incipiente sensación de descontrol, se ha reunido solo una vez.

La anunció a bombo y platillo la propia vicepresidenta tras el Consejo de Ministros del 25 de febrero, con dos tercios del Gobierno concernido y  un mensaje previo de tranquilidad, expresado por Pedro Sánchez en persona, que hoy parece vencido por los hechos:

"A partir de ahora cualquier decisión que haya que tomar estará perfectamente engrasada y coordinada en la afectación que también 14 ministerios".

¿Y la Seguridad Nacional?

No solo no ha ocurrido eso, sino que la incomunicación entre Ministerios ya ha irrumpido en público, aunque lo peor sigue por detrás y tiene otro hito muy llamativo que fuentes del Congreso confirman por completo a ESdiario: la desaparición de escena del Consejo de Seguridad Nacional, un órgano decisivo en estas situaciones que depende, y esto lo explica todo, de Iván Redondo.

Tras la investidura, el consejero aúlico se convirtió en Secretario de ese Consejo, en responsable del Departamento de Seguridad Nacional e, incluso, en jefe de una nueva criatura, la Unidad de Prospectiva, encargada de gestionar los intereses de España, o al menos de Sánchez, a largo plazo.

Una acumulación de poderes que, con el coronavirus afectando ya a cientos de personas y dejando tres fallecidos en el recuento provisional, no se ha puesto en marcha en una crisis que, técnicamente, es responsabilidad de Carmen Calvo.

¿Se la está dejando macerar en sus propias competencias para que sea la vicepresidenta la cabeza de turco si algo sale mal? Responder afirmativamente a eso es una osadía, pero la pregunta no es nada descabellada.

"Calvo está además en otra crisis con Podemos por la Ley de Irene Montero", explican fuentes políticas a este periódico. Y todo ello genera una bola que va creciendo, tanto como para que arrolle a alguien en cualquier momento. Y las cifras de enfermos por #CoVid19, en fase de dispararse, sugieren que será pronto.

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