16 de enero de 2021
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El milagro de Grosjean

Bomberos apagando el incendio que se produjo tras el choque del coche de Grosjean.

Bomberos apagando el incendio que se produjo tras el choque del coche de Grosjean.

Solo un milagro evitó que Grosjean no falleciera después de que su coche se incendiara tras chocar en la misma salida del Gran Premio de Baréin.

Cuando una enorme bola de fuego apareció en la transmisión televisiva, nada más darse la salida del GP de Baréin, el corazón se encogió. Un monoplaza había impactado de manera violentísima contra las protecciones de una curva y se incendió. Era el Haas de Romain Grosjean, que impactó con los quitamiedos a la salida de una curva, tras tocarse con Daniil Kviat, perder el control del bólido y estamparse sin remisión. La colisión fue tan brutal, tan imprevista, que el monocasco se partió en dos. La parte trasera, la del motor, intacta: la delantera, con el depósito de combustible rajado, en llamas y empotrada entre los hierros.


Ahí iba Grosjean, anclado con su cinturón de seguridad de seis puntos, su cédula de seguridad, su HALO, su HANS, su mono ignífugo… Veintisiete segundos atrapado en la bola de fuego. No perdió la consciencia pese a la brutalidad del accidente y pudo salir renqueante mientras los extintores apagaban el infierno desatado en el circuito. Fue un milagro, y todo lo demás pasa a un segundo plano, porque la vida de Grosjean es mucho más importante que cualquier otra cosa.


La carrera la ganó, sorpresa, Hamilton
a lomos de su Mercedes AMG, que se hizo en condiciones de coche de seguridad después de que Checo Pérez rompiera el motor de su Racing Point a falta de tres vueltas para el final y perdiera el tercer escalón del podio, que era suyo. El siete veces campeón del mundo no tuvo el menor problema durante toda la prueba. Autor de la pole, salió como un cohete en la primera salida, también en la segunda tras el accidente de Grosjean y también en la resalida tras safety-car después de un vuelvo de Stroll, provocado por un Kviat que estuvo en todos los fregaos.

Verstappen fue segundo con su Red Bull Honda, siempre a la misma distancia que le permite Hamilton, que le pone la zanahoria a cuatro segundos y le lleva toda la carrera con la lengua fuera para no abusar de su superioridad. Tercero, tras el regalo de Pérez, fue Albon: con su futuro en el equipo energético eón el disparadero, tal vez sea un balón de oxígeno para el tailandés, o tal vez no.

 Mientras, sensacional resultado para McLaren. Lando Norris acabó cuarto, y quinto Sainz. El madrileño, que salía decimoquinto, cuajó un ramillete de adelantamientos para la videoteca: Ocon, Ricciardo, Leclerc, Gasly. Sin embargo, una segunda parada en boxes demasiado lenta y la sorprendente decisión del equipo papaya de calzarle compuestos duros para el último stint, cuando aún podía estirar la parada porque tenía blandos y medios para llegar al final, le dejó sin el cuarto de su compañero de equipo. Pese a todo, lo que importó de verdad fue el milagro de Grosjean. Eso sí que hay que celebrarlo.

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