20 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La CUP plantea cambiar de nombre tras la fuga de Anna Gabriel y su hundimiento

Anna Gabriel, entre Puigdemont y Junqueras

Anna Gabriel, entre Puigdemont y Junqueras

La CUP de diluye tras ser decisiva en la Generalitat, víctima de la fuga artificial de su lideresa. Pero impulsa un tercer frente separatista, el más radical de todos.



¿Se acuerda alguien de la CUP? El incalificable partido maoísta e independentista catalán vive sus horas más bajas, con su lideresa Anna Gabriel desaparecida en Suiza pese a que no tiene causas judiciales graves en España y un hundimiento electoral que le llevó a no participar siquiera en las recientes Elecciones Generales.

Los independentistas más radicales, los que primero se fotografiaron con Otegi antes de que Bildu se aliara con ERC, no saben exactamente qué hacer, pero sí por dónde empezar: cambiar de nombre, quizá, e integrar en una nueva marca al aluvión de siglas minoritarias para intentar hacer un frente común independentista y de extrema izquierda.

Una estrategia de alianzas que "podría llevar las siglas de la CUP u otras", tal y como recoge el documento de debate interno que el partido analizará este domingo en su Assamblea Nacional en Celrà (Girona), presidida por el intento de articular "un frente postelectoral amplio de izquierdas y soberanista".

 

Los nombres y formaciones que suenan para formar el tercer frente separatista en Cataluña (uno es el de ERC y Junqueras; el otro la Crida de Puigdemont) lo dicen todo de la esencia del posible nuevo movimiento: restos de otros partidos como Podemos, caso de Som Alternativa del polémico Albano Dante Fachín, o Poble Lliure; una folclórica amalgama de activistas que defienden el mito de los Países Catalanes y la anexión de Valencia y Baleares a los mismo.

Más radicales

La CUP no sabe que hacer sin Anna Gabriel, de la que apenas se sabe nada más allá de un sorprendente intento hace un mes de participar en las elecciones sindicales de la Universidad Autónoma de Barcelona, por la CGT. Pero su ausencia, pese a que ninguna causa penal la persigue, ha dinamitado el ya endeble armazón de los cupaires, ahora en busca de destino.

Se conforman con vaguedades, pese a ser el partido que inclina la balanza en la Generalitat hasta ahora, como ésta: "Desde la CUP trabajaremos por tanto para la articulación de un frente postelectoral amplio de izquierdas y soberanista, con peso político y que pueda tener capacidad de incidencia y de decisión en el Parlament".

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