19 de octubre de 2017 | DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Redes de mentirosos

Las redes sociales se han convertido en un espejo con dos caras que muestran la realidad de la condición humana. En uno decimos lo que queremos ser, la otra muestra lo que somos.

Si le preguntan en una encuesta qué hace en las redes sociales o cuánto tiempo está en ellas seguramente mentirá. A la primera cuestión es fácil qué diga algo así como seguir a líderes de opinión, sus marcas favoritas, leer las últimas noticias, estar en contacto con sus amigos de verdad y otras respuestas angelicales que le hagan quedar bien. Sobre el tiempo seguramente afirmará que poco: “como mucho una hora al día, eso si llega”. Lo que no va decir es que lo anterior le importa más bien poco y que las usa para cotillear como si no hubiera un mañana, de sus amigos y de los amigos de los amigos (si hablamos de Facebook), o que sigue un montón de cuentas de Twitter sobre chistes, memes y otros pasatiempos de los muchos pirados y polemistas de pacotilla anónimos que hay en esta red, y así podría seguir con el resto.

En cuento al tiempo, según el Estudio Anual de Redes Sociales de IAB, en los tres primeros trimestres de 2016 el promedio semanal está en 2 horas y 57 minutos (ver gráfico que ilustra el artículo). La palma se la lleva Whatsapp con más de 5 horas de uso semanal, seguida de Spotify, una red para escuchar y compartir música, con casi 4 horas y media, y Facebook casi con el mismo tiempo. Después viene YouTube, con algo más de tres horas y Telegram (un servicio de mensajería móvil que se ha popularizado por la encriptación y seguridad de sus mensajes a diferencia de lo que sucede con Whatsapp). No me extiendo con el resto puesto que ustedes mismos lo pueden ver en el gráfico.

En consecuencia, un usuario medio que utilice varias redes, doy por sumada Whatsapp, a la que le voy a añadir tres más, algo muy normal en la actualidad aunque usted puede que no se lo crea, se sitúa en un consumo semanal mínimo de entre 11 y 13 horas, y de estas cifras hacia arriba. A menor edad más uso de las redes, basta con que su visualice a los más jóvenes en casa viendo la tele y escribiendo con el móvil, o gente en los bares que no habla entre ella y está con su smartphone. Soy consciente de que todas las estadísticas son parciales y no todo el mundo está tanto tiempo, pero se trata de indicadores y como tal vamos a tomarlos.

Creo que la cuestión respecto a las redes sociales no es el factor tiempo por sí solo, sino qué se hace en ellas y para qué. Ahora se escribe mucho sobre si las mismas nos van a aislar o si van a convertir a los jóvenes en idiotas funcionales. En primer lugar, llevan pocos años funcionando para saberlo con certeza (las más veteranas apenas superan los 10 años de vida y su implantación masiva no llega a un lustro, aproximadamente), por lo que creo que habrá que ser prudente en este sentido. Particularmente pienso que son mucho más buenas que malas en la medida que han permito acercar la información hasta extremos nunca imaginados.

Cuando los tecnófobos, la gente que tiene miedo a la tecnología, hablan pestes de las redes sociales siempre les invito a que busquen una foto de los años 40 o 50 de personas en el metro o autobús de una gran ciudad. ¿Saben lo que hacían? No hablaban entre ellos porque eran desconocidos, verán que muchos iban con un periódico de papel o un libro. Cada uno a lo suyo. En la actualidad, quiten libros y pongan móviles. En cierto modo estamos igual de aislados. Vámonos a la década de los 70 y la implantación de la televisión de forma masiva en España ¿Acaso no hubo una generación de españoles de crecimos delante de ella? Hemos salido idiotas. No. Pues creo que lo mismo pasará con la chavalada que ahora crece delante de YouTube o se harta de escuchar música en Spotify.

La clave está en saber gestionar los contenidos para los menores, y aquí los padres no les pueden dar la tableta o el móvil a sus hijos y que vean o hagan cualquier cosa en ella. Ni que menores de edad usen Instagram para subir fotos de ellos medio desnudos, o tener una cuenta en Twitter o Facebook antes de lo razonable. El asunto pasa por la educación y la convivencia con ellos en la redes sociales, lo que sucede es que por una parte da pereza y por otra los padres no saben de tecnología. Probablemente sea la primera vez que un joven sepa más de algo que sus padres, y eso no es fácil de gestionar.

Sobre los contenidos de las redes nos empeñamos en ocultar aquello que hacemos en la vida fuera de ella para darnos una imagen de estupendos, cuando nuestra vida es normal tirando a aburrida. ¿Es que acaso usted cuando queda con sus amigos habla de Platón o Aristóteles? ¿Cuándo llama a un familiar o amigo no pone, en ocasiones, a caer de un burro a un conocido? Si va por la calle, ¿no se para a ver escaparates?

Pues esto mismo es lo que hacemos en las redes sociales. Ya se lo digo yo y la encuesta que he citado más arriba si se la quiere estudiar. Hablar por Whatsapp de temas normales, cotillear en Facebook a nuestras amistades y ver las marcas que nos gustan, entrar a Twitter a ver contra quien se dispara, y si uno es usuario tal vez darle un zasca, ver videos en YouTube, no precisamente culturales, de lo contrario el fenómeno de los Youtubers no existiría, y así con todas… Tranquilo, no es usted raro, es fruto de la época que la ha tocado vivir. Y si lo hace con educación se lo agradeceremos todos.

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