18 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Llega a oídos de Puigdemont el plan que traman el PDeCAT y ERC para traicionarle

Junqueras y Puigdemont: ¿Caminos enfrentados?

Junqueras y Puigdemont: ¿Caminos enfrentados?

Lo último que circula por Barcelona: consellers inequívocamente separatistas, administradores de mayor o menos biografía, y escaldados por el reciente pasado de sus próceres.

El Parlamento de Cataluña va a tener formada su dirección. La llamada Mesa que, salvo sorpresa de última hora, tendrá color independentista. Ahora bien, quien crea que esta nueva Mesa compuesta por los herederos de la corrupta Convergencia, primer partido condenado en España por financiación ilegal, Esquerra con su jefe encarcelado y los filoterroristas de la CUP, se lanzará de nuevo al precipicio de la ilegalidad, yerra; se equivoca de medio a medio.

Por más que la referida CUP incite a la rebelión los otros no van a estar por la labor, ninguno de los componentes de la Mesa quiere visitar Estremera, donde lleva metido casi tres meses el devoto Junqueras.

Por eso, nada más que por eso, no se va a tirar de nuevo al vacío. Dice un altísimo cargo que fue del ahora denominado viejo PSOE: “A estos no les llega la camisa al cuerpo y no va a hacer nada que los letrados de la Cámara desaconsejen”. Y así es.

Rajoy ha ganado la realidad pero la realidad no le reconoce, de aquí que su buena gestión económica y el aplacamiento independentista no le hayan deparado el menor beneficio.

El personaje del que hablamos que durante mucho tiempo gobernó el guirigay socialista cruza apuestas con quiera que, además, el nuevo Gobierno que se forme, si es que se consigue formar, tampoco se alineará con el fugitivo de Bruselas. El denomina gráficamente a este Ejecutivo: “Gobierno de subsecretarios”, es decir, individuos sí inequívocamente separatistas, administradores de mayor o menos biografía, y escaldados por el reciente pasado de sus próceres.

Ninguno, tras las manifestaciones más o menos testimoniales se atreverá a tomar una sola decisión que tenga por casa final los tribunales de Justicia.

El muy reputado político en cuestión, sugiere malévolamente cuál además será la trayectoria de estos gobernantes de medio pelo: “Primero irán una vez cada quince días a Bruselas a despachar simbólicamente con el que se proclama 'Presidente de la República Catalana', luego viajarán únicamente una vez al mes porque tienen mucho trabajo en Barcelona, más tarde la visita se demorará dos meses, luego tres, cuatro… hasta que dejen definitivamente de viajar porque, en definitiva, los mejillones de Barcelona son bastante mejores que los que sirven en los carísimos restaurantes de la capital belga”.

Puigdemont, en su "refugio" belga, vivirá este miércoles su primera cita desde la distancia.

 

Ironías aparte, el diagnóstico de este personaje en la recámara que nunca dejará de ser político a pesar de los esfuerzos de Pedro Sánchez de anularle, no puede ser más aproximadamente certero porque parte de una base que él también proclama de forma solemne: “El Estado ha ganado en Cataluña”, una afirmación que, viniendo de quien viene, es toda una sentencia, una realidad que debería encantar a Mariano Rajoy el primer pagano de la gran obra de orfebrería jurídica y política que se ha realizado en Cataluña.

Ninguno, tras las manifestaciones más o menos testimoniales se atreverá a tomar una sola decisión que tenga por casa final los tribunales de Justicia.

Rajoy, con sus tiempos medidos y a menudo desesperantes puede pasar a la Historia (no es una exageración) como el hombre que ha conseguido un para de decenas más de convivencia imperfecta  entre España y Cataluña.

Nadie le va a reconocer ahora mismo ese bagaje, esa virtud, entre otras cosas porque él y cuantos le rodean deberán haber sabido de antemano que en política las cosas no son como son sino como parecen, y lo que parece es que Rajoy y su Partido Popular han fracasado rotundamente en
Cataluña.

La historia juzgará, la actualidad ha condenado ya a los dos: al presidente del Gobierno y su partido, frente a quienes, como los “aprovechados carroñeros de Ciudadanos” (la denominación es un
vicesecretario del PP) estuvieron racaneando con el 155 y sin embargo han construido después sobre su aplicación y grandes dosis de estupenda comunicación, un triunfo electoral sorprendente.

Ahora Rajoy no tiene la menor intención de reeditar otro 155 en Cataluña, visto no solo los pocos réditos que le ha producido, sino la certeza de que los nuevos administradores no se van a colgar, como decimos de la brocha resbaladiza de la unilateralidad, brocha que, por otra parte, han tirado ya a la basura los valientes Mossos D’Esquadra que, con el maléfico Artur Mas a la cabeza, imploran en este momento comprensión para intentar lo que inevitablemente se les viene encima: la cárcel.

Rajoy ha ganado la realidad pero la realidad no le reconoce, de aquí que su buena gestión económica y el aplacamiento independentista no le hayan deparado el menor beneficio. 

Pero él ha ganado: otra cosa es que el triunfo pírrico pueda llevarle incluso a la oposición porque como viene dice además el político al que nos hemos venido refiriendo: “Se hizo lo que se debía hacer, Cataluña va a cambiar y España también, otra cosa es que los protagonistas del cambio sean distintos”. No cabe ni mejor diagnóstico, ni mejor pronóstico.

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