30 de noviembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Hasta las narices de Rosito, cuernos y buscadores de fama a cualquier precio

La hoguera final de "La isla de las tentaciones" regaló un sinfín de momentos pero, sin duda, quien caló en los espectadores fue el peluche de Mayka al que Pablo decidió "quitarle la vida".

 

 

No entiendo nada. Creo que todo es producto de eso que los sociólogos llaman salto generacional. No me cabe en la cabeza que un programa como La isla de las tentaciones 2 congregue ante el sofá a más de 3,4 millones en sus hogueras finales. Es más, casi ha estado a punto de igualar a la final de la primera edición (3,6 millones), una edición que después de pasar meses enlatada y arrumbada en el cajón sorprendió a todo el mundo cosechando un éxito inexplicable, por lo menos para mí. Lo dicho, la supuesta final del domingo se ha convertido en una de las más vistas de esta edición y uno de los espacios más vistos de la temporada.

Digo supuesta final porque parece que todavía nos queda una velada, la de este miércoles 21 de octubre, en la que Telecinco se centrará en el presente de las parejas de concursantes, de los tentadores y de las tentadoras. A modo de resumen y como resultado final, parece que cuatro de las cinco parejas que aterrizaron en La isla de las tentaciones 2 han roto; además, entre roneo y roneo, se supone que han surgido tres nuevas relaciones. Así parece que vivimos. Pendientes, pegados a la pantalla, tan pegados como mi abuela a la radio, cuando nos mandaba callar porque tenía que planchar escuchando el culebrón de Lucecita.

No sé qué me alucina más, si que como espectadores nos seduzca tanto el sufrimiento ajeno, el morbo y los cuernos (ajenos también por supuesto) o que la estrella de esta edición sea Rosito, un oso de peluche que terminó ardiendo en la hoguera final como los libros de Fahrenheit 451. Claro que si le peguntáramos a esta tropa quién es Guy Montag puede que nos respondieran cualquier barbaridad. Si como pista les dijera que era bombero igual lo colocaban en el universo de los instagramers o influecers macizos. Que todo puede ser.

Rosito lleva dos días poblando las redes convertido en carne de meme, por no hablar de su momento de gloria en todos los espacios de la cadena de Fuencarral que alimentan el morbo de la audiencia de la isla. Inexplicable ese arranque de Sálvame el lunes a las cuatro de la tarde.

Mayka, Pablo y Rosito

Confieso que estoy hasta las narices de Rosito. Como también lo estoy de este tipo de programas que no dejan de ser un síntoma y una actitud que reflejan hacia donde va la sociedad. Una sociedad de usar y tirar, de lo quiero ahora y lo quiero ya, que vive pendiente de la plaza pública, de la burbuja de las redes sociales, que consume 'likes' hasta atragantarse, incapaz de discernir entre el universo real y el cibernético. Una sociedad que no sabe hablar mirando a los ojos y mucho menos ligar. ¡Pero que antigua soy! Si hasta mi hijo adolescente me ha pedido permiso para hacerse "una cuenta de insta para encontrar novia". Me dirán: agradécelo, que no todos preguntan.

¿Por qué me extrañará a mí que los lamentos, los arrumacos y las venganzas tengan tanto éxito? Si ahora para ligar tienes que subir stories a tu cuenta de Instagram y según los emoticonos que te pongan ya sabes si te vas a comer un colín (perdón, ¡qué antigüedad!) o no. Yo, que pertenezco a la Generación X, no entiendo a estos millenials. Ahora bien, que no los entienda no significa que no considere que tenemos mucha culpa. Luego nos llevamos las manos a la cabeza cuando nos dicen que hoy en día la fuente de información de los chicos y las chicas respecto al sexo es la pornografía, a la que acceden por primera vez a ocho años de media, por ejemplo.

Entre que no somos capaces de hablar de sexo con nuestros hijos y ellos, a través de la pornografía, lo primero que hacen es separar sexo de afectividad, ya cualquier cosa vale. Vale ligar por Tinder, por Meetic, probar Adopta un tío punto com o cualquiera de las aplicaciones que fomentan el flirteo virtual. Vale el sexting, vale contar tu vida a una pantalla hasta que pierdas el oremus y te creas indispensable. ¿Indispensable, para quién? ¿Para un cristal? Lo que ya no vale es mostrar la piel, tocarse o mirar a los ojos, igual eso lo dejamos para la televisión. Con otra pantalla por medio. Queridos míos, queridas mías, la carne es superficie de uso erótico. Las pantallas no.

Rosito en la hoguera

Todos y cada uno de los que se presentan a estos castings, lo hacen con un solo fin: la fama, los 15 minutos de fama de Warhol

Hemos normalizado la falta de compromiso y llamamos pareja a cualquier cosa. Puede que esa falta de educación y de inteligencia emocional sean las culpables de que nos dejemos hipnotizar por estos programas que no aportan nada, que lo único que hacen es normalizar lo anormal. Todos y cada uno de los que se presentan a estos castings, lo hacen con un solo fin: la fama, los 15 minutos de fama de Warhol. No son parejas, son buscadores de fama a cualquier precio. A Estefaniaaaaaa no le fue mal, por eso ellos y ellas van a rebufo de lo que alimentamos desde la pequeña pantalla.

Como dice José Antonio Madina, "educa la tribu, pero para educar bien hace falta una buena tribu". A mí me parece que últimamente más que educar estamos maleducando. Y ahí la programación de televisión tiene su parte de responsabilidad.

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